30 de octubre 2009 - 00:00

Díaz convierte la ciencia en arte

Una de las obras de «Universos Hipotéticos», primera muestra individual de Gustavo Díaz, en la que rondan ideas como la entropía, la teoría del caos, variables matemáticas, entre otras.
Una de las obras de «Universos Hipotéticos», primera muestra individual de Gustavo Díaz, en la que rondan ideas como la entropía, la teoría del caos, variables matemáticas, entre otras.
La obra de Gustavo Díaz invita a preguntarse cómo abordarla, si desde un punto de vista artístico o científico. Dejamos para el final de esta reseña las posibles conclusiones, ya que su recorrido por escuelas y talleres de arte desde su infancia hasta los Profesorados de Pintura y Escultura de la Pueyrredón lo ubicarían en el primero.

Después de sus estudios en la Otto Krause, Díaz orienta su interés hacia el pensamiento científico. Es así que su primera muestra individual en Proyecto A-Arte Contemporáneo (Av. San Juan 560, San Telmo), bajo la curaduría de Patricia Rizzo, nos enfrenta a «Universos Hipotéticos», en los que rondan teorías sobre los «bits tangibles», es decir, «dar forma física a la información digital para poder manipular los bits directamente con nuestras manos y posibilitar el reconocimiento medio ambiental de la información en la periferia de la conciencia», según una idea de un científico del MIT.

Este pensamiento y otros están como trasfondo de esta exposición sobre los que echan luz los textos del catálogo, por ejemplo: la entropía, la teoría del caos, variables matemáticas, arquitectónicas, geométricas, las ciencias puras, fractales, magnetismo, exceden nuestro conocimiento pero el artista ha intentado comunicarlo cuando se refiere a su obra y a su proceso creativo.

Prescindiendo de teorías, como contemplador, lo primero que llama la atención es su perfeccionismo, la laboriosa y minuciosa manipulación de acrílico calado, vinilo, material reflectivo, vinil cortado sobre acrílico, acrílico transparente, espejos, elementos que elabora personalmente, encastra, dibuja, perfora, un trabajo obsesivo. Cuando el contemplador se acerca a este universo riguroso, complejo, a la manera en la que Díaz construye, ya sea los objetos, los dibujos de carácter óptico, así como aquellos que rozan la inmaterialidad y parecen disolverse, no puede menos que maravillarse ante su calidad estética.

Hay otra serie de obras, «Coaliciones formales autogeneradas», vinilo cortado y pegado sobre acrílico, sistemas formales que en su parte externa «está generada desde la estructura interna del propio sistema». La serie «Paradigma de la línea-de Platón a Deleuze», en la que desarrolla la visión de la línea visible-inteligible y la modificación de la visión deleuziana acerca del rizoma.

No obstante el conocimiento científico al que deberíamos bordear, al menos para comprender el sustento de la creatividad de Gustavo Díaz, sus obras son poéticas, sensibles, una relación arte-ciencia, elaborada en el silencio de Cariló, lo que le permite sumergirse en un «Universo Hipotético», de gran belleza, una utopía para aquellos que habitamos en el ruido de las ciudades.

Clausura el 7 de noviembre- Eduardo Hoffman

Conocimos la obra de Eduardo Hoffmann (Mendoza, 1975) en una época, entre 1992 y 1996 aproximadamente, en la que se sucedían importantes exposiciones de artistas contemporáneos argentinos y extranjeros en Galería Der Brücke. A través de las ferias de Art Basel (Miami- Basilea), Art Chicago, ARCO, ArteBa, entre otras, logró hacer conocer su obra al mismo tiempo que intervenía en importantes exhibiciones colectivas, ganado premios como el Premio Joven Pintura Argentina Fundación Amalia Lacroze de Fortabat, Beca Consagrados «Antorchas».

Actualmente expone en Lordi, (Venezuela 617), un nuevo espacio muy apropiado para sus inmensas telas de gran peso específico, en las que continúa desarrollando un diálogo muy fluido con la materia que ofrece múltiples capas, combinaciones colorísticas que se esparcen por la superficie. Hacia 1993 había un cierto ordenamiento geométrico, figuras que podían «leerse» entre la resina, los esmaltes y pigmentos. Una suerte de prolongación escultórica, maderas retorcidas se desprendían de sus telas por lo que la mirada iba y venía recorriendo ese continuum a la manera de un río que fluye.

En 1996, última vez que vimos un conjunto de obras en una muestra individual, «El Elespario Vivo», su alquimia se hizo más notoria, la trama matérica permite a manera de un palimpsesto, reconstruir imágenes que parecen surgir de tiempos remotos.

En sus actuales obras esta idea se ha acentuado, las formas definitivas se han borrado, es un regodeo alquímico y como tal deben admirarse, un gran despliegue del dominio de la pintura.

Al subir a la sala del primer piso, es el mismo Hoffmann que nos aguarda .Todo se vuelve nítido y el artista vuelca su mirada a emblemáticos cuadros: al Goya del «Fusilamiento del 3 de Marzo», a «Ceci nest pas une pipe» de Magritte, un trabajo óptico en tinta sobre papel, minucioso, repetición de la imagen como un cuadro cinematográfico congelado, mandalas o círculos de múltiples colores de carácter cinético, grandes formas en aluminio calado policromado que penden del techo y hasta un juego conceptual y publicitario en blanco y negro con las palabras Yellow, Red. Gray, Blue, su visión del «Broadway Boggie-Woogie» de Mondrian.

Una pintura diferente, intensa, de gran riqueza visual, atemporal y alejada de toda banalidad.

Clausura el 15 de noviembre.

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