5 de marzo 2014 - 00:00

Docentes, una parábola K: de la magia inicial a alinear enfrente

El jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, junto a los ministros de Trabajo, Carlos Tomada, y de Educación, Alberto Sileoni, durante el encuentro con docentes que no alcanzó para destrabar el conflicto con los gremios educativos.
El jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, junto a los ministros de Trabajo, Carlos Tomada, y de Educación, Alberto Sileoni, durante el encuentro con docentes que no alcanzó para destrabar el conflicto con los gremios educativos.
 El 27 de mayo de 2003, en su tercer día como presidente, Néstor Kirchner tomó el Tango 10 y voló rumbó a Paraná para, en persona, fimar con los gremios docentes entrerrianos un acuerdo salarial que puso fin a 70 días de paro continuado. Fue el primer episodio cotidiano de un presidente en construcción que, como simbolismo, eligió aquella intervención personalizada justo frente a un conflicto educativo.

No era, tampoco, original. La medida más contundente del inicio del Gobierno de Fernando de la Rúa tuvo, también, el sesgo educativo cuando Juan Llach negoció el levantamiento de la Carpa Blanca, instalada frente al Congreso, luego de más de 1.000 días de protesta. Más allá de lo gestual, no le sirvió de mucho.

El paro nacional docente que hoy se derramará por casi todo el país completa una parábola compleja: de aquella irrupción de Kirchner ante el aplauso de los maestros -mientras Sergio Montiel, el gobernador radical se escabulló entre trompadas y manazos- al conflicto actualque involucra a prácticamente todo el bloque docente, incluso los gremios filo-K, y lo posiciona enfrente del Gobierno.

En la trinchera docente conviven, a pesar de los matices o diferencias extremas, desde la izquierda más partidaria -vinculada al Partido Obrero- con el moyanismo y sindicatos como CTERA y SUTEBA de relación y enlaces políticos fluidos con el kirchnerismo. Como en otros rubros sindicales, en el frente docente, la kirchnerización de tribus gremiales parece dañar a los dirigentes cercanos al Gobierno. Roberto Baradel, de SUTEBA, es la demostración más palmaria: su sector pierde afiliados, año tras año, con los grupos de la izquierda tradicional y por derecha, vía UDOCBA del poco convencional Miguel Díaz

La empatía que inyectó la Casa Rosada, que puso a Jorge Capitanich al frente de una negociación áspera y agotadora, derivó en una decisión curiosa: gremios provinciales como los de Córdoba y Santa Fe, a pesar de que sellaron acuerdos a nivel local, igual se plegarán al paro nacional con el objetivo de darle volumen y visibilidad.

El sábado último, por tercer año consecutivo, Cristina de Kirchner incluyó en su mensaje ante la Asamblea Legislativa un planteo -con aroma a reproche- dirigido a los docentes, esta vez vinculado al presentismo, cuestión que los negociadores oficiales -Capitanich, Carlos Tomada y Alberto Sileoni- incluyeron como prerrequisito en la oferta salarial arrimada a los gremios docentes.

La Presidente eligió la negociación docente como paritaria testigo para tratar de ordenar el resto de las negociaciones salariales. En otros tiempos, Kirchner usaba como referencia el acuerdo con el gremio de los camioneros de Hugo Moyano. Pero Kirchner falleció y el jefe de la CGT Azopardo transita, ahora territorios de diverso color político -hasta tuvo varios encuentros con radicales- menos el del kirchernismo.

Hay, este año, otro matiz. En 2012, año de una de las discusiones salariales más duras para las provincias, la Presidente ordenó levantar sin acuerdo previo, mediante un aumento por decreto, la paritaria nacional docente que hasta entonces había funcionado como referencia -mejor dicho como "piso"- para las negociaciones en las provincias. En 2012, esa guía se esfumó y derivó en una crisis política en la provincia de Buenos Aires que llevó a Daniel Scioli a aceptar un acuerdo salarial que, cuando lo firmó, no podía pagarlo.

Unos meses después, sin asistencia extra de la Casa Rosada, tuvo que desdoblar el pago del aguinaldo. Fue el peor momento de la relación entre Scioli y Cristina y estuvo cruzado por el compomente docente en el que Roberto Baradel, que además de jefe de SUTEBA tiene explícita relación con el partido Nuevo Encuentro de Martín Sabbatella -que forma parte del Frente para la Victoria- se convirtió en el blanco de las quejas de los sciolistas.

La oferta salarial que ayer rechazaron los gremios forzó una conciliación obligatoria pero pone al Gobierno ante un paro nacional docente y, a la vez, a la Presidente al frente de un asunto crítico y difícil. Parece, a priori, al menos comparado con lo actuado en 2012, que Cristina de Kirchner decide intervenir en la cuestión educativa y no dejar, como en otros años, la negociación sólo en mano de los gobernadores.

La explicación, a simple vista, es económica. Cristina de Kirchner considera que una paritaria por encima del 30% de docentes repercutirá sobre las demás negociaciones y, además, en caso que las procvincias deban hacer concesiones en muchos casos -como Buenos Aires o Entre Ríos- se da por hecho que, en el tramo final, será el Gobierno nacional el que tenga que aportar los recursos.

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