10 de agosto 2011 - 00:00

Diálogos en Wall Street

¿Qué pasó? ¿Cómo se enderezó el rumbo de mercados que estaban listos para caer en picada? Como siempre, la Fed tuvo que salir al cruce. Pero, ¿cuál fue, en concreto, la medida que adoptó? Wall Street tuvo que leer dos veces el comunicado oficial para reaccionar favorablemente. En la entrevista, el periodista indaga a Gordon Gekko, el camuflaje de un veterano fisgón de la realidad de la economía internacional, para entender el súbito viraje y qué lo impulsó.

Periodista: El alivio es evidente. Quién lo gatilló también. La Fed. De palabra. Convengamos que utilizó una herramienta poco convencional y que, por un instante, los inversores no supieron hacia dónde correr.

Gordon Gekko:
Corrieron primero hacia la puerta de salida y sólo después atinaron a cambiar de dirección.

P.: Mejor prueba de desorientación, imposible.

G.G.:
Tal cual.

P.: La Fed promete que las tasas bajas -en el rango actual del 0% al 0,25%- se mantendrán así hasta por lo menos mediados de 2013.

G.G.:
No lo quiero decepcionar, pero formalmente no hay tal promesa.

P.: No lo diga en voz alta.

G.G.:
La Fed considera que probablemente eso será lo que va a ocurrir. En otras palabras, que dadas las condiciones que avizora, mantener las tasas bajas resultará lo apropiado hasta mediados de 2013.

P.: Pregunto yo, por simple curiosidad, ¿por qué esa fecha y no, por ejemplo, fines de 2012?

G.G.:
Usted sabe que en las condiciones brumosas que atravesamos, la visibilidad no es de tan largo alcance.

P.: Por eso mismo pregunto.

G.G.:
Habrá que consultar con un especialista en marketing.

P.: O con un psicólogo.

G.G.:
Como sea, funcionó. La Fed logró lo que buscaba. Leyó bien la psicología de pánico y consiguió vender su calmante.

P.: Sin apelar a ningún relajamiento cuantitativo adicional.

G.G.:
El QE3 no salió a la palestra.

P.: Aunque es una alternativa a disposición.

G.G.:
Está agazapado detrás de la afirmación que sostiene que el Comité de Mercado Abierto de la Fed puede ajustar su cartera de títulos más adelante si lo estima conveniente.

P.: Lo que quiere decir que, de momento, no lo juzga necesario.

G.G.:
No. Se promete sí preservar el tamaño de la tenencia de títulos que dejó como herencia el QE2.

P.: Reinvertirá los pagos de principal a medida que los vaya cobrando.

G.G.:
Eso es. Compare con el comunicado del G-7 del domingo a la noche, que fue grandilocuente y no sirvió a su cometido, y verá que la Fed optó con éxito por una respuesta minimalista.

P.: En vez de prometer billones de dólares de compra de bonos, suministró una aspirina.

G.G.:
Cumplió su función. Alivió el dolor de cabeza.

P.: Nadie piensa que así se cura la enfermedad.

G.G.:
Nadie. Pero ¿cuál es la enfermedad? Lo que estaba en escena era el proyecto de un suicidio en masa. La gente lo pensó dos veces, no lo tuvo claro de movida, pero finalmente decidió que no estaba mal cambiar el programa y salir a pescar oportunidades.

P.: ¿Durará?

G.G.:
Hasta el primer contratiempo más o menos serio. Todo está muy frágil y prendido con alfileres. Bastará un malentendido para encender la hoguera de nuevo. Lo mejor de la Fed es que su reacción fue muy sobria, en las antípodas del pánico. Contrasta la mesura de su iniciativa con la magnitud de la zozobra, y así deja en claro la exageración. Es importante ahora que Europa acompañe y no lo estropee con un desaguisado. Usted necesita alinear a la política monetaria del G-7 en una misma dirección (y hacerlo manifiesto) si quiere afianzar el retorno a la calma.

P.: No fue fácil para Bernanke conseguir que la Fed rubricara la «consideración» de que las tasas bajas permanecerán en pie hasta mediados de 2013.

G.G.:
La votación se resolvió 7 a 3.

P.: No es normal que surjan tres disidencias a la hora de adoptar una decisión.

G.G.:
Hubo tres personas que no querían ni siquiera suministrar la aspirina. No es una mala fotografía. Un duro como Trichet tuvo que cambiar de pose y ablandarse dos meses antes de la jubilación. La Fed conserva la compostura.

P.: ¿Cómo continúa la película?

G.G.:
Las variables reales mandan. La debilidad de la recuperación económica es lo que clavó la espina de la duda, y debería ser lo que refriegue la herida o lo que provea el bálsamo que permita catalogar la experiencia como una escaramuza desagradable pero no mucho más que eso. Todavía estamos en un terreno en el que se puede girar hacia un lado o el otro. Si el pánico tomaba el timón por poco tiempo más no hubiera habido alternativa.

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