27 de agosto 2009 - 00:00

Discreto movimiento para reconciliar a Ecuador y Colombia

Hay movimientos impensados antes de la cumbre de la UNASUR en Bariloche, convocada de urgencia luego de que se conoció el acuerdo entre Washington y Bogotá para el establecimiento de siete bases militares en suelo colombiano. Colombia y Ecuador estarían a punto de reanudar sus relaciones diplomáticas, interrumpidas desde marzo de 2008.

Ante la consulta de Ámbito Financiero, desde el Gobierno de Álvaro Uribe admiten que se avanzó mucho en el acercamiento con el de Rafael Correa, pero que, frente al tenso clima creado a priori de la reunión de la UNASUR, prefieren manejarse con pies de plomo y calificar a este estadio de la relación como de «despresurización».

Desde Brasilia, mientras tanto, el Gobierno de Lula da Silva también colaboraba en el establecimiento de un «vector de distensión» en el recargado clima que provocó el tema de las bases militares (fogoneado más que nada por el venezolano Hugo Chávez, quien pregonó que soplaban «vientos de guerra»). La velocidad con que se iba reacomodando la situación obligó a retocar varias veces las agendas de los presidentes. En especial las del colombiano Uribe y del brasileño Lula, que a último momento de ayer decidieron adelantar su llegada -en un principio pensada para mañana a la mañana- para la noche de hoy, cuando durante la cena, ambos presidentes buscarían aunar criterios y discursos de cara a la reunión general del Llao Llao.

Hubo, también, durante el transcurso del día de ayer, pedidos y condiciones. Desde el palacio presidencial Casa Nariño, se hizo saber que Colombia no iba a modificar el acuerdo con EE.UU., pero que en la reunión se buscaría aclarar todas las dudas que los países sudamericanos tuvieran al respecto. El canciller Jaime Bermúdez pidió que el cónclave del viernes fuera televisado en directo, para evitar trascendidos o interpretaciones parciales. Varios países objetaron esa sugerencia. Entre ellos, Venezuela.

Al cierre de esta edición, las consultas entre Colombia y Ecuador seguían siendo febriles. Sin embargo, algunos temas espinosos ya habían sido aceitados, como dejó trascender Folha de S. Paulo, todos ellos derivados de la incursión colombiana en suelo ecuatoriano el 1 de marzo de 2008, cuando arrasó el campamento de Raúl Reyes, líder de las FARC. Entre ellos, el de la extraterritorialidad en el combate a la narcoguerrilla, y que el Gobierno de Correa depusiese el ataque judicial contra Juan Manuel Santos, ex ministro de Defensa y posible candidato a suceder a Uribe.

Fue el resultado de la urgente intervención, el martes, de dos emisarios brasileños: el ministro de Defensa, Nelson Jobim, y el asesor especial de Lula, Marco Aurelio García, ante los ministerios de Defensa, que tanto en Bogotá como en Quito habían producido el milagro. Puntadas finales al remiendo que paciente y subterráneamente venían haciendo las cancillerías colombiana y ecuatoriana desde hace algunas semanas, tanto en el terreno diplomático como en el comercial (hace unos días, Quito levantó las salvaguardias para productos colombianos).

Gira

Simultáneamente, el vicesecretario para Asuntos Hemisféricos del Departamento de Estado, Christopher J. McMullen, hacía una rápida gira por los países de la región (ayer estuvo en Buenos Aires y en Montevideo). No se descarta que el Gobierno de Colombia haya pedido la ayuda de Washington para reforzar su gestión.

El acercamiento entre los gobiernos de Uribe y Correa dejaría a Chávez sin Correa como ladero contra Colombia, la aliada de EE.UU., que, para el venezolano, es socia del «imperio» en la región. Le queda, por ahora, un ala sana: el boliviano Evo Morales, quien ayer pidió que cada uno de los países de la UNASUR convocase a un referendo para aprobar o no las bases en Colombia. Una manera bolivariana, desde la máscara de la democracia plebiscitaria, de seguir interfiriendo en los asuntos internos de otros países.

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