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Diálogos en Wall Street
¿Qué soportará Wall Street con mayor entereza? ¿Una lluvia de bonos o de misiles? La agenda de corto plazo cambió de manera abrupta. Y Siria -que entró por la ventana- copó la escena. Pero Gordon Gekko, nuestro hombre en las trincheras de las altas finanzas, piensa que lo que más va a preocupar seguirá siendo la corrosión de las tasas largas.
Gordon Gekko: Son problemas de naturaleza distinta. Si me pregunta le diría que se teme más a la erosión de las tasas largas.
P.: Se minimiza el impacto de un ataque en Siria. Quizás sea un error muy costoso para los mercados...
G.G.: Es inevitable pecar en ese sentido. Lo que los precios van a descontar es una intervención quirúrgica, encapsulada. Un trastorno temporario. A lo sumo, un bis de Libia. No una conflagración a gran escala, no una disrupción prolongada en el suministro de energía, no un zafarranco geopolítico que involucre a Rusia o China y los obligue a colisionar abiertamente con Occidente.
P.: Aunque Siria no sea un exportador importante de energía o una ruta de tránsito puede no ser así. La crisis puede convertirse en un polvorín en una región que está cargada de material explosivo.
G.G.: Se sabe cómo empieza el conflicto, nunca se sabe cómo termina ni qué ramificaciones alcanzará. Y hay escenarios posibles muy complicados, pero a priori asociados a lo que se percibe como bajas probabilidades de ocurrencia. Por eso la reacción de los mercados ha sido adversa pero acotada. Si se tratase de un error de cálculo, entonces, cuando se demuestre la equivocación se emitirá la factura correspondiente, que puede ser enorme. Pero se hará en ese momento y no por adelantado.
P.: Quizás porque se confía en que no hará falta que EE.UU. intervenga. Tal vez se piensa en alguna solución política -como ser un pustch interno- que se desate en Siria ante la inminencia de un ataque misilístico.
G.G.: Esa posibilidad, a esta altura, me parece que se ve remotísima. EE.UU. trazó una línea en la arena y Bashar al Asad -con la utilización de las armas químicas- la cruzó de manera abierta. La represalia es inexorable. La lección no es sólo para Siria sino para todos los que podrían imitarla si advierten un signo de debilidad.
P.: Mientras esto se resuelve, ¿qué harán los mercados?
G.G.: No mucho. Ya hemos visto un derrape como respuesta inicial. Pero también un rebote bastante presuroso. Hay temor, sí; pero no hay pánico. A la par, será difícil gestar algún fervor sostenido mientras se mantenga pendiente esta espada de Damocles.
P.: Si es así, lo ideal sería un desenlace rápido. Acortar el tiempo de espera. Despejar la incertidumbre.
G.G.: Hay un modelo en la cabeza de los operadores que dice que el pico de tensión se registra cuando se lanza el ataque.
P.: Como pasó con las guerras del Golfo...
G.G.: Por supuesto que puede fallar. Pero si es una mala simplificación también hay grandes chances de que se advierta trascartón. Si no se produce una reacción grave, imprevista, de inmediato es más difícil que surja luego y aunque el conflicto permanezca vigente en la región ya no será de la misma intensidad. La atención internacional podrá ocuparse de otros temas como pasó en Libia o con otros capítulos de la primavera árabe...
P.: La Fed promete menos agresividad que Siria, pero también tiene lo suyo. ¿Cree que la agenda de la política monetaria debe alterarse para acomodar estos sucesos?
G.G.: De momento, no.
P.: Si no es por la alta política, ¿será por la economía nuestra de todos los días? Información que obtenemos de las variables sensibles a la tasa de interés, información que revela un deterioro en el margen. Las operaciones inmobiliarias en proceso cayeron en junio y volvieron a retroceder en julio. No se trata ya de una señal aislada de fragilidad.
G.G.: La evidencia no se discute: la suba de tasas largas cobró peaje en el mercado de los bienes raíces. La profundidad del daño no está clara: las ventas de casas nuevas sugieren un resbalón importante, el resto de los datos apunta a un tropiezo mucho más suave.
P.: ¿Tan suave cómo para no cambiar los planes de la Fed?
G.G.: No los conocemos en detalle como para detectar modificaciones pequeñas. Lo que hoy se espera es que en la reunión de septiembre se anuncie una reducción de las compras de bonos no mayor a 15 mil millones de dólares por mes; ejecutable a partir de octubre. Un tiempo atrás se pensaba en una cifra mayor. Pero nunca la Fed dio números precisos. Si lo que el banco central quiere es doblar la página en septiembre, trazar un punto de giro, lo podrá hacer aunque sea con un retoque simbólico.


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