18 de mayo 2012 - 00:00

Diálogos en Wall Street

La cuenta regresiva comenzó. Las segundas elecciones griegas se celebrarán en un mes. Y la fractura de la eurozona es un resultado posible. Hablamos con nuestro experto en Wall Street -el veterano analista que se resguarda bajo el nombre ficticio de Gordon Gekko- y deshojamos las alternativas que tiene Europa para afrontar el duro examen que le aguarda.

Periodista: El «sell in May» nos pasa su factura. Es increíble, pero qué mejor recomendación puede encontrar usted hoy que vender todo lo que tiene.

Gordon Gekko: Todo lo que tiene riesgo.

P.: Que es casi todo.

G.G.:
Que es buena parte de la cartera, no lo discuto.

P.: ¿Cuánto podrán durar los «desacoples» que uno ve entre activos de riesgo? Wall Street resiste mucho mejor que las Bolsas de Europa, pero también retrocede.

G.G.:
Y si va a haber un chapuzón serio, no tengo dudas de que no escapará al castigo.

P.: Las correlaciones aumentan cuando uno se arrima a una zona crítica. No importan las diferencias de matices. La liquidación -cuando es a mansalva- no reconoce grises.

G.G.:
Es así. Y nos aguarda todo un mes de incertidumbre por delante, en vela por la suerte de Grecia y de la eurozona. Es una garantía de que no habrá descanso.

P.: ¿Qué hay que mirar? ¿Lo que pasa en Grecia? ¿O en España? ¿Cambiará de postura Alemania? ¿Será que pestañea a último momento?

G.G.:
Lo importante sería no depender de Grecia. Se decida lo que se decida en Atenas, que haya una estrategia capaz de superar el trance. En ese sentido, España es clave.

P.: No importa tanto Grecia como la ola expansiva.

G.G.:
Seguro. Si se puede evitar la detonación, tanto mejor. Pero, a esta altura, es tarde para lágrimas. La política griega convencional ha quedado fuera de juego. Según las encuestas, la izquierda radical copará la elección. Y si bien en su mástil no flamea el abandono del euro como bandera, sí es inflexible en renegar de todo lo firmado con la Unión Europea.

P.: En los hechos, lo que la izquierda radical quiere es que la echen del euro.

G.G.:
No quiere cargar con la cruz de la responsabilidad de una decisión que dejará una huella histórica profunda. Explota una ambigüedad que también revela el electorado. El que sí o sí quiere permanecer en el euro, no los votará. Si ellos encabezan las encuestas es porque en el fondo la prioridad no pasa por allí.

P.: Quizás exista el cálculo de que Alemania no querrá correr el riesgo de permitir una explosión en cadena. Nunca se sabe cómo termina una experiencia así.

G.G.:
Todo es posible, aun las hipótesis remotas. Pero si Alemania de veras quiere evitar un estallido, no querrá que sea la izquierda radical griega la que se lleve el mérito. Le digo más, a esta altura no está claro tampoco que el accidente se pueda impedir.

P.: Vale la pena intentarlo.

G.G.:
Estoy de acuerdo.

P.: ¿Habrá que llegar al final del recorrido y tomar la decisión cuando las cartas de la elección ya estén echadas?

G.G.:
Me cuesta ver a Merkel -y a su ministro de Finanzas, Wolfgang Schauble- reculando a último minuto y perdonándole la vida a Alexis Tsipras, el candidato de la izquierda radical. No podrán sobrevivir políticamente a esa concesión, aunque gracias a ella lograsen que el euro sobreviva. Si quieren ejercer influencia, tiene que ser antes, hay que hacerlo durante la campaña.

P.: ¿Se le ocurre cómo? Una promesa de renegociar el programa de salvataje y un guiño a favor de una menor austeridad le darían a la izquierda radical una credencial valiosa ante el electorado. ¿No mostraría que su postura rígida rinde dividendos?

G.G.:
Ese es un problema. Y hay una lista interminable de partidos en los demás países de la eurozona dispuestos a copiar la receta. Yo creo que lo que se firmó con la «troika» (UE, BCE y FMI) no será modificado. Lo que sí puede irrumpir es, en paralelo, un «pacto para el crecimiento». No sería sólo para Grecia, sino un complemento de la estrategia general de la eurozona para lidiar con la crisis.

P.: Un poco lo que planteó Mario Draghi, el titular del BCE. Ya tenemos un «pacto fiscal», dijo, ahora lo que hay que consensuar es el «pacto del crecimiento». Es la pata que falta.

G.G.:
Sería una manera elegante de llevar agua para los partidos «pro rescate».

P.: ¿Se hará?

G.G.:
Uno de los problemas que tiene Europa es que todavía nos debe las soluciones que debió haber pergeñado ayer.

P.: Los tiempos son muy exigentes. No hay espacio para demoras. La fecha de la elección no admite corrimiento.

G.G.:
Usted no tiene que elaborar un plan al mínimo detalle. Tiene que entornar la puerta, mostrar un esbozo y permitir que sea un argumento potable para no quitar los pies del plato.

P.: Europa, sin embargo, debería prepararse para afrontar cualquier decisión que tome la población en Grecia. Usted decía que, en ese sentido, España es una pieza vital. Lo que uno ve allí no es muy alentador.

G.G.:
Si Bankia genera esta zozobra antes que Grecia mueva un pelo, imagínese lo que puede ser el huracán. Hay que sellar España e Italia. Y obturar cualquier grieta que pueda producir el estallido. Hoy España hace agua por varios frentes. Y uno ve mayores preparativos en EE.UU. -o en Gran Bretaña- que en la eurozona. Está claro que los compromisos que hay que tomar no son del agrado de Alemania, pero habrá que asumirlos. Y tiene más sentido protegerse ahora que esperar que ocurra la explosión para recién entonces ocuparse.

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