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Diálogos en Wall Street
Gordon Gekko: No es el rally furibundo que describe el manual. Es más bien un modelo para armar, y da la impresión de que no tenemos las instrucciones completas en nuestro poder.
P.: El petróleo manda. Cuando se abre paso, hay piedra libre para subir. Cuando trastabilla arrastra a todo lo demás.
G.G.: El precio del barril sopla y Wall Street flamea como un banderín.
P.: ¿Se podrá llegar muy lejos de esta manera?
G.G.: No es lo ideal, porque estamos prendiendo y apagando los motores varias veces en la semana. Pero es lo que hay.
P.: Por lo menos Wall Street así va a conseguir cerrar el año a la par.
G.G.: Cerca de 1% arriba el S&P500 y del 1% abajo el Dow Jones Industrial.
P.: El tema es que no hubo muchos activos que funcionaran bien en 2015.
G.G.: Los índices maquillaron la foto del desempeño general. Anduvieron mucho mejor que la mayoría de las acciones individuales.
P.: La semana pasada la mediana de las acciones del S&P 500 había caído cerca del 19% en lo que iba del año. Es casi un mercado bear ("bajista") si uno toma los papeles uno por uno.
G.G.: Así es. No es un mercado que regale nada. Si una compañía decepciona, la factura no demora en llegar.
P.: Si las acciones no brillaron, esta vez tampoco lo hicieron los bonos.
G.G.: Los bonos de baja calidad que ya venían de un mal 2014, tuvieron otro año mucho peor. Los del Tesoro declinaron levemente y, si se les suma el cupón de interés, redondearon un retorno de poco más del 1%. Nada espectacular, por supuesto. Venían de superar el 6% en 2014.
P.: ¿Algo para rescatar?
G.G.: Que la Fed haya podido darse el gusto y subir las tasas cortas de interés, sobre la hora, al filo mismo de terminar el año.
P.: Y que no haya sucedido ningún percance grave.
G.G.: Tal cual. De alguna manera, los mercados fueron rehenes de la incertidumbre acerca de cuándo se dispararía la primera salva. Esa página quedó atrás.
P.: Se rompió el tabú.
G.G.: Y la vida continúa.
P.: También continúan los ajustes de tasa.
G.G.: De acuerdo, pero no es la misma tensión que la del debut.
P.: 2015 era el año de la divergencia de las políticas monetarias. Se sabía del empeño de la Fed por remontar las tasas, y también de la necesidad de muchos de sus pares -el BCE y el Banco del Pueblo de China, por citar dos- de avanzar a contramano. No fue un gran año, pero no hubo tampoco una colisión grave cómo llegó a temerse.
G.G.: Tuvimos muchos berrinches en los bonos (bond "tantrums"), y hablo de bonos de primerísima calidad.
P.: Por lo menos dos episodios involucraron a los bunds alemanes.
G.G.: Sí. Y un flash crash el 24 de agosto que hizo blanco en acciones de primera línea y en fondos ETF de acciones. Pero no ocurrió nada que no se revirtiera pronto y cicatrizase muy rápido. La fragilidad de la nueva arquitectura financiera, el hecho de que la liquidez secundaria puede desaparecer en un santiamén, se hizo notar. Y la suba de tasas era un examen exigente. Superarlo sin trauma es reconfortante.
P.: ¿Piensa que se podrán empalmar estos rallies de fin de año con el conocido efecto enero y entre todos delinear una suba que merezca festejarse?
P.: Si la Bolsa trepa con fuerza choca con los máximos absolutos. Y desafiarlos con éxito requiere, o mucha intrepidez, o alguna mejora clara en los fundamentos. Venimos cortos de ambos. Y por eso estamos encajados en un tránsito lateral. Los balances deberían sorprender en la segunda mitad de enero para proveer impulso. Difícil. Quizás sea más fácil lograr un rebote de los commodities -incluyendo al petróleo- que aliente la toma de riesgo. Después de todo el castigo que sufrieron, no sería descabellado. Pero el rebote no puede demorarse mucho, ya que para marzo vamos a estar pendientes de la Fed y su segundo reajuste de tasas.

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