1 de junio 2012 - 00:00

Diálogos en Wall Street

Terminó mayo y es la mejor noticia disponible. Con el economista que utiliza la máscara de Gordon Gekko se desmenuza lo que nos aguarda en un junio que como se pinta la coyuntura en Europa, no promete ser menos problemático.

Periodista: ¿Qué puede decirse de mayo que no se haya dicho antes? El lema del «sell in May» -la recomendación de vender y tomar distancia de la Bolsa- se confirmó como es tradición.

Gordon Gekko: Es cosa de no creer. Pero funciona.

P.: Lo que funcionó fue la versión más cruda del «sell in May». La variante refinada -aquella que postula que el consejo vendedor no rige cuando se trata de un año electoral- ensartó, esta vez, a sus puntillosos seguidores.

G.G.: Yo diría que sí. A menos que las elecciones presidenciales en EE.UU. se corran a último minuto para el año próximo.

P.: No haga bromas. Eso no va a suceder.

G.G.: Entonces le diría que es la segunda elección consecutiva en la que la predicción refinada no consigue dar en el blanco.

P.: No lo tenía presente.

G.G.: ¿Cómo olvidarse? Fue en 2008. Con Lehman Brothers no tuvo ninguna chance. No había forma de levantar vuelo. Tampoco funcionó, le recuerdo, ninguna de las pócimas alcistas habituales de Navidad ni el efecto enero.

P.: La mejor noticia es que mayo terminó. A propósito, ¿qué dicen los astros del mes de junio?

G.G.: Trate de no aficionarse a estas cábalas del almanaque. No piense que la llave de los mercados reside en aprender de memoria el santoral.

P.: Pregunto sólo por curiosidad.

G.G.: La costumbre de junio es terminar un pequeño escalón por debajo de mayo.

P.: Nada muy alentador.

G.G.: Tampoco es una ley de hierro. Y la caída de mayo fue muy potente. Quizá no nos cobren ese peldaño. Se podría alegar que está pago por adelantado.

P.: No hace falta acudir al esoterismo para desconfiar de estos mercados traicioneros. Europa ya se ocupó de instalar un monstruo de carne y hueso en el salón. O, más bien, dos. Asusta Grecia. Y también España. Es demasiado para pensar que no habrá más sacudones.

G.G.: No lo discuto. Tiene razón.

P.: Es arduo pensar que se saldrá indemne.

G.G.: A Europa le lleva tiempo tomar decisiones. Y lo que hay que resolver no es fácil.

P.: ¿Estará a la altura de los desafíos?

G.G.: Hoy no lo está. Corre a la zaga. Y lo que hay que afrontar constituye un tema tabú. Nadie puede sorprenderse de los temas en danza

-el hastío de la población en Grecia, la basura tóxica bajo la alfombra de la banca en España; en definitiva, el fracaso del enfoque de política que siguió la eurozona-, pero, aun así, no hubo voluntad de anticiparse y dar un giro

de timón. Los que quieren, no pueden. Y los que pueden, no quieren.

P.: Es un pronóstico sombrío.

G.G.: Voy a lo que usted decía. Es difícil pensar que se va a poder atravesar esta coyuntura tan adversa y salir indemne. Sin tumulto, no habrá decisión de actuar. Lamentablemente, Europa necesita que la sacudan para poder avanzar. ¿Cuándo lanzó el BCE los pases de liquidez a tres años? Cuando los bancos y las tesorerías estaban al borde del abismo. ¿Podía haberlo hecho antes? Claro que se podía.

P.: Y el mundo se hubiera ahorrado un susto tremendo.

G.G.: Lógico. Pero no se confunda. El BCE no quería hacerlo. Y nunca los hubiera ejecutado si no se quebraba la calma. La dinámica actual es de la misma naturaleza. Grecia marca límites. Va a obligar a revisar la estrategia del ajuste. De hecho, ya se le concedió a España un año más para cumplir con la meta del déficit fiscal del 3%...

P.: Tres meses atrás, con esa señal, España volaba. Removía la duda más molesta. Ahora sirve de poco. España se hunde igual.

G.G.: No le pida peras al olmo. Europa no le va a resolver todos los interrogantes en un fin de semana. No es así. Entre otras cosas, porque Alemania -que es la que manda- no va a renegar del enfoque de combinar la zanahoria con el garrote de la reforma. Puede retacear la zanahoria, pero no va a ceder con el garrote. Y la crisis, quiérase o no, cumple la función de mantener viva la presión.

P.: Pero si Grecia da el portazo, el garrote no servirá de mucho.

G.G.: Es un juego iterativo. Por eso ahora habrá más zanahoria. Lo mismo en el plano bancario. Con Bankia en el horno, qué hacer con la capitalización de la banca europea dejó de ser un mero ejercicio teórico en el papel. Hay que tomar cartas en el asunto. Ya.

P.: Sin garantías de que se llegue a tiempo. Ni en Grecia ni en España.

G.G.: Habrá destrozos. No lo dude. Pero se puede llegar a tiempo a ambos destinos. Tampoco descrea de ello. De Europa depende, todavía. Mire los temas que afloraron esta semana: recapitalización directa de la banca a través del muro cortafuego, extensión del cronograma de ajuste en España, la necesidad de proceder ya a una unión bancaria, a una integración financiera, incluyendo la supervisión financiera unificada y un sistema de garantía de los depósitos bancarios para toda Europa. Y no son Hollande ni Tsipras quienes lo piden. Es Mario Draghi en nombre del BCE, es la Comisión Europea, el Consejo y el sentido común frente a la situación de emergencia.

P.: Pero ninguno de estos temas se resolverá en los tiempos que dicta la urgencia.

G.G.: Por eso habrá destrozos. Más de los necesarios. Y conste que todavía no llegamos a esa sensación atroz en el estómago que, desde 2010, Europa siempre nos provoca una o dos veces al año. Pero no se está en ascuas como antes. En el menú que se discute están las soluciones para atajar la crisis. Le agregaría, con referencia a Grecia, la posibilidad de una refinanciación a largo plazo y con su permanencia en la zona del euro. Esto último no se puede hablar ahora porque hay que esperar a conocer el nombre del interlocutor. Y eso depende de las elecciones del 17.

P.: En el fondo, no es tan pesimista.

G.G.: Yo creo que el camino que nos espera va a ser muy duro. Pero, a pesar de su apariencia, no es para nada un callejón sin salida. Ahora bien, el destino no está escrito en piedra. La política europea debe tomar para el lado de la salida y no bloquear el escape.

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