4 de marzo 2014 - 00:00

Diálogos en Wall Street

La Fed cumple, pero Rusia martiriza. Hablamos con Gordon Gekko, nuestro experto en Wall Street, sobre el nuevo "cuco" de los mercados financieros: la intervención de Moscú en Ucrania.

Periodista: Lo que no pudo el frío polar, lo puede el regreso de la Guerra Fría. Se vienen los rusos.

Gordon Gekko:
Sería gracioso, si no fuese dramático. Vladímir Putin pone un pie en Ucrania y no hay Bolsa que caiga más fuerte que la de Moscú...

P.: ¡Estamos ganando!

G.G.:
La Bolsa de Ucrania cayó el 11%; la rusa, el 12%. El rublo se derrumbó y el banco central tuvo que intervenir a gran escala para mantenerlo dentro de su corredor de política. Subió las tasas cortas un punto y medio, al 7%. Y aun así el dólar contra el rublo alcanzó un máximo histórico de 37.

P.: Este divertimento puede costarle más a Putin que las Olimpíadas de Invierno.

G.G.:
Convendría avisarle que terminaron. Los preparativos de la reunión del G-8 prevista en Sochi, donde se desarrollaron los juegos, ya fueron cancelados.

P.: ¿Cuál es el impacto global, fuera del área en tensión directa?

G.G.:
Las acciones europeas patinaron entre el 2% y el 3,5%. Y a la hora de escribir estas líneas Wall Street retrocede el 1%. El Nikkei lo hizo otro tanto. Claramente, Europa es la región afectada. Ucrania, si se quiere, es su patio trasero.

P.: Diría más bien que todavía es el patio trasero de Rusia. Eso es lo que Putin reclama por la fuerza; que Ucrania no se le escape de su órbita.

G.G.:
Jugó mal con Yanukóvich, el líder depuesto por la rebelión popular. Erró groseramente en el cálculo. Y ahora, si bien puede ser que salve el rostro fronteras adentro, está cavando una fosa, cometiendo un error mucho más grande al hipotecar la credibilidad y el futuro de Rusia.

P.: Las Bolsas de Europa eran las favoritas de la cátedra para 2014. ¿No va más?

G.G.:
Hasta acá llegó el amor de los analistas, seguro. Retomarlo dependerá de cómo se subsane el conflicto de Ucrania.

P.: ¿Y cuánto daño puede provocar el efecto Ucrania?

G.G.:
¿Cuánto más querrá escalarlo Putin? No le será tan fácil dar marcha atrás. Está atrapado en una posición similar a la del presidente Obama, el año pasado, en la crisis de los misiles con Siria.

P.: En aquella oportunidad, Putin fue el adalid de la paz. El que "rescató a Obama del atolladero.

G.G.:
Ahora es él quien empuña los misiles. Militarmente, hoy por hoy, no tiene oposición. Puede hacer lo que desee, pero ¿querrá enterrarse en Ucrania? Obama, en Siria, prefirió tomar un atajo digno y no caer en la trampa.

P.: ¿Habrá enroque? Le tocará a Obama encontrarle a Putin una salida elegante.

G.G.:
Yo pienso en Angela Merkel. Éste es un asunto europeo. La Guerra Fría ya no existe más. Pero hay que ver si Europa tiene los reflejos para encarrilar el diferendo antes que la cosa llegue a mayores.

P.: ¿Qué pasará en los mercados? ¿El mercado alcista se retira a cuarteles de invierno hasta que cese la amenaza? ¿En qué condiciones?

G.G.:
Si nos quedamos en un marco de mucha tensión, pero pocas nueces, lo que hemos visto es una buena descripción del daño total. Diría que Europa deberá remar el doble. Pero el resto del mundo tenderá a sintonizar otro canal. El NASDAQ, un índice agresivo, cargado de papeles de alta volatilidad, cayó hoy (por ayer) el 0,7%. Podría desmoronarse muchísimo más con cualquier traspié medianamente severo del mundo de la tecnología.

P.: La impresión es que Ucrania no le importa gran cosa.

G.G.: Si fuera un videogame de combate le resultaría más relevante.

P.: La situación podría complicarse con facilidad. Putin es un hombre rudo, que se formó en el contexto implacable de la Guerra Fría, y allí comandó la inteligencia soviética. No es un líder convencional, bajas calorías.

G.G.: Si hay guerra es otro precio. Pero el esquema de respuesta será similar. Rusia sobrelleva muchos conflictos graves con sus exsatélites y no ha sido infrecuente que, por rachas, asomara la violencia extrema. La clave es que son conflictos localizados, regionales, no una amenaza a la paz global.

P.: Uno mira los titulares y piensa lo peor. Imagina una confrontación internacional a gran escala, un punto de quiebre.

G.G.:
La Guerra Fría terminó. No hay dos superpotencias. Una sola quedó en pie (y carece de intención de involucrarse físicamente, después del "tour de force" de Bush en Afganistán e Irak). La solución de Occidente será aislar a Rusia, y que el tiempo se encargue. Por eso conviene no mirar tanto a Ucrania y sí a los mercados europeos. Lo vital es que no se resquebrajen, que el daño allí permanezca contenido.

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