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Diálogos en Wall Street
Si hubo una política que les rente jugosos (y rápidos) dividendos a los inversores de riesgo no fue otra que las subastas de pases a tres años (y al 1%) que ejecutó en diciembre, y la semana pasada, el BCE. Pero Angela Merkel ya ha dicho que no habrá una tercera edición. Con Gordon Gekko, el hombre detrás del seudónimo del veterano especialista en Finanzas Internacionales, se analizan las implicancias.
Gordon Gekko: Todavía no. Todavía hay que operar a los acreedores privados de Grecia. Y esta inyección de recursos es la que hará las veces de anestesia.
P.: Pero la subasta ya no pudo reproducir el espaldarazo sobre las cotizaciones de su primera versión.
G.G.: Por razones bastante obvias. Venimos de tres meses en alza potente. El éxito del mecanismo ya se descontó y se cobró por adelantado.
P.: Nadie pide que se repita la magnitud del primer impulso. Lo que le apunto es que la licitación se produjo y los precios de los activos de riesgo no acusaron ningún recibo. Se cortó la cadena de récords en las Bolsas.
G.G.: Las subastas de deuda pública de Italia y España, que era lo que nos quitaba el sueño cuando empezó diciembre, continuaron mostrando progresos. El Gobierno de Mariano Rajoy se bajó del objetivo de llevar el déficit fiscal al 4% este año (como se había comprometido España) y, sin embargo, no hubo ningún trastorno a la hora de colocar nuevos papeles. No está mal.
P.: Unos 525 bancos se presentaron a la primera licitación de pases a tres años al 1%. Ahora fueron 800. Bajo la superficie, entonces, ¿los problemas de fondeo se extienden?
G.G.: Compare las cotizaciones de las acciones de los bancos, notará una rotunda mejoría. Ésa es la mejor contestación. El sistema financiero europeo estaba acorralado en diciembre. No sólo porque la deuda soberana estaba en la picota, su propio acceso a los mercados de capitales se había cerrado y debía atravesar una muralla de vencimientos los primeros tres meses de 2012. No se puede criticar a las subastas del BCE en materia de fondeo. Cumplieron su propósito con amplio margen. Los bancos europeos retomaron con éxito la emisión de sus propios papeles.
P.: ¿Por qué, entonces, son más bancos los que se anotan y no menos?
G.G.: Porque la operación es muy conveniente. Y no hay estigma por participar.
P.: Algún banco alemán de primera línea sugirió lo contrario.
G.G.: La respuesta de Mario Draghi, el titular del BCE, no dejó dudas. Y la mejor prueba es, como usted señaló, el aumento en el número de quienes le sacaron provecho. Hasta los bancos británicos se sumaron a la iniciativa.
P.: Como sea, pareciera que, esta vez, contradiciendo el dicho popular, habrá dos pero no tres. Alemania no quiere que el BCE ensaye una nueva colocación de pases.
G.G.: La premier Merkel, como siempre, fue muy clara.
P.: No le gustan estas innovaciones.
G.G.: Tanto como para meterse abiertamente en la quinta del BCE, una institución que se supone independiente, a instancias -fundamentalmente- de la misma Alemania.
P.: Cada vez que la Fed interrumpió sus experiencias de estímulo monetario no convencional -ocurrió con el primer ensayo de relax cuantitativo y también con el QE2- se padeció después un síndrome de abstinencia. Una parte de lo que los mercados de riesgo habían logrado avanzar se perdió luego. ¿Piensa que se incuba algo parecido?
G.G.: Muy buena pregunta. Por eso mismo yo hubiera preferido que el BCE dejara la puerta entornada para una eventual tercera intervención.
P.: No ha sido posible.
G.G.: Está claro que no. No sólo Merkel disparó contra esa posibilidad. Jens Weidmann, el representante germano en el Consejo Monetario, filtró a la prensa, también la semana pasada, una carta suya muy crítica.
P.: No me parece que Mario Draghi, que ha demostrado dotes de astucia política, quiera enfrentarse a este veto virtual.
G.G.: No lo hará.
P.: Hoy no cuesta nada. Todo marcha viento en popa. Pero si los progresos comienzan a agrietarse...
G.G.: El tema es que el próximo paso europeo es la cirugía a las acreencias privadas de Grecia. No hay otro muro cortafuegos, en los hechos, que toda la liquidez precautoria que ha vertido el BCE y tomado, con mucho tino, los bancos. Entramos en el plano decisivo de la reestructuración: en las próximas dos semanas habrá que precisar los alcances del canje de la deuda y definir la suerte de los que optaron por permanecer al margen.
P.: Lo que podría suponer el primer default de un país «desarrollado» desde los tiempos de la posguerra.
G.G.: La clave es que Europa lo haga sin que haya contagio sobre las deudas de España e Italia. Lo que hubiera sido letal, antes de las subastas del BCE, ahora luce factible. Es, después de todo, lo que está detrás de la imprevista resurrección de la cotización del euro.


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