22 de diciembre 2016 - 23:47

Diálogos de Wall Street

El Dow Jones merodea los 20 mil puntos pero demora el zarpazo, y nos da tiempo para consultar a Gordon Gekko sobre la salud de los “animal spirits” en Wall Street.

 Periodista: El guerrero reposa después de su ofensiva relámpago. ¿Qué llegará primero, el cambio de año o el Dow Jones en 20.000 puntos?

Gordon Gekko: Estamos en tierra de gigantes. Déjelo descansar un momento y el mercado le cumplirá el deseo.

P.: A esta altura no es mucho pedir.

G.G.: Es la formalidad de una suba adicional de 0,5%. Nada, una minucia, al lado de las proezas que estamos viendo. En la Bolsa y fuera de la Bolsa. Sin ir más lejos, tenemos el dólar y el petróleo, ambos, en los máximos del último año. No se observa muy seguido.

P.: Y sin embargo el cansancio es notorio en Wall Street. No sólo físico, sino mental. De repente, asoman dudas, algún cuestionamiento, indicios de vértigo.

G.G.: No es para menos. El ascenso fue rampante.

P.: Y todo basado en expectativas. Hay quien se pregunta si no sería prudente esperar por alguna confirmación concreta. La capacidad de ejecución de la Administración Trump es una incógnita, y la estamos pagando como la mejor.

G.G.: La prudencia se bajó dos o tres estaciones atrás. Está claro que los mercados exageran, y que el que quiera puede desensillar hoy a precios excelentes. Sin embargo, los inversores hacen una pausa, miran a los costados, pero no desmontan de sus posiciones.

P.: ¿Qué esperan?

G.G.: Que el rally de la Bolsa recupere fuerzas y retome el envión.

P.: Se cebaron.

G.G.: Usted lo dijo. Confían, creo yo, en que la estacionalidad está de su lado, y va a derramar todavía una contribución extra.

P.: ¿Cómo incide la marcha de las tasas largas? Finalmente, parecería que los bonos han encontrado un piso.

G.G.: Es una gran noticia para todos. Empezando por los bonos pero también para el camino alcista de las acciones. Tarde o temprano, la suba incesante de las tasas largas iba a arruinar la fiesta. Es bueno saber que vuelve la calma en la retaguardia.

P.: Quizás estamos cerrando un capítulo. La bienvenida a Trump ha sido apoteósica, la cuota de festejos la hemos cubierto con creces. Podríamos entrar en un cuarto intermedio, a la espera de que el presidente electo asuma sus funciones y nos diga, en concreto, qué es lo que piensa hacer.

G.G.: Es demasiado tiempo, un mes entero, como para pensar que los mercados se vayan a quedar de brazos cruzados. ¿Se toman un descanso? Sí. Pero no será tan prolongado.

P.: ¿Cómo cree que influyó el ajuste de tasas cortas que hizo la Fed?

G.G.: De manera muy positiva. Fue una aspirina como el año pasado, pero, a diferencia de 2015, esta vez no hubo ningún dolor de cabeza. Ni antes ni después.

P.: Señal de mercados más firmes.

G.G.: A valores mucho más altos. "Eufóricos", diría un amante del pensamiento crítico. Lo bueno de la aspirina, y de la "promesa" de despachar otras tres más en 2017, es que sirven para moderar la euforia y, de paso, van a distender las expectativas de inflación. Creo que la Fed le facilitó una pista de aterrizaje a los bonos que las tasas largas necesitaban con urgencia.

P.: La Fed es el antídoto a mano contra la euforia.

G.G.: Tal cual.

P.: Aunque Janet Yellen no se esforzó mucho por pinchar el globo.

G.G.: Fueron años de política monetaria revolucionaria, y, la verdad, es que no pudieron cambiar el estado de ánimo como lo hizo Trump. Y lo consiguió de un plumazo. La Fed agradece el shock de confianza, no lo va a torpedear, pero también es su deber prevenir los excesos.

P.: ¿Cree que gatillará otra suba de tasas pronto?

G.G.: Sería muy brusco. Antes de eso va a elevar de tres a cuatro los aumentos de tasa previstos para 2017. Ya jugó con esa receta y probó ser una herramienta de mensajería incruenta pero eficaz.

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