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Diálogos en Wall Street
¿Hora de volver a tomar la bayoneta y a ganar posiciones? Wall Street lo entiende así. Lo que no mata fortalece. Y más si Bernanke, en persona, aclara los malentendidos. Conversamos con Gordon Gekko, nuestro hombre en la trinchera, quien acertó con la falsa alarma por las minutas y ahora vaticina la intención de quebrar los máximos de 2007.
Gordon Gekko: Estoy escuchando a Ben Bernanke, el titular de la Fed, en su testimonio ante la Cámara de Diputados. Más habla Bernanke, más suben las acciones.
P.: El Dow Jones rebasó los 14 mil puntos sin titubear, como quien cruza el patio de su casa.
G.G.: Es el milagro de la fe.
P.: ¿Cómo entender el juego del banco central? Las minutas siembran la duda sobre la marcha del QE3 y, después viene Ben Bernanke y le extiende la alfombra roja. ¿Aquí no pasó nada?
G.G.: El QE3 se preserva intacto, con su artillería a pleno. En público, Bernanke nunca había hecho conocer un balance tan meticuloso de sus efectos. Así queda claro por qué lo apoya con entusiasmo.
P.: ¿Las minutas no valen nada?
G.G.: No cambian la decisión final. Creo que su rol en la estrategia de comunicación de la Fed pasa por recordarles a los mercados que el QE3 no está hecho para servirlo a ellos, que es condicional al comportamiento de una gran cantidad de variables, y que, en algún momento, su potencia no se mantendrá, va a ser rebajada.
P.: Como sea, la Fed no puede ponerle paños fríos al fervor de los inversores.
G.G.: Son tres los shocks en acción que no logran torcer su obstinación. Las minutas, el voto de los italianos y el "sequester" (la poda automática) del gasto público. Es una seguidilla de golpes que Wall Street asimiló sin despei-narse.
P.: Las minutas tuvieron su propio antídoto, el testimonio claro de Bernanke en el Congreso. Quizás la reducción automática del gasto encuentre también una solución en el último instante...
G.G.: Parece muy difícil.
P.: También lo parecía a fin de año, cuando nos asomamos al "abismo fiscal"...
G.G.: No me lo diga a mí. Ahí apostamos por un acuerdo aun cuando el tiempo formal ya se había agotado. Esta situación es distinta. No hay, en rigor, un "abismo del gasto". Es más bien una pendiente gradual de recortes, y en lo que resta de 2013, al no ser demasiado empinada, no provoca la misma urgencia por negociar un arreglo más sensato. A lo sumo, la economía se esguinzará un tobillo. La Bolsa no está preocupada. Si trepa como si el problema no existiera, tampoco ejerce presión. Creo que igual va a haber un acuerdo, pero será a caballo de las molestias -e incoherencias grotescas- propias de una poda hecha al voleo. Será a posteriori, una vez que los inconvenientes salten a la vista.
P.: Lo que parece no tener arreglo a mano es el resultado de las elecciones italianas. Y, sin embargo, tampoco importa. Europa corrigió, agachó la cabeza; Wall Street lo digirió con gran aplomo. Y avanza de nuevo.
G.G.: La pregunta de rigor, hoy, es muy sencilla: ¿significa que hay que volver a cotizar la crisis europea? La respuesta es contundente, no.
P.: ¿Es contundente?
G.G.: Después de ver la subasta de deuda italiana de hoy (por ayer), sí. El soberano emitió obligaciones por 6.500 millones de euros, todo el volumen que necesitaba, y por los papeles a diez años debió pagar una tasa anual del 4,83% en vez de la anterior del 4,17%. Un aumento de 66 puntos base no le quitará el sueño a Wall Street. El infierno, recuerde, comienza cuando se merodea el 7%...
P.: ¿No es una visión muy de corto plazo?
G.G.: Así es. Se sabe que nos compramos un gran problema. La estrategia europea para salir de la crisis no sólo no funciona, sino que colisiona con la democracia. Menudo dilema. Ya pasará la factura.
P.: ¿Qué nos espera los próximos días? Mañana se gatilla el "sequester". ¿Será que allí recién nos cae la ficha y reaparecen los temores?
G.G.: Febrero era el mes defensivo, el momento para probar el terreno que pisamos, darse un respiro y cargar agua en la cantimplora. Lo que los mercados tienen metidos entre ceja y ceja son los máximos de 2007. Estando tan a tiro, sabiendo que el QE3 les cuida las espaldas, es ley de vida ir por más. Sinceramente, lo que hay que esperar es una arremetida a fondo para conquistar por fin ese ansiado desafío.


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