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Diálogos en Wall Street
Los mercados rebotan y dan pelea pero nadie siente que se trate de una mejoría duradera. Para Gordon Gekko, nuestro hombre en Wall Street (con identidad reservada), España -después de Bankia- atraviesa el momento más duro desde que comenzó la crisis. A continuación los detalles de la entrevista.
Gordon Gekko: Sube Wall Street. Las Bolsas de Europa, otro tanto. Cerraron todas en alza. Con la excepción, claro está, de España.
P.: No sé si Europa cerraba así con las noticias que se conocieron más tarde. Acepto que los mercados repuntan, pero enfatizo que no se percibe una sensación comparable de alivio.
G.G.: La suba es tenue. No deja de ser un movimiento precario. Contra tendencia. Es natural pensar que no se sostendrá. Lo cual, generalmente, obra a favor de su continuidad.
P.: Pienso que lo que se instaló es una desconfianza bastante firme. No se va a esfumar sólo porque las cotizaciones eleven la puntería.
G.G.: La agenda se complicó. Y no va a ser fácil desenredarla.
P.: Fíjese que hay buenas noticias de Grecia.
G.G.: Dentro de lo que cabe esperar, las mejores posibles.
P.: Crece el respaldo a los partidos pro rescate.
G.G.: Así parecen indicarlo las últimas encuestas. Pero no se sabrá a ciencia cierta hasta concurrir a las urnas.
P.: Por lo menos se advierte una inquietud en la población. Un replanteo. La izquierda radical -Syriza- parecía una fuerza irresistible ya desde antes de la primera elección.
G.G.: Si los comicios son un referendo sobre el ajuste, ganará Syriza. Si el electorado los entiende como una compulsa sobre la permanencia en el euro, aumentan las chances de una alianza política que no vaya al choque frontal con Europa. Es lo mejor que puede pasar: que haya un interlocutor con quien hablar en Atenas. La cuestión de fondo -digamos, el mantenimiento del programa actual de ajuste- creo que ya está liquidada. Sí o sí, habrá que modificar la partitura.
P.: Pero Europa puede manejar mejor esa situación. Le permite salvar la ropa. Administrar los tiempos. Un portazo en la cara -el desplante que postula la izquierda radical- no deja alternativas de negociación.
G.G.: En un todo de acuerdo.
P.: Usted decía que la agenda se complicó. Por un lado se descomprime Grecia.
G.G.: También China hace un aporte oportuno. Siempre es bueno escuchar hablar de estímulo cuando el mundo trastabilla. Aunque Pekín de ninguna manera vaya a repetir la magnitud del paquete de 2008/2009.
P.: Se tapan los pies y se descubre la cabeza. Se calma Grecia, China nos hace un gesto constructivo, pero se convulsiona España. El panorama no termina de despejarse.
G.G.: Los problemas no se resuelven tampoco. Ni en Grecia ni en China ni en España. Es así. Esta es la realidad con la que hay que lidiar. Requiere paciencia.
P.: España se ha complicado mucho.
G.G.: Sí. Atraviesa el peor momento desde que comenzó la crisis. Aunque todavía la deuda cotice mejor que a principios de diciembre del año pasado.
P.: Que antes de los pases del BCE...
G.G.: Tal cual. Bankia es una granada que no se pudo manejar. Estalló en la mano. España ahora tiene que luchar abiertamente en dos frentes a la vez.
P.: Le Monde dice hoy (por ayer) que el presidente español, Mariano Rajoy, debe guardarse el orgullo y aceptar un rescate europeo antes de que sea demasiado tarde, lo tenga que pedir igual y haya que procesarlo de urgencia... ¿es así?
G.G.: Eso dice.
P.: ¿Pero piensa que eso debería hacer Rajoy?
G.G.: Pienso que no. Que no le conviene ni a Rajoy ni a España. Le Monde debe imaginar que sí le resultará útil a Francia.
P.: Quiere que España se sacrifique por Francia.
G.G.: Probablemente. Pero la ficha de España caería sobre ltalia. En el acto. E Italia derribaría a Francia.
P.: Ya no hablamos de peces pequeños. ¿No sería una situación terminal, de «game over»?
G.G.: Hay que cortar el dominó. El rescate, como está diseñado, no lo garantiza. Tiene razón Rajoy en resistir el rescate como quien huye de su peor enemigo.
P.: Como se resistieron antes Irlanda y Portugal. Tampoco se sabe hasta dónde podrá mantenerse al margen.
G.G.: Pienso que España no podrá -después de Bankia- frenar la inercia por sí sola. Necesita involucrar a Europa. Pero no en otro programa individual de salvataje que lo único que haría sería cortar lo que todavía España conserva.
P.: El acceso a los mercados de capitales.
G.G.: Mal que mal, es así.
P.: No sé por cuánto tiempo más.
G.G.: Rajoy entiende bien el sentido de la urgencia. Lo señaló en Bruselas, la semana pasada, cuando dijo que se pueden hacer todas las reformas y los sacrificios que se quieran, pero de nada servirán si no se logra sostener las deudas públicas.
P.: Y eso fue antes de reconocer el boquete que había en Bankia.
G.G.: Supongo que él estaría en autos.
P.: Pidió medidas que se pudieran aplicar en 24 horas en vez de debates de futuros.
G.G.: Eso lo confirma.
P.: ¿Piensa que se lo escuchará?
G.G.: ¿Qué plan B puede funcionar en Europa para cubrirse de Grecia si España se hunde antes de la primera embestida?
P.: Ninguno.
G.G.: Y eso es lo que está pasando. Bankia es una fisura bajo la línea de flotación. Revelada en mal momento. Y el problema de los quebrantos inmobiliarios es más grande que Bankia. Lo razonable es sellar esa brecha. Por el bien de España. Pero también de la eurozona. Mientras se discute quién lo paga, la rajadura aumentará. Pero en algún punto habrá que poner manos a la obra.


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