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Diálogos en Wall Street
¿Octubre negro en ciernes? Una rueda calma se desfondó sobre el cierre, señal inconfundible de fragilidad. Conversamos con Gordon Gekko en los minutos finales de la sesión. ¿Qué es lo que viene?

Gordon Gekko: No hubo mucho espacio para maniobrar. La Bolsa operó sin restricciones, pero el mercado de bonos permaneció cerrado por el feriado de Columbus Day, del 12 de octubre.
P.: Un mercado reducido podría haber sido una ratonera, una trampa letal...
G.G.: No fue para tanto. Aunque la daga reluce ahora, sobre el filo de la rueda.
P.: Nadie daba una moneda por la suerte de Wall Street.
G.G.: Después de dos rebotes fallidos, el pesimismo quedó al timón.
P.: El VIX -un tosco señalador del nivel de miedo- hoy siguió en ascenso...
G.G.: Volvimos a rasgar los niveles máximos de febrero.
P.: La bandera de peligro sigue flameando.
G.G.: Estábamos en el piso del mercado lateral, resistiendo en torno a los 1.900 puntos y la media de 200 ruedas. Y ahora el mercado los empieza a horadar. Sin incurrir en gran esfuerzo, como si se tratara de una obviedad.
P.: Será difícil liberarse de esta zona fangosa de no mediar ayuda externa. En cambio, el S&P500 puede devolver unos 60 puntos más y aun así no caer en el terreno de una corrección convencional del 10%...
G.G.: Una caída veloz y punzante -una capitulación- también podría oficiar de resorte. De manera alternativa, el gatillo de un retroceso profundo, o de una reacción favorable, lo apretará la información a medida que fluya.
P.: ¿La Fed, los indicadores económicos, o los balances?
G.G.: La Fed ya abrió el paraguas. En las minutas dejó asentado que la revaluación del dólar en el mundo no le resulta indiferente. Y, por si alguien no se enteró, Stanley Fisher, el número dos de la entidad, nos recordó el fin de semana que la Fed actúa de manera local, pero piensa en términos globales.
P.: Lo escuché. Es una declaración más que llamativa. Si algo se le criticó siempre a la Fed fue que, a la hora de tomar decisiones, ignorase lo que ocurre en el mundo.
G.G.: Más claro, agua: Fisher nos dice que si el crecimiento externo es menor que el estimado, sus consecuencias sobre la economía de EE.UU. podrían llevar a dilatar la suba de tasas de interés. Es un giro en redondo del discurso oficial, con un ojo atento a la agitación que zamarrea a las Bolsas.
P.: ¿Piensa que la Fed le está saliendo al cruce a la debilidad de las acciones?
G.G.: Son comentarios "casuales", muy oportunos. Y están orientados por un GPS notable. Las declaraciones de día sábado, a decir verdad, no son muy frecuentes. Charles Evans (de la Fed de Chicago) aprovechó para deslizar que la Fed no puede lanzarse a izar las tasas si no está segura de que la inflación alcanzará la meta del 2%, situación que, a su juicio, no acontecerá antes de un par de años.
P.: Kocherlakota (Fed de Minneapolis) había dicho en 2018. Sabemos que es la palabra de las palomas.
G.G.: Correcto. Tome nota, entonces, del silencio de radio de los halcones.
P.: El mercado se hundió tras leer las minutas, y pese a un fortísimo rebote del 1,75%. No sé si basta con el guiño de la Fed. La hemorragia prosigue.
G.G.: Hoy importan más Europa y el BCE que EE.UU. y la Fed. De acuerdo. Pero, entienda que ya estamos frenando con el rebaje de la caja de velocidades. Se moderó la pujanza del dólar, que fue lo que abrió la primera grieta en la confianza de los inversores.
P.: ¿Y en el cortísimo plazo, cuál cree que es la carta que marcará el rumbo?
G.G.: Tenemos una avalancha de balances por delante. O sea, jugaremos las cartas micro. Mañana (por hoy) hay un festival de bancos: JP Morgan, Citi y Wells Fargo. Y es sólo el comienzo. Sería lógico buscar la inspiración en la fuente, ¿no le parece?


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