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Diálogos en Wall Street
?Las Bolsas internacionales no terminan de asentarse. Explica Gordon Gekko: rebotes hay muchos, pero ninguno cuaja.
Gordon Gekko: Intentó un avance, trató de mimetizarse con Europa, pero la buena estrella le duró muy poco.
P.: Si hay discriminación, si uno ve que se corta el contagio, quiere decir que el ataque de pánico ya pasó. Pero si el declive no cesa en un entorno más racional será porque hay buenas razones para justificar el pesimismo.
G.G.: La merma prosigue, ante todo, porque ya no rige el acto reflejo de comprar ciegamente toda caída como una oportunidad.
P.: Quedó demostrado después de los muy buenos números de empleo en EE.UU. Rompieron las estimaciones, pusieron en remojo los pronósticos de recesión, pero para Wall Street fue un marche preso igual.
G.G.: El sentimiento es muy negativo, y no de ahora. Las cuentas están acumulando cash hace ya buen tiempo.
P.: La semana pasada la salida de recursos desde los fondos comunes que invierten en acciones fue récord...
G.G.: 12 mil millones de dólares. En el corto plazo, la sobreventa es enorme. China no da garantías; el precio del petróleo se hunde a nuevos mínimos y hace las veces de espantapájaros, y para peor Morgan Stanley se suma a los que vaticinan un barril a 20 dólares. Mírelo desde otro ángulo: apenas un puñado de papeles, menos del 12% de los que conforman el S&P 500, cotizan por encima de la media.
P.: Desde un punto de vista de llevar la contra, todo está servido para que se produzca un rebote. Pero no es que no se lo intente, simplemente que dura unos minutos y se desvanece por falta de bríos...
G.G.: Así es. No es suficiente. Y las recuperaciones más que oportunidades para cargar posiciones son vistas como buenos puntos de salida, sirven para aligerar las carteras.
P.: Lo aconseja JP Morgan. "Vendan los rallies", escribe uno de sus analistas.
G.G.: Lo mejor que puede pasar es que todo aquel que tenga una objeción la haga conocer en voz bien alta.
P.: O calle para siempre.
G.G.: No. Si Soros teme una reedición de una crisis como 2008, que lo diga.
P.: Ya lo dijo.
G.G.: Está en la olla. Es un ingrediente más que estamos revolviendo. Lo mejor es que no falte nada. Como ocurrió en agosto del año pasado. Ese potaje, después de todo, es el sabor que tiene el cash. Que como nadie ignora no rinde nada. Si en algún momento, de tanto sazonarlo, se torna insípido habrá quien cambie de opinión.
P.: Falta paladear los balances. Y hoy (por ayer) arranca la seguidilla con los números de Alcoa...
G.G.: Los mercados están a la defensiva. La orientación que han dado las compañías es lastimosa. Y se espera un recorte de utilidades de más del 4% interanual.
P.: Con la paliza que propinó China es razonable que nadie quiera tomar mucho riesgo apostando a favor de una sorpresa agradable...
G.G.: No lo critico. Porque si la malaria que se proyecta se confirma, los golpes, papel por papel, van a ser durísimos. Ahora bien, en este mismo instante, acaban de salir los resultados de Alcoa y, en una impresión a vuelo de pájaro, son mejores que lo que se esperaba.
P.: O más bien, se "temía".
G.G.: Los ingresos crecieron el 7% interanual. No está mal, aun sin ver el detalle. El rebote de la acción es del 2,5%.
P.: ¿Algún otro papel para seguir en particular?
G.G.: Citigroup. Sobre sus espaldas recae la responsabilidad de salvar la ropa del sector financiero. No es lo usual. Tiene que ver con los cargos que soportó un año atrás por gastos y quebrantos no recurrentes. Puede ser una bujía que encienda una recuperación menos fugaz que todos estos intentos fallidos.

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