30 de octubre 2014 - 00:00

Diálogos en Wall Street

Una Fed más dura en el discurso, pero no necesariamente en la acción. Tal la conclusión de Gordon Gekko no bien finalizado el cónclave del banco central. La Bolsa sintió el golpe, pero, dice Gekko, el reloj juega a favor de continuar el ascenso.

Diálogos en Wall Street
Periodista: Culminó la reunión de la Fed. Se develó el misterio. Y no hay sorpresas ocultas. La era del QE -la gran cruzada monetaria de la expansión cuantitativa- llegó a su fin.

Gordon Gekko:
En noviembre ya no habrá compras netas de bonos largos para la cartera de la Fed. Hasta aquí llegó el QE3 (después de dos años de vigencia). Pasamos de 800 mil millones de dólares de activos antes de que colapsara Lehman Brothers a 4,5 billones. Dios quiera que no se necesite inaugurar el QE4.

P.: Nada lo hace presumir.

G.G.: El comunicado de la Fed es abrasivo. Más de lo que se pensaba. Pero nunca se sabe. Cuando las cotizaciones de Wall Street flameaban en el desconcierto, tres semanas atrás, hubo quien ventiló esa posibilidad.

P.: La Fed sonó hoy más agresiva. Señal de que confía en la solidez de la recuperación.

G.G.:
Es el mensaje a los inversores. Les dice: mantenemos la hoja de ruta que conduce a la suba de tasas en 2015. Sin mayores distracciones. Olvídense de las consideraciones recientes que brotaron con la corrección bursátil. Bórrenlas.

P.: Así como las cotizaciones rebotaron con fuerza, la Fed también retoma sus intenciones originales.

G.G.:
Correcto. Como si obrase la cláusula pari passu.

P.: Desaparecieron las disidencias dentro del elenco que vota en las reuniones.

G.G.:
Después de dos instancias en contra, los halcones Plosser y Richard Fisher volvieron al redil. Hay una nueva redacción de la fórmula mágica del "tiempo considerable". Y se ve que les satisfizo.

P.: Se afirma que el "tempo" y la velocidad del ajuste de las tasas de interés dependerá del fluir de los indicadores económicos. Las tasas pueden aumentar antes de lo que se espera, si la economía se fortalece.

G.G.:
Sabias palabras. Y se reconocen los progresos operados en el mercado de trabajo. La subutilización de los recursos laborales está "disminuyendo gradualmente", consigna el comunicado.

P.: Pero no todo el mundo está conforme.

G.G.:
Es así cuando las posturas son tan variadas. Cubrimos los pies, se destapa la cabeza.

P.: Ya no se quejan los duros, pero discrepan las palomas.

G.G.:
Es difícil contentar a todos. Y quizás tampoco sea lo conveniente. Narayana Kocherlakota, el único caso de halcón devenido en paloma, o sea, por definición, alguien no dogmático, protestó porque la decisión consensuada no le presta la requerida atención a la debilidad tenaz del cuadro inflacionario. Y cita también un tópico conocido nuestro: el deslizamiento hacia la baja que se observa en las expectativas de inflación de largo plazo.

P.: Uno de los temas que agitó las aguas cuando la Bolsa no hacía pie.

G.G.:
Y la razón detrás del hundimiento de las tasas largas. El comunicado también lo advierte, pero no hace nada.

P.: ¿Y qué quería Kocherlakota?

G.G.:
Abogaba por la continuación del QE3 hasta que la inflación a dos años vista regresara al 2%. Desde ya, no consiguió apoyo. Pero dejó su desacuerdo y su propuesta, ambos por escrito.

P.: ¿El balance final?

G.G.:
Un discurso indudablemente más duro.

P.: ¿Habrá que volver a cambiar las expectativas sobre cuándo se producirá la suba de tasas?

G.G.:
No todavía. No tiene sentido mudarlas de perchero cada vez que se escucha un discurso diferente. Son matices. No necesariamente, en los hechos, suponen un giro del curso de acción. La suba de tasas no ocurrirá antes de mediados de 2015. O sea, en términos prácticos, falta una eternidad. Correrá mucha agua bajo el puente antes de apretar el gatillo.

P.: Sin embargo, los mercados acusaron recibo. O así parece. La Bolsa se cubrió de destellos rojos...

G.G.:
Nada grave. En todo caso, es la reafirmación de que todavía rige el mercado lateral. No hay prisa. Noviembre trae consigo la estacionalidad más favorable del año. Como ya le dije, el reloj juega a favor. Pero hay que buscar que madure el momento.

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