17 de agosto 2016 - 00:00

Diálogos en Wall Street

Los portavoces de la Fed vuelven a hablar de suba de tasas, los osos alertan por un posible resbalón en la Bolsa. Con Gordon Gekko examinamos el presente de Wall Street.

Periodista: Después de la gran trifecta de Wall Street (Dow Jones, S&P500 y NASDAQ confluyeron en cierres récord) vuelven a oírse las voces que recomiendan no dejarse ganar por la efervescencia.

Gordon Gekko: Mejor así. Aunque el fervor en las acciones hay que buscarlo con lupa.

P.: No me va a negar que el optimismo domina la escena...

G.G.: No. Pero es muy mesurado. Nada burbujeante. Es como el agua mineral sin gas. Se toma a sorbos pequeños, sin gran entusiasmo, simplemente porque calma la sed y uno ha visto -o le han dicho- que hace bien.

P.: ¿En qué medida la ausencia de los grandes jugadores -los escritorios semivacíos de Wall Street por las vacaciones- ayudó a que el rally cobrase vuelo?

G.G.: Uno puede pensar que con poco volumen y mucha determinación es más fácil marcar precios más altos.

P.: Un veranito, dicen los escépticos...

G.G.: Eso dicen...

P.: Razón no les falta. El volumen de transacciones es famélico.

G.G.: Correcto. También es verdad que normalmente esta época del año es así. Lo que sí desentona con el cuadro actual es el patrón habitual de agosto.

P.: Nada constructivo.

G.G.: De costumbre, bajo la prescripción del Sell in May, de vender y permanecer afuera. La suba es especial en ese sentido. La ruptura de los máximos que llevaban más de un año en vigencia es una pequeña proeza, máxime después del inesperado "brexit". Y el quiebre fue significativo, no una mera perforación fugaz.

P.: Quizás se objeta que el avance de las acciones no tiene cabal correspondencia con una mejora de los fundamentos.

G.G.: Las cotizaciones llegaron a nuevos máximos, las ganancias históricas de las compañías cayeron y en cambio las ganancias esperadas subieron. Si usted es de los que prefieren pájaro en mano a cien volando, es lógico que no se sienta cómodo. Lo suyo son los bonos del Tesoro, claro que lo disponible rinde el 1,5% a diez años.

P.: Tampoco hay cien pájaros volando, susceptibles de caer pronto en la red. Son dos o tres, el horizonte no es demasiado brillante.

G.G.: Lo importante es que no se aviste una recesión en lontananza. Si la economía se arrastra como un caracol, el rendimiento corriente de las acciones, el flujo anual de dividendos, será mayor que el de los bonos y, guste o no, lo que hoy está caro podrá seguir estándolo hacia delante.

P.: No sólo los escépticos hacen escuchar su voz, también aparecieron los oráculos de la Fed con un discurso áspero...

G.G.: Bill Dudley, de la Fed de Nueva York, alertó sobre la complacencia de los mercados. Nos estamos acercando a un punto en el que la Fed deberá apretar el gatillo de la suba de tasas, dijo. Y no fue un mensaje en soledad. Dennis Lockhart, de la Fed de Atlanta, arriesgó que los retoques podrían ser dos en lo que resta del año.

P.: ¿Lobo está? Es la enésima advertencia y, salvo un único ajuste de tasas en diciembre pasado, hubo siempre mucho ruido y nada de nueces. ¿Cuál es la idea de volver a machacar con la suba de tasas?

G.G.: Se están anticipando a la difusión de las minutas. Me imagino que allí se plantea que el tema se discutirá en serio en la próxima reunión de la Fed.

P.: Quién sabe de qué estaremos hablando dentro de un mes, el 20 y 21 de septiembre.

G.G.: El banco central es prolijo, cumple su rutina. No abandona su empeño por normalizar las tasas de interés. Cuando pueda vacunarnos, lo hará.

P.: ¿Podrá en septiembre? ¿Sentirá el golpe la Bolsa?

G.G.: Si la Bolsa acusa recibo, la Fed no querrá correr riesgos. Pero si la Bolsa no pestañea, tampoco hay vía libre. Con una elección por delante, y con estos candidatos, la Fed no la tiene fácil. Si Trump llegase a ganar, hoy parece improbable pero nadie puede descartarlo, quizás deba bajar la tasa de apuro en vez de elevarla.

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