Dólares comerciales (escasos) vienen sólo de un sector

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El saldo comercial argentino en la balanza de manufacturas arrojó un superávit de 6.686 millones de dólares en 2014. Sin embargo, esa cifra es un agregado, producto de diferentes saldos parciales (algunos positivos y otros negativos) de las diversas actividades que componen el comercio exterior.

Algunas actividades contribuyeron decisivamente al superávit general, con superávits intersector que generaron dólares comerciales para la Argentina; y otras (la mayoría) produjeron déficits.

El mejor resultado al respecto es el que arrojó la balanza de productos alimenticios (que incluye alimentos elaborados; desde pastas, pasando por dulces, vinos y llegando hasta carnes procesadas), que obtuvo en 2014 un superávit (diferencia entre importaciones y exportaciones del sector) de 16.309 millones de dólares. Claramente es un rubro de incidencia estratégica en la estabilidad cambiaria de la Argentina, además de ser una actividad de destacable inserción internacional.

El segundo mejor resultado es el obtenido por el rubro de productos vegetales (que incluye los granos, como cereales u oleaginosas, pero también otros productos como frutas u hortalizas), que obtuvo un resultado superavitario de 11.849 millones de dólares en 2014.

Esos dos son los únicos sectores que aportaron superávits de cinco dígitos en millones de dólares.

El tercer mejor resultado en la balanza intrasectorial (aunque ya con cifras menores) fue el de productos del reino animal (que incluye las carnes de todo tipo, en carácter de producto primario o sin procesar, o los animales vivos), que logró un superávit de 5.203 millones de dólares.

Luego, el cuarto mejor resultado fue el de las grasas y los aceites (que incluye los aceites de soja, girasol, maíz y maní, que la Argentina vende primordialmente a granel, pero dentro de los cuales tiene en algunos liderazgo mundial, especialmente en los casos de los aceites de soja o de maní), donde se obtuvo un superávit de 4.497 millones de dólares.

Estos cuatro rubros pertenecen todos al conjunto de productos de origen agropecuario. Sea que son primarios o manufacturados (los hay de ambos tipos en las categorías referidas), los resultados reflejan claramente que los productos de origen agropecuario son los que obtienen los grandes saldos favorables. Lograron en conjunto un enorme superávit comercial de 37.924 millones de dólares.

Mientras tanto, existen déficits en otros sectores que reducen ese superávit. Por un lado, el de minerales (que incluye los combustibles minerales), que arroja un saldo negativo anual en 2014 de 6.927 millones de dólares (prácticamente 7.000 millones, o casi un quinto del superávit de las actividades de origen agropecuario).

Por otro lado, existe un déficit comercial intrasectorial en el conjunto de actividades industriales convencionales. Si se suman los resultados de las balanzas comerciales intrasectoriales de todos los rubros que las componen, (como químicos, plásticos, máquinas y aparatos, metales y sus manufacturas, etc.) se obtiene un déficit de 26.863 millones de dólares en 2014 en total. Esto expone de manera palmaria la necesidad de dólares que, para la economía argentina, tiene la actividad industrial. La industria es altamente deficitaria en bienes de capital, insumos, bienes intermedios, y piezas y partes importadas. Esto, sin contar además el combustible y la energía que adicionalmente esta actividad requiere, y en este ejercicio no se incorpora a este rubro (de incorporárselo, la cifra del déficit superaría los 30.000 millones de dólares en 2014).

Abona esta afirmación el hecho de que el rubro de principal déficit comercial en la Argentina es el de máquinas y aparatos, que generó el año pasado (pese a las restricciones a la importaciones que se pusieron en marcha) un déficit de 14.923 millones de dólares. Este rubro es además el que genera mayores importaciones en la Argentina (16.927 millones de dólares el año pasado, lo que significa alrededor del 27% del total importado). Desde el inicio del siglo (2011), el déficit sumado en este rubro ha sido -añadiendo los resultados de cada año- de 76.617 millones de dólares.

La conclusión lleva a afirmar que, una vez más, las actividades de origen agropecuario han generado el mayor y casi único superávit, que permite financiar altos déficits en actividades industriales y en energía.

Una referencia adicional en la misma línea puede hacerse si se agrega a lo expuesto el déficit que genera el comercio de servicios. No incluido en la información anterior que sólo consideraba el comercio de mercancías, el comercio de servicios sufrió en 2014 un déficit de 3.060 millones de dólares (por exportaciones por 13.387 millones de dólares e importaciones por 16.958 millones de dólares).

De tal modo que la balanza de comercio de bienes y servicios ve reducido su superávit en 2014 a 3.626 millones de dólares (el déficit de servicios reduce a casi la mitad el superávit si se lo consideraba sólo en la balanza de bienes y mercancías).

La Argentina, así, muestra una notoria asimetría entre unas actividades que generan superávit (de origen agropecuario) y varias (minerales, servicios y especialmente industrias) que generan crónicos déficits comerciales anuales y se valen de los dólares generados por aquélla. Y ello hace presumir que cualquier recuperación de la actividad económica que fuera prevista para 2016 generaría mayor demanda de dólares, especialmente por parte de la industria.



(*) Especialista en negocios internacionales

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