Novak Djokovic retuvo este domingo su título de Wimbledon, poniendo fin a una racha de decepciones tras no lograr los cuatro trofeos del Grand Slam en 2021, verse expulsado de Australia a principios de año y no poder defender su título de Roland Garros. El serbio, favorito indiscutible, cumplió en 2021 su misión: en la final superó al coloso italiano Matteo Berrettini y levantó el trofeo de Londres por sexta vez, la tercera consecutiva.
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Djokovic revive en Wimbledon tras seguidilla de decepciones
Después de ser expulsado de Australia a principios de año por no vacunarse y de no poder defender su título de Roland Garros, obtuvo su 21° torneo de Grand Slam y quedó a uno de Nadal, máximo ganador.
Después de ganar el Abierto de Australia y Roland Garros ese año, ‘Nole’ parecía haber hecho lo más difícil y estar en el camino del completar un Grand Slam de oro (pleno de títulos grandes en un mismo año natural), con la esperanza además de una medalla olímpica de oro.
Pero la locomotora descarriló. El serbio, en lo más alto de su carrera unas semanas antes, terminó los Juegos de Tokio sin medalla: derrotado en semifinales (por el futuro campeón, el alemán Alexander Zverev), perdió también el partido por la medalla de bronce (dominado por el español Pablo Carreño). ¿Qué se llevó de Japón? Un hombro dolorido y agotamiento mental. En septiembre en Nueva York, determinado a completar un histórico Grand Slam -que sólo el australiano Rod Laver ha logrado en individuales masculinos en la era Open, en 1969- el serbio llegó a la final.
Pero el ruso Daniil Medvedev arruinó sus esperanzas en tres sets. El final de la temporada no fue especialmente feliz para Djokovic en las semifinales del Masters ATP de fin de año, de nuevo derrotado por Zverev, que pasó a ganar el evento. También perdió en las semifinales de la Copa Davis, una prueba por equipos nacionales a la que tiene mucho aprecio.
Costosa decisión
Sólo un sexto trofeo en el Masters 1000 de París-Bercy, en el que se vengó de Medvedev en la final, alegró la última mitad del año y le aseguró terminar como número 1 del mundo por séptima vez, un nuevo récord. El año siguiente empezó mal: sin estar vacunado contra el coronavirus, obtuvo una exención para jugar el Abierto de Australia, primer Grand Slam del año y su más exitoso con nueve títulos.
Pero a su llegada al aeropuerto de Melbourne se le denegó la entrada en Australia y fue ingresado en un centro de retención de inmigrantes mientras su caso era examinado por los tribunales. Finalmente fue expulsado de Australia justo antes del comienzo del torneo. Después, también por resistirse a la vacunación contra el covid-19, no pudo jugar los Masters 1000 de Estados Unidos (Indian Wells y Miami) y retomó la competición en la gira europea de tierra batida.
El título en Roma no alivió su posterior decepción, pocos días después, de una eliminación en cuartos de final en Roland Garros a manos de Nadal.
En el proceso, cedió su posición como número 1 del mundo. Pese a todo Djokovic llegó a Wimbledon como favorito, sin haber jugado un solo partido oficial de preparación para saltar a la hierba londinense, gracias a su récord de imbatibilidad desde su eliminación en cuartos de final en 2017. Volvió a aguantar, venciendo a Nick Kyrgios por 4-6, 6-3, 6-4 y 7-6 (3) en la final para ganar un séptimo título en el All England Club e igualar a su ídolo Pete Sampras. Ahora está a una sola victoria de los ocho títulos ingleses de Roger Federer.
Con su 21º título de Grand Slam, también está a un punto del récord de 22 de Nadal. Pero el serbio, que aún no se ha vacunado contra el covid-19, corre el riesgo de que no se le permita entrar en Estados Unidos en agosto para competir en el US Open.


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