25 de noviembre 2014 - 00:13

Diálogos en Wall Street

Después de la sorpresa que produjeron los anuncios recientes de los banqueros centrales, ¿qué? Examinamos con Gordon Gekko el reguero de resultados y consecuencias.

Diálogos en Wall Street
Periodista: Pasó el vendaval de los bancos centrales -Draghi, el Banco del Pueblo de China- prometiendo más compras de bonos y tasas más bajas. ¿Qué nos quedó como saldo?

Gordon Gekko: Wall Street en nuevos récords, una fuerte alza de las acciones europeas (y dentro de ellas, de los papeles financieros), tasas largas más bajas en todas partes. Por primera vez en la historia, el bono del Tesoro español -a diez años- rindió menos del 2%. Hoy se ubicó en el 1,96%.

P.: Increíble. Eso en EE.UU. no se consigue.

G.G.: Las tasas del euro son irrisorias. El bund alemán a igual tenor cotiza al 0,78%.

P.: Increíble también lo que Draghi prometió. Subir la inflación y las expectativas de inflación lo más rápido que sea posible.

G.G.: Sí, aunque hay alguna letra chica...

P.: Letra chica y oposición grande. Lo que acaba de decir Jens Weidmann, el presidente del Bundesbank, en Madrid lo contradice de cabo a rabo. No sólo no está de acuerdo, sino que señaló que el BCE está empujando contra sus límites legales.

G.G.:
A esta altura, uno se lo imaginaba a Draghi volviendo a tener que dar explicaciones ante el Tribunal Constitucional alemán. Que yo sepa no tiene agendado visitar Karlsruhe ni mandar a nadie en su representación.

P.: Lo curioso es que los mercados responden más a los dichos de Draghi que a los del Bundesbank, aunque la hoja de balance del BCE se comporta exactamente al revés: no se agranda todavía, persiste en achicarse.

G.G.:
¿Será que la gente sólo presta atención a lo que quiere escuchar?

P.: Dígame usted...

G.G.:
En cierto sentido, es así. Pero Draghi tiene un curso de acción viable que ofrecer.

P.: La receta "mágica" según Weidmann.

G.G.:
Sí. El muerto se ríe del degollado. Haga memoria cuando la Fed lanzó el QE2, la crítica a la "adicción" monetaria de los EE.UU. fue feroz. Pero la Fed ahora renuncia al hábito, y el BCE no tiene mejor remedio a mano que adquirir, mal y tarde, el "vicio" de la compra de bonos y la expansión cuantitativa. Y en materia de tasas ya fue más lejos aún. La Fed nunca se animó a las tasas de interés negativas.

P.: El Bundesbank quiere reformas estructurales. Ponderó lo que se hizo en España.

G.G.:
Draghi no se opone. Pero sabe que no alcanza. La eurozona, a esta altura, ya lo comprobó.

P.: Los mercados piensan, entonces, que, al final, Draghi se saldrá con la suya.

G.G.:
Es una hipótesis razonable, aunque no haya certeza. El Bundesbank quiere reformas que, si funcionan, sólo lo harán en el largo plazo. El votante europeo -y aquí rige la democracia- está perdiendo la paciencia. La coalición trotskista en Grecia -Syriza- y los españoles de Podemos (que, según El Mundo, ganarían las elecciones si se celebrasen ahora) proponen una reestructuración de la deuda. Lo de Draghi -en última instancia, copiar lo que hizo la Fed- no es una idea desdeñable. Y encima les permite a los alemanes la coartada de decir -en caso de terminar mal- que ellos siempre se opusieron.

P.: Entre la espada y la pared, el BCE va a elegir la supervivencia. Pero ¿usted se imagina -antes de llegar a una situación extrema- que el banco central pueda ejecutar la plataforma de Draghi con la urgencia que mencionó?

G.G.:
Lo escuché a Ewald Novotny, miembro austríaco del consejo de gobierno: "Se tomó ya un conjunto de medidas, y habría que esperar a que decanten sus efectos". La inflación es muy baja, señaló, pero, a diferencia del temor que expresó Draghi, las expectativas de inflación permanecen ancladas en torno a la meta oficial.

P.: El riesgo es llegar tarde. El costo de un error así sería abultado.

G.G.:
Ya es tarde. Pero Draghi es tenaz y no está completamente solo. Benoit Coueré, otro integrante, planteó la necesidad de una discusión a fondo sobre la compra de bonos -en todas sus variantes- en la próxima reunión. Intuyo que será para alquilar balcones.