27 de agosto 2013 - 00:00

Diálogos en Wall Street

¿Terminó la suba de las tasas largas? La pregunta del millón ahora consigue respuesta a mitad de precio, gentileza de nuestro experto en finanzas -Gordon Gekko- y de una oleada de indicadores recién salidos del horno que se ocupó de subrayar la vulnerabilidad de la coyuntura económica.

Periodista: La preocupación por el aumento de las tasas largas se cortaba con cuchillo la semana pasada. Wall Street llegó a temer una fractura a sus pies. Con huida de recursos de los fondos comunes de acciones y todo. De buenas a primeras, se respira otro aire. Más distendido. ¿Es así o me equivoco? Más allá de las palabras de John Kerry, el secretario de Estado de Obama, que sugieren una posible intervención militar en Siria...

Gordon Gekko:
Es fácil de percibir. La propia suba se truncó. Le apuntó a quebrar el umbral del 3% y tuvo que girar en una baldosa. Cambió de dirección y se tranquilizó.

P.: ¿Qué pasó? Sé que se derrumbaron las ventas de casas a estrenar (13,4% en julio). No obstante, ¿alcanza con un dato suelto para ponerle fin a la ofensiva?

G.G.:
Un dato aislado sólo puede comprar una tregua momentánea. Pero hoy (por ayer) la debilidad se confirmó en otro frente. Las órdenes de bienes de capital se zambulleron el 7,3% el mes pasado, cortando una racha de cuatro meses consecutivos en alza.

P.: Buena parte de la caída está vinculada con una merma de los pedidos de compra de aviones. Sabemos que son órdenes extraordinariamente volátiles. ¿Qué pasa si dejamos ese renglón a un lado?

G.G.:
La caída es del 0,6% cuando se esperaba un avance del 3,3%.

P.: Así luce menos espectacular, aunque no deja de ser un retroceso. ¿Cómo ponderar esta oleada reciente de indicadores? ¿Cree que obliga a replantearse el escenario a fu-turo?

G.G.:
Depende mucho de qué escenario tuviera en mente. Si era muy pujante, convendría moderar la estimación. O extender el horizonte para su cumplimiento. Elija usted.

P.: Entiendo: el único jugador que apostó fuerte a un pronóstico de recuperación vibrante es la Fed en las proyecciones macro que difundió en junio. ¿Piensa entonces que cambiará de libreto?

G.G.: Yo pienso que no. Sigo sosteniendo que la realidad no le llegará a los talones de su pronóstico. Pero a la par lo veo al banco central muy convencido de lo que se propone. El vaticinio de un andar más firme es una excusa. Por la razón que fuere, la Fed quiere empezar pronto a desmontar el QE3.

P.: ¿Podrá hacerlo? ¿Contra viento y marea?

G.G.: ¿Cuál es el viento? ¿Y cuál la marea?

P.: La suba de tasas largas, usted mismo lo señaló a su tiempo, marca el riesgo de gatillar un contratiempo. La economía siente su impacto. ¿Podrá la Fed desentenderse y mirar en otra dirección?

G.G.:
No se confunda. La suba de tasas largas es el ventarrón de frente. Y ahora amainó. La economía le pone límites a la suba de tasas largas, no a la política de la Fed en sí. Si el banco central, en vez de comprar 85 mil millones de dólares en bonos adquiere, digamos, 70 mil millones al mes, la economía no tendrá mucho de qué quejarse. La liquidez se incrementa, aunque menos que en los meses precedentes. El choque real proviene de la disparada de las tasas largas, no del retoque previsto del QE3.

P.: Vuelvo a la pregunta original. ¿Considera que terminó la ofensiva alcista de las tasas de largo plazo?

G.G.:
La Fed no es inocente. Sabía que al revisar el QE3 agitaba el avispero. Y si lee las minutas de la última reunión advertirá que varios de sus miembros aprueban que el aumento de las tasas largas se haya producido. Son los que piensan que ahora el sistema está mejor parado, con menos "apalancamiento" y, después de quemarse con leche, con menor propensión a tomar riesgos. Pues bien, en las minutas se afirma que las expectativas de los mercados estaban alineadas con las de la Fed. En ese momento, las tasas largas no superaban el 2,60%. Bajo esa óptica, los planes de trepar por encima del 3% eran un exceso de voltaje. La caída de la venta de casas nuevas, de los inicios de nuevas construcciones, de las órdenes de bienes de capital y de sus despachos a plaza, todo ello apunta en idéntico sentido. ¿Terminó la suba? Debería. Pero no excluya todavía alguna escaramuza marginal.

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