2 de julio 2009 - 00:00

Divididos cumple 20 años y cada vez suena mejor

Sin promocionarlo como tal, Divididos brindó un inmejorable show por sus 20 años en el íntimo ámbito de La Trastienda para deleite de sus fans históricos y nuevos.
Sin promocionarlo como tal, Divididos brindó un inmejorable show por sus 20 años en el íntimo ámbito de La Trastienda para deleite de sus fans históricos y nuevos.
Actuación de Divididos: Ricardo Mollo (guitarra y voz), Diego Arnedo (bajo y voz), Catriel Ciaravella (batería). (La Trastienda).

Si bien el show no fue publicitado como «Los 20 años de Divididos», ni se presentó un nuevo disco, los fans de la banda volvieron a congregarse frente al power trío creado en 1989, que mantiene la misma formación en guitarra y bajo con la dupla, aparentemente inseparable, integrada por Mollo y Arnedo. Y aunque rotaron los bateristas a lo largo de su historia, actualmente está el joven Catriel Ciaravella, la perdurabilidad de la «aplanadora del rock & roll» se debe a que su esencia permanece inalterable.

El paso del tiempo ha optimizado a los mejores exponentes del rock local; juntos en un escenario. Mollo y Arnedo logran una perfecta complementación a la hora de tocar, aunque también, por momentos, disfrutan de ese goce íntimo con el instrumento en los solos, momentos ideales para el lucimiento, además.

Deleitan desde el primer acorde que le basta a sus incondicionales para adivinar el tema, y sorprenden con nuevos arreglos y versiones. Generan en el público la impaciencia tan de hoy día por ir directo al fragmento «conocido», cuando lo que ofrecen es una lección de música con nuevas melodías que se añaden a las viejas. Imperturbables, ellos hacen desear al público el momento de mayor ebullición y demoran varios comienzos con exquisitos solos o combinación de «intros».

El show abrió con «Cajita musical» y luego siguieron «Ya despiértate nena», «Vida de topo» y «Brillo triste de un canchero» en la primera parte de temas menos «comerciales» y más desapacibles, pero con la estridencia justa para el fan de la banda.

Siguieron «Narigón del siglo» y «Pepe Lui» con guitarra eléctrica. Cuando sonaron «Spagetti del rock» y «Par mil», se recordó por qué estos dos temas fueron hits en las radios de rock nacional y también en boliches: están más cercanas al rock digerible por el gran público.

Presentaron dos temas nuevos pero no dieron sus nombres, y luego llegó el maratón de clásicos: «Sábado», «Paisano de Hurlingham» y, con «El 38», tuvo lugar uno de los pocos «pogos» de la noche (nunca tan descontrolados ni extensos como en los estadios de antaño; no por nada se eligió un ámbito íntimo como La Trastienda para este show).

El primer cierre con «Aladelta» (una vez más, la insuperable introducción mostró que siempre es posible reelaborarla) antecedió al verdadero final con el popurrí de Sumo («Luces calientes» y «Mañana en el abasto», entre otras).

Lo único señalable fue la falla del sonido en algunos temas, que con el acople de la guitarra opacó la voz de Mollo. Su voz también falló en algunos segmentos y no sonó tan clara como en el pasado.

Así y todo Mollo y Arnedo siguen ofreciendo el mejor rock nacional de la actualidad, cuya contracara es la escasez de referentes jóvenes de la escena local. Todavía no surgió ninguna banda nueva que supere a «Divididos» en profundidad de letras, en perfección de melodía y en ejecución. En ese sentido, y por fortuna, el tiempo no pesa.

Dejá tu comentario