8 de diciembre 2011 - 00:00

Diálogos en Wall Street

Del entusiasmo a la desidia -o la decepción- media un trecho cortísimo. Europa no es capaz de zanjar sus diferencias (ni de ocultarlas por mucho tiempo) y así las expectativas de hallar una solución a sus problemas sufren, día a día, enormes altibajos. El plan de Merkel y Sarkozy no encandila a nadie, pero otro puede ser el cantar si el BCE le da un guiño de aprobación. La reunión clave será hoy y los detalles los desbroza Gordon Gekko, el seudónimo de un ajetreado analista internacional.

Periodista: Ya es un clásico de las cumbres europeas. Cuando se arranca con expectativas muy altas luego cuesta mantenerlas.

Gordon Gekko: Si las reuniones duran muchos días, se desinflan a mitad del período.

P.: Es insólito. Se citan declaraciones de un funcionario de Berlín diciendo que no habrá acuerdo.

G.G.: Hasta último minuto no se va a saber que será en concreto lo que se servirá en el plato. Recuerde que en octubre hubo que agregar una segunda cumbre presidencial sobre la marcha y, aún así, el documento final recién se terminó de consensuar al día siguiente a las 4 de la mañana.

P.: Uno diría que se trata de resolver una cuestión imprevisible, que surgió de la nada como si fuera un meteorito caído del cielo. Pero ya llevamos un año y medio lidiando con estos problemas.

G.G.: Le guste o no, es así. Cualquiera sabe que los guisos cuanto menos se revuelven, mejor.

P.: Si se trata de salvar al euro, y a la unidad de Europa, ¿ve posible que se llegue al viernes y los presidentes no arriben a un entendimiento?

G.G.: El verdadero límite es el lunes a primera hora cuando abran los mercados de Asia. Usted puede estirar las negociaciones hasta allí.

P.: Los mercados no contemplan la posibilidad de que se llegue a una situación de atasco. ¿O me equivoco?

G.G.: Los mercados quieren creer. Están jugando a favor.

P.: Las agencias calificadoras son las que patean en contra. En rigor, Standard & Poors.

G.G.: A su manera el resto del mundo también mete presión. EE.UU. no puede permanecer ajeno. Tim Geithner oficia de bueno, quien ya declaró que confía en que Europa saldrá fortalecida de la cumbre. Y, quiérase o no, Standard & Poors es la contraparte, el que hizo el papel de malo.

P.: La amenaza de que podría rebajar las calificaciones de 15 países de la eurozona

-y el momento ultrasensible en que se profirió- carece de antecedentes. Es como si S&P fuera parte interesada de las discusiones. Hizo conocer su postura el día uno de la catarata de reuniones y hoy (por ayer) la ratificó con una advertencia (warning) formal a toda la zona del euro.

G.G.: No es lo usual. Yo diría que tampoco puede ser casual.

P.: Si S&P cumpliera con su reto, el propio fondo de rescate perdería su calificación AAA.

G.G.: Desde ya. Pero es más grave: es como si S&P estuviese conminando a la eurozona a tener listo un plan potable el próximo fin de semana.

P.: Es llamativa la calma con la que responden los mercados. Merkel y Sarkozy prometen una unión fiscal que no aparece, Gran Bretaña se opone a revisar los tratados de integración sin pedir a cambio repatriar potestades cedidas a Bruselas, quizá no haya acuerdo, estamos en la fecha límite de supervivencia del euro (Oli Rehn dixit) y todo como si nada.

G.G.: Lo que propongan Merkel y Sarkozy, lo que sea, no importa qué, es lo que se va a aprobar a último minuto. No se saldrá con las manos vacías...

P.: A nivel de la eurozona.

G.G.: Tal cual. Nadie puede pretender que los que no usan la moneda común deban sumarse. Yo diría que las expectativas son favorables porque están basadas en la mitad del vaso que sí tiene agua. Mañana (por hoy) se juega una baza muy importante. Hay mucho interés por la reunión del banco central. Porque su intervención puede suplir con creces las falencias del plan Merkozy.

P.: Me imagino que la baja de tasas de interés, la segunda consecutiva en la gestión de Mario Draghi, se da por descontada.

G.G.: Así es.

P.: El verdadero interrogante es si el BCE se suma a la iniciativa y le otorga el poder de fuego del que carece.

G.G.: La semana pasada Draghi pidió un «compacto fiscal» como para que el BCE pudiera extremar su injerencia. La duda ahora es: ¿vamos bien rumbeados? ¿Alcanza?

P.: ¿Usted qué cree?

G.G.: Que el BCE puede replicar lo que hizo S&P aunque, por supuesto, se moverá con una mayor sutileza. Mañana (por hoy) no va a estar lista la propuesta Merkozy definitiva. No cabe pronunciarse de manera tajante. Pero ya se deslizaron elementos importantes (la regla de oro del déficit fiscal, su inclusión en los textos constitucionales, las sanciones cuasi automáticas por incumplimiento) y Draghi -así como arrojó pistas muy interesantes la semana pasada- puede dar la señal de que hay un avance.

P.: Bastaría con un guiño del BCE para que los mercados retomen la vertical.

G.G.: Sería el camino más corto para despejar el panorama. Sin dudas.

P.: Si uno mira la recepción que tuvo la oferta de dólares (vía swaps cambiarios) en la licitación que organizó el BCE, queda claro que los bancos europeos tienen gran necesidad de recursos líquidos.

G.G.: Es un fondeo barato, conveniente, y no se pasó por alto. Quizás el descalce de monedas no sea tan significativo ni perentorio como puede parecer. Pienso que se optó por aprovechar la oportunidad para hacerse de dólares abundantes a plazo, por si las moscas.

P.: ¿Cómo lo sabe?

G.G.: La subasta a una semana apenas reunió demandas por 1.600 millones. La de tres meses fue la que concitó el interés. Superó los 58 mil millones.

P.: Como sea, los bancos de la región están bajo fuerte presión. Y si el BCE ayuda a descomprimir las tensiones se hará un favor a sí mismo.

G.G.: Seguro. Pero nobleza obliga, no ha cedido demasiado terreno por esa razón. Asiste a los bancos generosamente y sin chistar. Y en todo este tiempo sólo se le ha caído uno: Dexia.

Dejá tu comentario