La mandataria se declaró el martes por la noche cansada de las críticas de la FIFA a la organización del Mundial, que empezará dentro de una semana. "Hace mucho tiempo que no concuerdo con varias declaraciones, la verdad hace mucho tiempo... Brasil no está obligado a escuchar ciertas consideraciones que hieren a su soberanía", declaró al ser indagada sobre dichos de Jerome Valcke, secretario general de la Federación Internacional de Fútbol Asociado.
El mes pasado, Valcke sostuvo que los brasileños parecen estar más empeñados en conquistar su sexta copa que en concluir las obras de las doce sedes donde se realizará el torneo. "No estoy de acuerdo con eso. Brasil es muy capaz de hacer las dos cosas a la vez, luchar por la Copa y organizar la mejor del mundo", aseveró la presidenta.
Los choques entre el Gobierno y la FIFA han sido moneda corriente. Hace dos años, por ejemplo, Valcke sostuvo que les daría una patada en el trasero a las autoridades brasileñas, por lo que fue declarado persona no grata por el ministro de Deportes, Aldo Rebelo. Semanas más tarde, el entredicho fue superado y Valcke recorrió y criticó nuevamente las obras en los estadios.
Pero Rousseff fue más allá, al abordar la espinosa cuestión del elevado costo de las obras, estimado en 11.000 millones de dólares, algo que generó una palpable ola de irritación social. Según ella, la FIFA había prometido inicialmente que los estadios se harían con fondos privados. Pero cuando su Gobierno vio que no salía de allí ni "medio estadio", lanzó líneas de financiación pública para que pudieran construirse. Asimismo, destacó que la inversión pública realizada "es para Brasil" y no para la competición en sí.
Defendió en ese sentido las obras en aeropuertos y de movilidad urbana, asegurando que se aceleraron porque muchas ciudades no las habían planificado en años, aunque reconoció que buena parte se terminará después del torneo.
Las críticas llueven sobre el Mundial, especialmente por las millonarias inversiones públicas en los estadios que los brasileños reclaman para servicios de transporte, salud y educación. Cuatro estadios, además, todavía no están terminados a siete días del inicio del torneo.
Tolerancia cero
Los brasileños protagonizaron grandes manifestaciones callejeras en junio de 2013, en medio de la Copa de las Confederaciones, exigiendo inversiones sociales. Ante la eventualidad de una reactivación de las protestas durante el Mundial, Rousseff afirmó: "Garantizaremos plenamente la seguridad de las personas" y que las manifestaciones podrán llevarse a cabo si son "pacíficas" y "no imposibilitan la vía pública necesaria para la Copa".
"No voy a admitir que haya ningún tipo de desmanes con la intención de impedir que la gente tenga acceso a la Copa. No es democrático destruir la propiedad privada y pública, y mucho menos que las manifestaciones tengan costos humanos", afirmó.
La mandataria, que se jugará la reelección en octubre, descartó una relación entre la política y el Mundial. Si la Copa influye en la votación, es algo que "depende de los electores", sentenció.
Rousseff evitó confirmar si va a pronunciar un discurso en el partido de apertura del Mundial, el próximo jueves 12 en el estadio Itaquerao de San Pablo, luego de la silbatina que recibió el año pasado en la Copa de las Confederaciones.
La consultora Ibope publicó ayer que el 42% reprueba el Mundial, porcentaje que sube a más del 60% en una encuesta del centro estadounidense Pew.
Ante la necesidad de modificar el ambiente social, irritado además por un empinamiento de la inflación al 6,5% y el bajo crecimiento de la economía, Rousseff concedió también dos entrevistas, ambas publicadas parcialmente ayer por la cadena Bandeirantes y el diario estadounidense The New York Times.
Por otro lado, en sus declaraciones afirmó que no puede explicar por qué la economía está creciendo tan lentamente, y atribuyó los problemas al "ánimo adverso" de los mercados hacia el país anfitrión del Mundial en lugar de una necesidad urgente de reformas.
La economía de Brasil promedió un crecimiento de sólo un 2% anual desde que la exguerrillera llegó al poder en 2011, aproximadamente la mitad del ritmo que convirtió al país en el favorito de Wall Street en la última década. Muchos inversores y empresarios dicen que se necesitan reformas impositivas y laborales para desbloquear una nueva era de crecimiento.
Pero Rousseff aseguró que las condiciones ya están maduras para un crecimiento saludable y pareció restar importancia a la necesidad de importantes cambios económicos si es reelegida para un segundo mandato.
"No se puede explicar por qué Brasil no está creciendo más rápido", dijo. "Todas las condiciones apuntan no sólo a un crecimiento en Brasil, sino a un buen crecimiento. Parece que hay un estado de ánimo adverso hacia Brasil hoy. No sé por qué, declaró.
Por último, comentó su disposición de viajar a Estados Unidos, aunque no quiere hacerlo en el corto plazo, y dijo que espera con interés la reunión que tendrá este mes con el vicepresidente Joe Biden, la primera de alto nivel tras la crisis por el espionaje global norteamericano.
"Aún no existen condiciones para una visita de Estado a Washington. Las relaciones con Estados Unidos son buenas y no sufrieron ninguna interrupción" debido a la polémica por el espionaje de la NSA, que la afectó de modo personal.
"Podemos volver a nuestras relaciones tal como eran" antes de la crisis de 2013, y subrayó su respeto hacia Barack Obama, dijo a The New York Times.
| Agencias Brasil247, ANSA, AFP, DPA y |
Reuters, y Ámbito Financiero

