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Divierte comedia estilo sitcom de ambiente retro
Acierta Oscar Martínez con la puesta al estilo televisivo de otros tiempos de «Todos felices», conformada por tres obras autónomas, de las que ya estrenó «Comedor» y «Living» («Jardín» se estrena la semana que viene).
A excepción del cuarto en donde se atrinchera la madre, víctima de un dudoso cuadro depresivo, todo está a la vista en esta comedia del dramaturgo inglés Alan Ayckbourn, titulada originalmente «The Norman Conquests» («Las conquistas de Norman» o «Conquistas normandas»).
Narra un conflictivo encuentro familiar, pero por triplicado. El truco consiste en mostrarle al espectador todas las caras de este catastrófico fin de semana entre hermanos y cuñados, a través de tres obras autónomas: «Comedor», «Living» y «Jardín» (que se estrena la semana próxima). Todas comparten el mismo conflicto; lo que cambia son los diálogos y circunstancias, y éstos a su vez dependen del ambiente en el que se está desarrollando la acción.
Otro truco: la salida de un actor coincide con su entrada a escena en otra de las obras; lo que crea un agradable efecto de continuidad. Dicho en otras palabras: el público puede disfrutar de «Living» sin necesidad de haber visto «Comedor», pero en realidad es mejor verla antes para poder captar el recorrido de los personajes en todas sus facetas y para entender mejor algunos chistes.
La trama argumental es muy sencilla, pero difícil de contar: Ani, la hija solterona dedicada al cuidado de su madre, decide tomarse un fin de semana en la costa junto a su cuñado Daniel (casado con su hermana Eva). Pero, sin querer, Ani le confiesa su plan a Sara, la maniática esposa de su hermano Leo. Esta pone el grito en el cielo y obliga a quedarse en casa. A continuación, Sara hace venir a Eva para que busque a su marido, mientras insiste en que Ani acepte como novio a su vecino Charly, un veterinario muy corto de entendederas.
No hay demasiadas peripecias, ni diálogos brillantes en «Todos Felices», pero la acción (ahora ubicada en un pintoresco 1968) va adquiriendo relieve gracias a las peculiaridades de sus personajes, la dinámica puesta en escena de Oscar Martínez y la esmerada labor de todo el elenco. Divierten la mezcla de amoralidad y candor de Ani (Muriel Santa Ana); el perfeccionismo demencial de Sara (un rol de gran lucimiento para Carola Reyna); los simpáticos lances amorosos de Daniel, rol a cargo de Juan Minujín; la miopía de Eva (Silvina Bosco) y el juego que inventa Leo, en una de las escenas más desopilantes de la obra, en la que se impone el enorme talento actoral de Carlos Portaluppi. También se destaca Peto Menahem, como Charly, un personaje entrañable y comiquísimo.
No faltará quien se identifique con las frustraciones e imposibilidades de esta familia, pero la idea es pasar un buen rato, como ocurría con las comedias televisivas de antes o las actuales sitcom de ambiente retro. Para estimular la memoria afectiva del público, se escuchan entre cuadro y cuadro temas de Palito Ortega, Leonardo Favio, Fred Bongusto y Los Iracundos, entre otros.


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