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Diálogos en Wall Street
Después de la sorpresa que produjeron los anuncios recientes de los banqueros centrales, ¿qué? Examinamos con Gordon Gekko el reguero de resultados y consecuencias.

P.: Letra chica y oposición grande. Lo que acaba de decir Jens Weidmann, el presidente del Bundesbank, en Madrid lo contradice de cabo a rabo. No sólo no está de acuerdo, sino que señaló que el BCE está empujando contra sus límites legales.
G.G.: A esta altura, uno se lo imaginaba a Draghi volviendo a tener que dar explicaciones ante el Tribunal Constitucional alemán. Que yo sepa no tiene agendado visitar Karlsruhe ni mandar a nadie en su representación.
P.: Lo curioso es que los mercados responden más a los dichos de Draghi que a los del Bundesbank, aunque la hoja de balance del BCE se comporta exactamente al revés: no se agranda todavía, persiste en achicarse.
G.G.: ¿Será que la gente sólo presta atención a lo que quiere escuchar?
P.: Dígame usted...
G.G.: En cierto sentido, es así. Pero Draghi tiene un curso de acción viable que ofrecer.
P.: La receta "mágica" según Weidmann.
G.G.: Sí. El muerto se ríe del degollado. Haga memoria cuando la Fed lanzó el QE2, la crítica a la "adicción" monetaria de los EE.UU. fue feroz. Pero la Fed ahora renuncia al hábito, y el BCE no tiene mejor remedio a mano que adquirir, mal y tarde, el "vicio" de la compra de bonos y la expansión cuantitativa. Y en materia de tasas ya fue más lejos aún. La Fed nunca se animó a las tasas de interés negativas.
P.: El Bundesbank quiere reformas estructurales. Ponderó lo que se hizo en España.
G.G.: Draghi no se opone. Pero sabe que no alcanza. La eurozona, a esta altura, ya lo comprobó.
P.: Los mercados piensan, entonces, que, al final, Draghi se saldrá con la suya.
G.G.: Es una hipótesis razonable, aunque no haya certeza. El Bundesbank quiere reformas que, si funcionan, sólo lo harán en el largo plazo. El votante europeo -y aquí rige la democracia- está perdiendo la paciencia. La coalición trotskista en Grecia -Syriza- y los españoles de Podemos (que, según El Mundo, ganarían las elecciones si se celebrasen ahora) proponen una reestructuración de la deuda. Lo de Draghi -en última instancia, copiar lo que hizo la Fed- no es una idea desdeñable. Y encima les permite a los alemanes la coartada de decir -en caso de terminar mal- que ellos siempre se opusieron.
P.: Entre la espada y la pared, el BCE va a elegir la supervivencia. Pero ¿usted se imagina -antes de llegar a una situación extrema- que el banco central pueda ejecutar la plataforma de Draghi con la urgencia que mencionó?
G.G.: Lo escuché a Ewald Novotny, miembro austríaco del consejo de gobierno: "Se tomó ya un conjunto de medidas, y habría que esperar a que decanten sus efectos". La inflación es muy baja, señaló, pero, a diferencia del temor que expresó Draghi, las expectativas de inflación permanecen ancladas en torno a la meta oficial.
P.: El riesgo es llegar tarde. El costo de un error así sería abultado.
G.G.: Ya es tarde. Pero Draghi es tenaz y no está completamente solo. Benoit Coueré, otro integrante, planteó la necesidad de una discusión a fondo sobre la compra de bonos -en todas sus variantes- en la próxima reunión. Intuyo que será para alquilar balcones.

