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Diálogos en Wall Street
Hablamos de huracanes con Gordon Gekko, de los reales y de los que se gestan con los malos balances. Hay también dos economías en una: las estadísticas siembran una voz de aliento, pero hay que devolverles la fe a las empresas para que vuelvan a invertir. Despejar la acechanza del precipicio fiscal será crucial después de las elecciones del martes próximo.
Gordon Gekko: El huracán de los malos balances, dólar por dólar, causó mucho más daño en las cotizaciones. Cambiar de tema fue provechoso.
P.: Lo bueno de Sandy es que se llevó también el auge de la temporada contable.
G.G.: La economía contada por las empresas es una sombra de la que muestran los indicadores. Y ahora es el turno de estos últimos.
P.: Parecen mundos distintos.
G.G.: Cuando sabemos que la economía es una sola.
P.: ¿A quién prestarle atención?
G.G.: El consumidor estadounidense, según The Conference Board, tiene la confianza en el nivel más elevado desde febrero de 2008, un mes antes que tropezara Bearn Stearns.
P.: Y a la par las compañías se quejan porque la demanda que enfrentan no tiene fuerzas.
G.G.: No es culpa del consumo.
P.: Es la inversión.
G.G.: Es la variable que ellos mismos controlan.
P.: El problema está en las empresas.
G.G.: El problema está en sus manos: son ellos los que frenaron el gasto de capital. Allí está la debilidad.
P.: En esta época del año, el ánimo de los consumidores es la variable vital.
G.G.: A medida que se acercan las fiestas, qué duda cabe.
P.: ¿Podrá compensar el consumo lo que retacea el parate de la inversión?
G.G.: Seguro. Y el gasto en construcción está en ascenso. Es la inversión no residencial la que entró en un bache. Es sólo una sexta parte del consumo.
P.: ¿Cuál es el motivo? ¿La inminencia de las urnas? Las empresas preferirían que gane el candidato republicano, Mitt Romney, ¿o no?
G.G.: Sí. Wall Street, también. Romney no deja de ser un empresario y habla un lenguaje más amistoso. Menos impuestos, menos regulaciones, marcha atrás con la reforma de salud, con la reforma financiera de la Ley Dodd-Frank y asuntos parecidos.
P.: Y más gasto militar.
G.G.: Correcto. Pero no promete un estímulo fiscal: dice que recortará el gasto público total. O sea, a varios les va a apretar mucho más el zapato. También dice que acusará a China, «desde el primer día», de manipular su moneda. Quienes se abastecen allí -digamos Apple o Walmart- no festejan la idea. Romney ya anticipó que no le renovará el mandato a Ben Bernanke al frente de la Fed y que es reacio al QE3. Ese es otro potencial dolor de cabeza.
P.: Hay que tener cuidado con lo que se desea. Un triunfo de Romney podría ser más traumático que la continuidad de Obama.
G.G.: No lo dude. Chequee la correlación entre la evolución de sus probabilidades de victoria (según los mercados de apuestas) y las cotizaciones de Wall Street y verá que son caminos opuestos. Ahora bien, pensar que el resultado incierto de la elección es lo que llevó a pisar el freno de la inversión luce demasiado forzado. En todo caso, si ésa es la razón, veremos una recuperación pronta. Obama podrá no ser una alternativa excitante, pero tampoco supone un shock ni una novedad. ¿Por qué tendrían las compañías que reconsiderar sus planes de negocios?
P.: Por la cercanía del precipicio fiscal.
G.G.: Eso tiene más entidad. Todo el mundo piensa que es la razón primordial.
P.: La elección no corregirá el problema. Gane quien gane, nadie controlará las dos cámaras del Congreso ni recibirá un espaldarazo muy contundente del voto popular. Persistirá una situación de empate.
G.G.: Correcto. Y tampoco el QE3, en este caso, es un remedio eficaz.
P.: Lo que hace falta es que después de los comicios, los dos partidos mayoritarios den una señal de que están dispuestos a cooperar. Como hicieron cuando asomó el huracán Sandy.
G.G.: Creo que la desaceleración brusca de los planes de inversión -y su correlato esperable, el freno a la contratación- están pidiendo una hoja de ruta fiscal más sensata. Hay que entender que no se puede negociar antes de la elección, que los políticos necesitan revalidar credenciales. La clave es que se abra el diálogo después. Se sabe que finalmente habrá un acuerdo (porque saltar al vacío es un suicidio).


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