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Dilma bajará impuestos para beneficiar a los exportadores
Dilma Rousseff inició ayer su gestión con una serie de señales positivas para el sector privado brasileño. Más allá de la coyuntura económica y política, la mandataria enfrenta el reto de mostrar un perfil propio y no quedar opacada por la sombra de Luiz Inácio Lula da Silva.
«El cambio flotante no funciona como un barco que sube y baja conforme a las olas, sino más como un grupo de patos alrededor de la misma ola. Con una misma tasa de cambio, hay sectores que reaccionan bien y mal», comparó, metafórico, el funcionario en su primera declaración tras asumir al cargo.
De acuerdo con Pimentel, las exoneraciones sectoriales ayudarán a determinadas ramas de la economía a superar las dificultades a corto plazo. «Con la quita, de alguna forma, el peso del pato se reduce y sube más rápido», agregó a su metáfora.
Con el tiempo, resaltó, solamente una minoría de productos son capaces de hacerle frente al dólar barato. La nueva mandataria «está preocupada con el impacto del tipo de cambio en las exportaciones. El Gobierno no se quedará inerte ni pasivo mientras nuestra moneda se valoriza y perjudica a nuestra industria». Además, Pimentel indicó que «tenemos que ocuparnos de encontrar caminos sin alterar el modelo de tipo de cambio flotante que adoptamos», sugirió.
Esta medida podría impactar en el balance del comercio con la Argentina, ya inclinado a favor de Brasil. En la actualidad, las transacciones entre ambos países alcanzan los u$s 30.000 millones, con una diferencia de u$s 4.097 millones en ganancias para el gigante sudamericano. Los textiles y los calzados brasileños están sujetos a cupos en el mercado de su socio en el Mercosur.
El apuro del Gobierno brasileño para paliar el problema se explica en los balances diarios. El dólar cayó ayer casi un 1%, a 1,65 real, un valor que no se registraba desde septiembre de 2008, antes del inicio de la crisis económica en EE.UU.
En 2010 el dólar perdió el 4,4% de su valor frente al real, la moneda que más se valorizó en el mundo en los últimos ocho años, un 108%, según la consultora Economática. Los efectos del «superreal» influyeron en la balanza comercial, que cayó un 19,7% en 2010 comparado con 2009, el peor resultado de los gobiernos del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, aunque con un récord en las exportaciones.
Por otra parte, Rousseff, de 63 años, no perdió tiempo en abordar varios de los temas que podrían ensombrecer la notable bonanza económica de Brasil, incluyendo una reciente alza del gasto público que ha alimentado una incipiente suba de la inflación.
La nueva ministra de Planificación, Presupuesto y Gestión, Miriam Belchior, prometió que la presidenta «escuchará cuidadosamente las preocupaciones del mercado» sobre gasto y entonces «tomará toda medida que consideremos apropiada». Belchior también dijo a la prensa que el monto exacto de los recortes presupuestarios se decidirá este mes, aunque varios medios locales publicaron ayer que el total ascendería a 25.000 millones de reales (u$s 15.000 millones), algo más que lo esperado por los inversores.
Rousseff, una ex izquierdista pragmática que asumió el sábado, podría tener dificultades para equilibrar los planes de austeridad con las grandes metas que ha prometido para sus cuatro años en el poder, como terminar con la pobreza extrema y mejorar la infraestructura antes del Mundial de Fútbol 2014 y los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro de 2016.
El actual clima de euforia y la escala de las ambiciones de Rousseff quizá fueron graficados mejor por su nuevo ministro de Ciencia y Tecnología, Aloizio Mercadante, quien dijo ayer que Brasil pronto podría convertirse en «el primer país tropical desarrollado del mundo».
Rousseff y sus principales asesores pasaron ayer el día concentrados en temas económicos. En la agenda también figuró el juramento del nuevo presidente del Banco Central, Alexandre Tombini.
En una decisión que podría augurar una apertura mayor a la empresa privada para resolver problemas de infraestructura, Rousseff planea privatizar la construcción y operación de nuevas terminales en varios aeropuertos, por caso la principal aeroestación internacional de San Pablo, informó ayer el diario Folha de Sao Paulo.
Los mal equipados puertos y las pobres escuelas de Brasil son considerados la mayor amenaza a mediano plazo para una economía que se espera que se enfríe algo en 2011 pero
que aún superará el desempeño de buena parte del mundo y crecerá entre un 4% y un 5%.
Los aeropuertos de Brasil son administrados actualmente por la agencia estatal Infraero, que no ha logrado enfrentar una creciente demanda de viajes aéreos en momentos en que millones de brasileños pasan a la clase media. La presidenta también planea realizar una oferta pública inicial de acciones (OPI) de Infraero, informó el diario Folha de Sao Paulo. Ambos planes sorprenden, ya que Rousseff criticó reiteradamente los planes de privatización de gobiernos anteriores durante su campaña presidencial.
También hubo novedades sobre otro tema que probablemente dominará la agenda de la nueva administración: el futuro de las enormes reservas de crudo de Brasil en los yacimientos descubiertos en el mar. El ministro de Minas y Energía, Edison Lobao, dijo ayer que la primera subasta de bloques petroleros tendrá lugar este mismo año.
Agencias Reuters y ANSA


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