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Diálogos en Wall Street
Wall Street no pierde el ánimo. Las noticias económicas no lo acompañan. Y Grecia es un albur. Pero el Dow Jones da pelea y retoma el peñón de los 12 mil puntos. ¿Qué cabe esperar? El veterano analista que se identifica bajo el seudónimo de Gordon Gekko se explaya sobre dos temas cruciales: los avatares del consumo en los EE.UU. y de la votación en Atenas.
Gordon Gekko: Lo importante es que el retroceso de las Bolsas no pise todavía el terreno de una «corrección» convencional.
P.: Aún no llegó a ser una merma de dos dígitos.
G.G.: El Dow Jones cayó en siete de las últimas ocho semanas, pero el resbalón más profundo apenas traspasó el andarivel del 8% desde los máximos del rally post-Lehman. Y, como usted dice, la declinación operó bajo la influencia de malas noticias y una incertidumbre espesa sobre la suerte que correrá la deuda griega.
P.: El consumo es un soporte de la recuperación económica en los EE.UU. Pero está haciendo agua. Ya sabíamos que se había replegado en abril y ahora repite en mayo. ¿No es una señal ominosa?
G.G.: Lo sería si fuese una caída uniforme. Pero en la baja opera un sesgo automotor muy fuerte.
P.: ¿Persiste la huella del tsunami de Japón?
G.G.: Tal cual. La mayor parte de la caída del gasto del consumidor en abril se debió al renglón automotor. Y si se excluyera ese capítulo en mayo, el saldo sería una leve expansión. Afortunadamente, la información (preliminar) es que la venta de vehículos repuntó en lo que va de junio.
P.: El gasto en servicios -que nada tiene que ver con Japón y que, además, uno imagina como dotado de escasa elasticidad- se redujo en abril.
G.G.: Sí, pero volvió a crecer en mayo. También el ingreso personal -que se había estancado en abril- aportó un tenue incremento...
P.: Me quiere decir que el comportamiento del consumo luce peor en la superficie que cuando se indaga en las cifras.
G.G.: Correcto. Lo que no puede discutirse es la debilidad. Lo que resta despejar es la duda sobre su carácter transitorio o permanente.
P.: Una Bolsa que se resiste a dar el brazo a torcer apuesta por lo primero.
G.G.: De momento, así es. Aunque ya no lo hace con la fiereza de abril.
P.: También descuenta que el Parlamento griego aprobará el paquete de medidas de austeridad.
G.G.: O, al menos, que ello no hará volcar a Grecia esta semana.
P.: ¿Qué se sabe de la votación?
G.G.: En rigor, no es una, sino dos.
P.: ¿Cuándo se celebrarán?
G.G.: Las votaciones están previstas, una el miércoles, la otra el jueves. El debate parlamentario ya comenzó hoy (por ayer).
P.: La opinión pública está volcada mayoritariamente en contra de las iniciativas de restricción. ¿Podrá el partido de gobierno -el Pasok- conseguir la aprobación? No cuenta con el apoyo de la oposición.
G.G.: Tiene a favor una mayoría de cinco escaños.
P.: Pero se dijo que el propio primer ministro Papandréu no estaba tan seguro, como una semana atrás, de lograr el éxito.
G.G.: La votación del jueves es la más delicada. Allí se tratarán las medidas impositivas específicas y los proyectos puntuales de privatización. Y hay rechazo dentro de la misma bancada oficialista.
P.: ¿Cuán grave es esa oposición interna?
G.G.: ¿Cómo saberlo a distancia? Hoy (por ayer) el flamante ministro de Finanzas sostendrá una reunión con uno de los parlamentarios rebeldes, quien declaró no estar de acuerdo con la inclusión de algunas de las compañías que forman parte del plan de privatización.
P.: ¿Cree que habrá margen para llegar a puerto y no zozobrar en el recinto?
G.G.: La impresión, hoy por hoy, es que se obtendrá el voto del miércoles y que el jueves -cuando se discuta la implementación concreta de las medidas- será la pulseada decisiva. Se piensa que también pasará, aunque quizá por sólo un sufragio de diferencia.
P.: Supongamos que un legislador cambia su opinión a último momento y aborta la operación; Europa necesitará contar con un Plan B. ¿Lo tiene a mano?
G.G.: No se olvide que éste es el Plan B. Y hubo que ir armándolo sobre la marcha.
P.: ¿Cree que no hay otra variante?
G.G.: Siempre creí que la posición de mínima de Europa no dependía de Grecia.
P.: ¿Cómo es eso?
G.G.: Que más allá de lo que decida Grecia, la eurozona tiene la capacidad de determinar el curso de los acontecimientos.
P.: No parece.
G.G.: Porque no ha jugado bien sus cartas. Y se arrincona sola cuando le da la llave de la supuesta solución al Parlamento griego.
P.: Quizá no debió hacerlo. Pero el hecho concreto es que así fue. ¿Cómo podrá ignorar un rechazo si es que éste se produce a la vista de todo el mundo?
G.G.: Será un desastre de relaciones públicas. Otro más. Pero existe margen de maniobra hasta mediados de julio. La eurozona decidirá. Le baja el pulgar y acto seguido fortalece todo el perímetro exterior a Grecia susceptible de contagio. O, en la tesitura del BCE, no permite el default de Grecia bajo ningún concepto. Garantiza su deuda y cambia el eje de la discusión, digamos, de las medidas de austeridad de corto plazo a un programa más estructural que no se agote en 3/5 años.


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