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Diálogos en Wall Street
La volatilidad de la Bolsa igualó los picos de febrero. El nerviosismo crece, en la medida en que las acciones no hacen pie, y el cierre se aproxima en los mínimos del día. Pero Gordon Gekko aconseja no perder la calma. A continuación, la entrevista.

Gordon Gekko: Nos agitamos en la coctelera. De las últimas siete ruedas, en cinco el Dow Jones Industrial sufrió variaciones de 200 puntos o más.
P.: Menos mal que no son siempre del mismo signo.
G.G.: Se turnan. Es la guerra de trincheras. Se avanza y se retrocede con ahínco, pero siempre luchamos en el mismo terreno.
P.: Tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe...
G.G.: La baja de la tasa larga, en parte, amortigua los golpes.
P.: Lo que no se entiende muy bien es qué cambió. ¿Qué es lo que, de repente, le quebró la voluntad a la Bolsa? Hasta hace poco era una roca. Y ahora flamea como un banderín.
G.G.: Flamea, pero sin arriar del todo las cotizaciones. Cuando los precios caen mucho, se los vuelve a izar.
P.: La Bolsa no define una tendencia.
G.G.: Un mercado que se mueve hacia los costados está haciendo tiempo. O porque necesita más evidencia o porque precisa descansar. Después de todo lo que trepó, y considerando que no sufre una corrección como Dios manda desde 2011, uno puede pensar que todavía prevalece la tendencia alcista de arrastre. Pero hay que tener paciencia. Yo le prestaría más atención a los bonos, al dólar, a los otros mercados que sí están trazando un nuevo itinerario.
P.: Carl Icahn, el multimillonario, acaba de afirmar que una corrección bursátil "inevitablemente está en camino".
G.G.: Quién sabe. Antes deberíamos ver que el tiroteo se acerca al piso del rango -las balas tendrían que picar alrededor de los 1.900 puntos del S&P 500- y que el tráfico de los disparos se torna más intenso.
P.: No estamos muy distantes.
G.G.: No. Con un poco de mala voluntad nos ponemos a tiro. El Russell 2000, por caso, ya se ubica en los mínimos de un año, un 12% por debajo de sus máximos de marzo. Oportunidades de hundir al S&P 500 no faltan, pero cuando se estuvo al borde del abismo, el mercado rebotó. Y escuche todo lo que Icahn tiene para decir. También afirma que la acción de Apple debería valer el doble de lo que cuesta hoy.
P.: Las acciones no definen; los bonos sí. Lo curioso es que vayan a contramano del mensaje de la Fed. No hay suba de tasas, sino una caída llamativa de la tasa larga.
G.G.: La revaluación del dólar en el mundo abrió la primera grieta. La segunda fisura es la caída de las expectativas de inflación. La novedad de estos días es que no sólo se retraen en Europa -donde hace tiempo que la desinflación es la regla y ahora el atasco económico revive las chances de otra recesión-, sino también en EE.UU.
P.: Escuché comentar a Stanley Fisher, el vice de la Fed, que la economía de EE.UU. puede mantener su crecimiento aun si el resto del mundo se debilita.
G.G.: La Fed está tomando nota del fenómeno. No hay dudas. Existe el riesgo de contagio inverso. Hoy el que se resfría es el mundo, y el que amaga estornudar es EE.UU. Por eso, Fisher nos arrima la aspirina.
P.: Las minutas de la última reunión del banco central acusaron recibo de la fortaleza del dólar frente a las demás divisas. Y avisaron que de continuar podían obligar a repensar los tiempos de la suba de tasas.
G.G.: Es la primera mención explícita al tema.
P.: El dólar pertenece a los dominios del Tesoro. No es común que la Fed se pronuncie.
G.G.: Son opiniones personales de los funcionarios vertidas en un debate. Pero el mensaje es claro. Un dólar más firme es un endurecimiento de la política monetaria. Y no hay intenciones de promoverlo. El que quiere oír, que oiga...
P.: ¿Y qué pasó con los balances? Alcoa ya difundió el suyo.
G.G.: No hay objeciones allí. Alcoa y Pepsico empezaron con el pie derecho. El chubasco no tiene nada que ver con la marcha de los negocios. Lo cual no detiene la lluvia, pero nos quita la amenaza de granizo, que es lo que de veras puede hacer daño duradero.

