19 de diciembre 2012 - 00:00

Diálogos en Wall Street

Los mercados se relamen con las noticias del frente fiscal. Se pasó de declarar que no había progresos a reconocer la cercanía de un acuerdo. ¿Qué toca ahora? ¿Quizás una decepción? ¿O el momento de facturar una suba franca? Como siempre, sigue la conversación con nuestro hombre en Wall Street.

Periodista: Cuando se levante la barrera que supone la discusión del «precipicio fiscal», todo sugiere que los mercados estarán listos para alzar vuelo.

Gordon Gekko:
Es como una olla a presión. Los activos de riesgo burbujean. Pero hay que correrles la tapa.

P.: Decía John Boehner, el hombre fuerte de los republicanos en la negociación, que no había avances. Que la Casa Blanca perdía el tiempo. Ahora, sin embargo, mudó de discurso. Reconoce que no se forjó un acuerdo, pero no se está tan lejos.

G.G.:
La masacre de Connecticut aflojó las posturas recalcitrantes. No es buen momento para exhibir intolerancia. La política quedó en «offside». Después de Columbine (que ocurrió, le recuerdo, allá por 1999), hay un «abismo de las armas» que mata de verdad. En consecuencia, quizás con las barbas en remojo por la culpa, se retomó el diálogo, y hay voluntad -de ambas partes- de que se sepa.

P.: ¿Cuán cerca podemos estar de un acuerdo que permita respirar más aliviado?

G.G.:
Quizás a un par de concesiones de distancia. Úselo a Boehner como indicador. Ya sabemos que aceptaría una suba de impuestos para aquellos que ganan más de un millón de dólares al año.

P.: Ya no defiende una negativa a ultranza.

G.G.:
No. Y, Obama, por su parte, ofrece subir el techo a partir del cual aplicar el aumento. De 250 mil dólares de ingresos al año a 400 mil.

P.: ¿Avanzamos mucho, o son pasos todavía insuficientes, muy cortos?

G.G.:
Creo que Obama consiguió lo fundamental. Ya no discutimos principios inamovibles, verdades absolutas, sino números. Los republicanos no aceptaban un aumento de impuestos. Punto. Bajo ninguna condición. Ahora, sí. Un dogma no se puede negociar; unas cifras expresadas en dólares, sí.

P.: Si se resuelve qué se hace con aquellos cuyos ingresos caen en la franja entre los 400 mil dólares y un millón, ¿es violín en bolsa y asunto arreglado?

G.G.:
No tan pronto. Ésa es la punta del iceberg. La parte visible. ¿Al final, qué va a pasar? Partirán la diferencia. Pero la definición deberá esperar. Hay otros temas más abstrusos, que no están en la vidriera, pero que importa resolver. Obama no querrá lidiar de nuevo, a fines de febrero o en marzo, con el «techo» de la deuda pública. Hoy que tiene la mejor empuñadura de la negociación, buscará abrochar una solución que le otorgue una muy larga provisión de oxígeno. ¿Qué hacer con los impuestos a los dividendos o a las ganancias de capital? También hay que laudar allí.

P.: Se puede complicar.

G.G.:
Mírelo a Boehner. El líder republicano reconoce que se está a tiro de un arreglo, pero, a la par, difundió un plan B, por si las conversaciones se frustran y hay que seguir discutiendo en enero.

P.: ¿No hay manera de apurar una decisión?

G.G.:
Con los mercados en alza contenida, como el potro que cuesta mantener en la gatera, es difícil.

P.: Hay quienes dicen que la recesión sobrevendrá igual, no importa cuál sea el arreglo fiscal. Que ya es demasiado tarde para reaccionar.

G.G.:
No lo veo así. La economía se partió en dos en el tercer trimestre por culpa de la incertidumbre. La inversión no residencial se frenó. Y necesita despejar los interrogantes fiscales. En cambio, el consumo y la inversión residencial, la parte del león, responden bien. El impacto del huracán Sandy se absorbió sin mella. Las cifras de producción industrial son alentadoras. Y el informe PMI Markit es todavía más rotundo. La Bolsa compra esa mejoría.

P.: ¿Cómo lo nota?

G.G.:
Acuérdese de la pulseada entre el Dow Jones Industrial y su similar de Transportes. Cuando el crecimiento estuvo en la picota, el DJ de Transportes no convalidó ninguna suba. De hecho, sus máximos datan de 2011. En septiembre, por caso, su caída se anticipó a la del Dow Industrial. Pero lo que ahora marca es todo lo contrario. La suba de Transportes lidera el avance con nitidez, pese a la incertidumbre fiscal.

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