Diálogos en Wall Street

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Termina un trimestre que tuvo de todo como en botica. Y revisamos con Gordon Gekko sus características primordiales.

  Periodista: Se despide el primer trimestre y cierra sin dejar grandes definiciones. Para Wall Street fue mucho ruido y pocas nueces. El mercado alcista se mantiene en pie, supo anotar nuevos récords, pero lo rodean más dudas que certezas.

Gordon Gekko:
Se cambió el dinero en los grandes índices, el Dow Industrial y el S&P500. Fue un buen trimestre para canastas agresivas como las del NASDAQ y las acciones de pequeñas compañías. Se perdió el 5% en el Dow más conservador: el de servicios públicos. La espina la clavó el otro Dow; el de transporte, que es el más cíclico de todos, y que derrapó el 4%. No luce muy convencido sobre la fortaleza de la economía hacia delante.

P.: ¿No tendrá razón? Mire que fue un baluarte durante todo el ascenso...

G.G.:
No lo subestimo. El mensaje es potente: se trata del 4% en baja en el sector de transportes cuando, en paralelo, el petróleo -su principal renglón de costos- cayó el 15%.

P.: El petróleo barato no fue el motor que usted pensaba.

G.G.:
Pensábamos que el consumidor estadounidense se iba a gastar casi la totalidad del ingreso adicional que le proporcionó la rebaja de la nafta. En los hechos mantuvo el consumo. Y se ahorró la diferencia.

P.: Un milagro de austeridad. La tasa de ahorro personal se disparó al 5,8% en los EEUU.

G.G.:
No veo razones para ser pesimista. La mejora de los ingresos se sostendrá. Y una economía a velocidad de crucero, con tranco moderado en torno del 2%, que no se recaliente, tampoco nos vendría nada mal.

P.: La Fed no aprieta ni ahorca pero es un tábano que molesta con su amenaza de suba de tasas de interés. Yellen dice que hay tiempo y, sin embargo, día por medio surge algún funcionario -hoy (por ayer) Jeff Lacker- comentando que la temperatura está justa para gatillar la primera dosis del ajuste tan pronto como en junio.

G.G.:
Habrá que convivir con esa dualidad en los mensajes. Estamos bajo presión, en fase de aclimatamiento. Hay que examinar la transición bursátil con esa óptica. El mercado bull está en capilla. A más tardar en el tercer trimestre la Fed quiere enterrar definitivamente la política de tasas cero y enfilar hacia la normalización. Y se saldrá con la suya a menos que la inflación no levante cabeza.

P.: Seguimos aferrados a que la fecha in pectore es septiembre...

G.G.:
Por ahora no hay motivos para la mudanza. Pero préstele atención a las negociaciones con Irán. Si se alcanza un acuerdo, el petróleo puede practicar un último acto de patinaje.

P.: ¿Y le ve chance a un final exitoso?

G.G.:
Sé que no es fácil. Lo que uno observa es el fuerte interés del presidente Obama.

P.: Un petróleo que busque un piso más bajo -fruto del eventual regreso de Irán a los mercados internacionales- podría repercutir en lecturas de inflación menores que las actuales.

G.G.:
Sería lo más probable...

P.: ¿Y piensa que ello podría demorar aún más el comienzo del aumento de las tasas de interés?

G.G.:
Es lo que saco en limpio de las últimas exposiciones de Janet Yellen.

P.: ¿Aunque la merma fuera temporaria y atribuible al comportamiento de una única variable?

G.G.
: Entiendo que la Fed quiere ver un repunte aunque leve de las mediciones de inflación antes de embarcarse en la faena de normalización. En ese caso, si el petróleo vuelve a perforar los mínimos que tocó en su caída, habrá que esperar.

P.: Fuera de Wall Street hubo mercados vibrantes. ¿Piensa que serán capaces de preservar esa fortaleza, de forma independiente a lo que acontezca con los mercados de EE.UU. y con la Fed?

G.G.:
Hay voluntad de parte de los inversores de tomar riesgos fuera de EE.UU. Las Bolsas europeas son buen ejemplo, aunque la brecha de valuaciones se haya reducido. Japón, China y otras Bolsas de Asia son interesantes y tienen también motores propios. Pero no creo que los procesos sean del todo independientes. La mano de seda de Yellen ha tenido mucho que ver. Una Fed demasiado brusca -o un paso en falso- serían un dolor de cabeza generalizado. Cuando se arrime el Día D, todo confluirá en esa principal preocupación: qué tan bien le sale a la Fed su maniobra clave.

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