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Diálogos en Wall Street
¿Pasó el chubasco? La paz está atada a la calma chicha de la tasa de largo plazo. Y mientras no se empine mucho más allá del 2,50%, permanecerá vigente. Le preguntamos a nuestro experto, oculto bajo el seudónimo de Gordon Gekko, por los avatares que espera de bonos y acciones.
Gordon Gekko: Todo el mundo piensa que sí, pero, por si acaso, nadie deja de mirar la tasa larga.
P.: La convicción depende de que la tasa de diez años no se dispare otra vez muy por encima del 2,50%.
G.G.: Correcto.
P.: La Fed -a través de un desfile incesante de sus funcionarios de primera línea- juró y perjuró que el mercado se equivoca cuando descuenta un aumento abrupto de las tasas de interés. Pero, aun así, se desconfía...
G.G.: Las tasas cortas no se van a tocar. Perfecto. Las determina la Fed y hay muy poco espacio para ensayar un arbitraje en contra. Las tasas largas pertenecen a otra esfera. La Fed influye, por supuesto, pero no es el único jugador que talla.
P.: Pero la Fed dice que seguirá comprando los mismos 85 mil millones de dólares en bonos que antes.
G.G.: Aun así, las tasas largas llegaron a trepar, de los niveles mínimos de mayo a los máximos, un punto completo. Las ventas fueron más violentas que las adquisiciones regulares de la Fed.
P.: Vendieron los privados...
G.G.: Y los bancos centrales extranjeros.
P.: ¿También?
G.G.: Las tenencias que mantienen en custodia en la Fed cayeron, la última semana, más de 32 mil millones de dólares. El récord de liquidaciones era de 24 mil millones, y databa de agosto de 2007.
P.: ¿Sabrán algo de la Fed que nosotros no?
G.G.: No. Y no hace falta pensar en ningún complot. Más de un banco central en los países emergentes habrá tenido que intervenir para estabilizar sus propias plazas cambiarias echando mano a sus posiciones en la Fed.
P.: Me imagino que serán carteras de instrumentos de corto plazo. No bonos largos.
G.G.: Es muy probable. Pero las ventas barrieron toda la extensión de la curva de plazos. Según una firma que compila estas cifras, los fondos comunes de bonos en los EE.UU. tuvieron salidas de más de 70 mil millones de dólares a lo largo de junio. Y los fondos ETF de bonos, más de 9 mil millones.
P.: Se trata de un episodio excepcional. Y, sin embargo, no es un número muy distinto de lo que compra la Fed todos los meses. No debería ser tan grave si las palabras de la Fed fueran creíbles...
G.G.: Estoy de acuerdo. En los últimos seis años 1,26 billón de dólares se canalizó hacia los fondos comunes de bonos en los EE.UU. El problema no es el drenaje de junio, sino lo que podría derramarse. Por eso la Fed se apuró en tranquilizar las aguas.
P.: ¿Qué nos deja el episodio como legado? ¿No hay un antes y un después? Será difícil reparar el daño hecho a los bonos. Y, en cambio, la impresión reinante es que las acciones pasaron airosas el examen.
G.G.: Es así. El momentum de los bonos quedó destrozado. La Fed golpeó duro allí. Y lo hizo ex profeso. Pero cuando sus funcionarios dicen que los mercados exageraron en su reacción, nos señalan que el castigo a los bonos se pasó de la raya. Y es fácil compartir la idea. La inflación está bajo control y muy por debajo de la meta de la Fed. Las expectativas, también. El dólar amaga trepar (aunque amaga mucho y concreta poco). Y el oro y las materias primas marchan cuesta abajo. Todo ello debiera ser música para los bonos.
P.: No son las señales, tampoco, de una economía muy robusta. Pero igual a los inversores no les gustan los bonos y, cada vez más, miran con agrado a las acciones.
G.G.: Como la Fed promete una economía más sólida, no hay intenciones de discutir. Y como los bonos se desmoronaron, y las acciones aguantaron el chubasco muchísimo mejor, las preferencias se movieron en esa dirección. No hay duda de que navegamos un mercado bull, alcista, en acciones. Nada nuevo. Ocurre desde 2009. No lo descubramos ahora. Por eso pienso que la oportunidad que abre esta escaramuza viene por el lado de los mayores rendimientos de la renta fija, que habían desaparecido y vuelven a estar disponibles, en una economía que crece y que, por ende, tiende a mejorar su perfil crediticio.


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