Distensión: vuelve Hugo Moyano a la Casa Rosada

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Hugo Moyano volverá hoy a la Casa Rosada, invitado por Cristina de Kirchner para la convocatoria organizada a las 19 en la que se esperan anuncios. Se trata de un gesto de distensión que lanzó el Gobierno y que fue acogido de manera favorable por el camionero, cuando la relación entre ambos amenazaba con romperse. La participación de Moyano en el acto de hoy está en línea con la estrategia desplegada por sus principales colaboradores, y anticipada ayer por este diario, de acercar las posiciones.

El propio jefe de la CGT se encargó de confirmar su participación en el acto convocado por la mandataria. En una entrevista en un canal de cable, Moyano dijo anoche que la relación con el Gobierno «no está rota» sino que atraviesa un «compás de espera». Una sutil pero notable diferencia con la calificación de «suspendida» que el líder sindical y sus aliados utilizaban en las últimas semanas para evaluar el vínculo.

Hasta la ratificación en persona de Moyano, sus principales colaboradores en la central obrera daban por hecho que la CGT tendría participación institucional en el acto. En ese sector aclararon que la presencia de dirigentes no implicará renunciar a los reclamos pendientes, pero manifestaron su entusiasmo por la posibilidad de anuncios relacionados con la demanda argentina por las islas Malvinas y con el mercado de hidrocarburos.

Ayer mismo comenzó a respirarse un nuevo clima en las filas del camionero. Con esa impronta, descartaron de momento la participación de la CGT en el acto convocado por la línea disidente de la CTA, que encabeza el estatal Pablo Micheli, para el 14 de marzo próximo del Ministerio de Desarrollo Social al de Trabajo, con reclamos ligados a lo salarial y a lo social.

La invitación a Moyano por parte de la Casa Rosada es fruto de un juego de presiones y concesiones que se desarrolló en los últimos días. El pico de tensión se produjo cuando Pablo Moyano atacó al Gobierno y su padre, en una entrevista que concedió la semana pasada, identificó la «sintonía fina» impulsada por la gestión actual con las «políticas flexibilizadoras» aplicadas por la administración de Carlos Menem.

Diplomáticos

De inmediato, y durante el fin de semana, se activaron los mecanismos diplomáticos por parte de los sindicalistas. Como informó este diario, el taxista Omar Viviani, el petrolero Guillermo Pereyra y el municipal porteño Amadeo Genta convencieron al camionero de bajar el nivel de tensión para buscar un acercamiento con el Ejecutivo.

Por el lado del Gobierno, mientras el diputado nacional Carlos Kunkel alentaba versiones del posible recambio en la conducción de la central obrera, otros funcionarios como el ministro de Planificación, Julio De Vido, y el vicepresidente Amado Boudou, se encargaban de transmitir en la Casa Rosada el ánimo de tregua de los conciliadores.

Los colaboradores de Moyano recibieron con entusiasmo la invitación para hoy. Y dijeron que el clima de distensión permitirá retomar la agenda de temas pendientes que Moyano explicitó a través de dos cartas que le dirigió a Cristina de Kirchner.

En esa línea, la CGT aguarda respuestas por sus reclamos acerca del peso del Impuesto a las Ganancias en los salarios de los trabajadores y de una actualización de las asignaciones familiares. También incluyó en una de las misivas la necesidad de un combate contra el trabajo en negro.

En la otra carta, Moyano desplegó las demandas de las obras sociales sindicales en cuanto al Fondo Solidario de Redistribución (FSR), que el Ejecutivo rechaza entregarles a esas organizaciones. Sobre este punto, existe un consenso generalizado en la central obrera de que el Gobierno no distribuirá los cerca de 13 mil millones de pesos acumulados en ese fondo, pero estimaron que podría haber desembolsos menores para obras sociales aquejadas de problemas de financiamiento.

El año pasado, Cristina firmó un decreto que otorgaba del FSR 250 millones de pesos para las organizaciones de salud de los gremios, y los funcionarios habían adelantado que se trataba de la primera de un total de cuatro cuotas hasta completar un pago de 1.000 millones de pesos. Las tres cuotas comprometidas nunca se saldaron y son las que hoy aguardan los dirigentes.

En la entrevista que concedió anoche, Moyano mantuvo intactas las demandas planteadas en las cartas. Dijo que más importante que una recomposición en el vínculo con la Casa Rosada sería «dar respuestas» a esas exigencias y hasta se permitió sostener que «nunca resultaron exitosos los terceros mandatos». La declaración se produjo en momentos en que se multiplican los pedidos de sectores del oficialismo por una reforma constitucional.

Esa posición no debería implicar un ánimo rupturista del camionero, que en los últimos ocho años acostumbró a matizar sus respaldos al Gobierno con críticas de impacto variable, como las relacionadas con la inflación y sus advertencias recurrentes acerca de que las paritarias se negociarán con los números «del supermercado».

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