21 de enero 2011 - 00:00

Dicen en el campo...

Julián Domínguez
Julián Domínguez
... que clima y protesta fueron los ejes sobre los que giró la semana en forma casi excluyente. Así, mientras algunas lluvias traían alivio relativo a varias de las regiones productivas más comprometidas (aunque no lo suficiente como para revertir la situación), el cese de comercialización de granos que comenzó el domingo, y se extenderá hasta pasado mañana, lograba una sorpresiva adhesión. «Si por el lado de la oferta el acatamiento fue alto, lo llamativo es que también la demanda se retrajo y no puso ninguna presión para forzar operaciones», reconoció un alto dirigente del comercio agrícola que, por obvias razones, prefirió el anonimato. Es más, hasta dio la impresión de que la sorpresiva gira del ministro de Agricultura, Julián Domínguez, por La Pampa y por varias localidades trigueras de Buenos Aires, como Tornquist, Coronel Suárez y Goyena, llevando créditos, plata para caminos, etc., en plena medida de protesta, lejos de debilitar el reclamo chacarero, lo consolidó más aún. Tampoco pasaron desapercibidas las declaraciones «a favor» del diálogo con el campo de parte del funcionario, lo que durante meses no había logrado eco positivo hasta la medida de fuerza.

... que la situación del funcionario, aunque aparentemente más distendida, sigue complicada tanto por la protesta rural que no logró impedir, como por la propia interna del Gobierno (sobre todo con el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno), y hasta por cierto desmanejo en la propia cartera, fruto en parte del desconocimiento técnico. De hecho, no son pocos los analistas privados que, si bien reconocen los rindes extraordinarios del trigo en esta campaña (directamente proporcionales a los problemas de calidad que presenta), dudan totalmente de que el resultado pueda alcanzar a más de 36 quintales por hectárea promedio, que es lo que haría falta para lograr la cosecha de 15 millones de toneladas de la que habla el Gobierno. La duda se da, entre otras cosas, por el poco fertilizante que se utilizó, y porque los mayores rindes que se acusan, en plena zona típica, apenas arañan los 38/40 quintales promedio (Tandil, Tres Arroyos), mientras que muchas localidades registran rendimientos de apenas 12, 15, o 20 quintales por hectárea (B. Blanca, Patagones, etc.). Así, más vale, hablan del «trigoducto», por el cual se estarían inyectando al mercado entre 2 y 3 millones de toneladas que, en realidad, estaban «guardadas» de la cosecha pasada, pero que ahora se deben «blanquear» ya que, en caso contrario, la molinería no las compra pues sus operaciones deben ser regulares para poder acceder a los atractivos subsidios oficiales, que cada vez penden más de un hilo. Lo peor para Domínguez es que si esto es así, le estaría dando la razón a Moreno, quien desde el año pasado sostiene que hay entre 3 y 4 millones de toneladas guardadas... Para colmo, mientras el ministro sigue sosteniendo que el mercado está liberado y que se debe pagar el precio FAS, algo por arriba de $ 919 la tonelada, la realidad muestra que el grueso de las operaciones oscila entre $ 720/770, es decir, estarían sufriendo la quita adicional que denuncian los productores.

... que este no es el único conflicto del sector, ni del Gobierno. Por caso, al conflicto de la fruta en el Alto Valle (que provocó una serie de cortes de rutas) se agrega también el «recalentamiento» del sector lechero, acosado por los mayores costos que le provocan la seca (más compra de alimento) y la inflación real, frente a precios congelados desde hace meses en tranquera de tambo, esto sin mencionar el nerviosismo general por la inestabilidad del clima que, no sólo no revierte las pérdidas que ya se produjeron, sino que además sigue poniendo en jaque los rindes, ahora ya de la soja dado que el maíz está jugado. Tampoco están muy tranquilos algunos sectores de la industria, como la molinería, que dependen casi absolutamente de los atrasados subsidios oficiales (se les adeuda, a muchos, desde septiembre), aunque prácticamente no se animan a emitir sonido alguno por el momento. Más activo se vio a algunos miembros del gabinete, como el ministro de Trabajo, Carlos Tomada, que no dudó en arremeter contra el campo, y «chicanear» a la Mesa de Enlace por el «trabajo en negro» que se produce en algunas etapas de la comercialización y que, en realidad, tampoco es atribuible directamente a las multinacionales, ya que se trata de tareas tercerizadas. Por otro lado, el embate también repone sobre el tapete la propuesta oficial para modificar el Estatuto del Peón Rural, sin considerar la propuesta acordada entre las entidades y el gremio, que ya está en el Congreso desde el año pasado. Y en esta nueva movida no pocos creen ver un intento oficial por restarle autonomía al manejo de fondos del gremio de los rurales que, no sólo no es oficialista, sino que abiertamente declaró su adhesión al ex presidente Eduardo Duhalde. Así las cosas, las «diferencias» internas, casi inocultables a esta altura, de la Mesa de Enlace, volvieron a quedar relegadas ante la necesidad de mostrar un frente monolítico ante la aparente estrategia oficial de «ruptura» que, por ahora, no dio resultado.

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