17 de diciembre 2012 - 00:00

Diálogos en Wall Street

Todo sobre el abismo fiscal (incluyendo que no se trata, en rigor, de un abismo). Conversamos con nuestro experto en mercados internacionales para conocer el estado actual de una negociación que, quiérase o no, mantiene como rehenes a los inversores del mundo.

Periodista: ¿Cayó la ficha? Los días pasan y la fruta sigue sin vender.

Gordon Gekko: Acuérdese que es el juego de la gallina.

P.: ¿Hasta dónde se tensará la cuerda de la negociación?

G.G.:
Ninguno de los dos partidos quiere subirle los impuestos al grueso (el 98%) de la población. Sobre esa base se podría haber logrado un acuerdo bastante rápido.

P.: No ha sido el caso.

G.G.:
Obama decidió que no lo fuera. Prefirió ir al choque con una posición de máxima que atraganta a la oposición. Aceptar una elevación de las alícuotas marginales es casi un acto de traición para los republicanos. No va a suceder por medios pacíficos. Obama tiene que ponerlos entre la espada y la pared.

P.: Pero no ganará mucho si John Boehner (el líder republicano de la negociación) y sus muchachos eligen arrastrarnos al abismo.

G.G.:
Por eso mismo, la política es un arte.

P.: Usted habló del «instinto asesino» de Obama. Le sirvió para liquidar a Osama bin Laden y cosechar popularidad. Después de todo, en esa lucha, Obama siempre estuvo a salvo. Pero aquí debe poner el cuerpo. ¿Podrá liquidar la tozudez republicana en materia de impuestos y no sucumbir en el intento?

G.G.:
Esa es la pregunta del millón. Por suerte tiene una respuesta de un níquel. Si no puede, como no pudo en 2010 y 2011, él podrá permanecer del lado de los «buenos». Finalmente, sí o sí, habrá un arreglo. Y la parte desagradable del mismo (por ejemplo, no subirles el impuesto a los ricos y los recortes de gasto) será responsabilidad de los republicanos. Pero el «instinto asesino» de Obama le dice otra cosa. Le señala que es el momento de propinar la estocada a fondo.

P.: El presidente habló de su deseo de llegar a un acuerdo pacífico antes de la Navidad. Así no va a ser posible.

G.G.:
Mire, la propuesta que bajó Obama, aun con la reciente concesión de pedir 200 mil millones de dólares menos de aumento de impuestos, no está hecha para abrochar una solución rápida.

P.: El abismo fiscal no es, en realidad, un abismo. No es un acantilado.

G.G.:
No. La frase la acuñó Ben Bernanke pero, fuera de contexto, no debe tomarla al pie de la letra. Visto desde el día a día, el recorte fiscal «automático» es más bien un plano inclinado.

P.: No enfrentamos una pendiente abrupta. El ajuste no se gatilla, todo a la vez, el 2 de enero.

G.G.:
No. Si me pregunta en qué piensa Obama cuando aprieta, yo le diría que un arreglo en las primeras semanas de enero debe ser su objetivo in pectore.

P.: Juega con fuego, porque sabe que el fuego no quema si se apaga en las primeras semanas de enero. Digamos que tiene a los bomberos de la Fed de su lado anunciando liquidez a discreción a través del QE3 recargado.

G.G.:
No se equivoque. El fuego quema siempre. No existe un acantilado fiscal propiamente dicho, pero la Bolsa puede crear un abismo como Dios manda, de buenas a primeras, sin necesidad de preaviso. Esta es una negociación a tres bandas (aunque debiera ser a cuatro). Obama, los republicanos, el mercado. Todos participan. Todos pueden hacer escuchar su voz.

P.: ¿Quién tendría que ser el cuarto protagonista?

G.G.:
Los que quedan afuera no debieran ser de palo. Ya dijimos que los empresarios frenaron sus decisiones de inversión. Las encuestas de confianza revelan heridos en todas partes: los consumidores, los pequeños empresarios, la misma población. Todos están intranquilos y temerosos. Y, justamente, lo que se necesita es lo contrario. De poco sirve la liquidez que inyecte la Fed si los empresarios no invierten ni contratan trabajadores, y la acumulan bajo llave.

P.: La economía precisa también una resolución rápida.

G.G.:
Todos pueden esperar un poco más si el premio es un arreglo sensato. Lo que la economía seguro no necesita es imponerle un ajuste fiscal violento. Y evitarlo no es mucho pedir.

Dejá tu comentario