Estambul - El ministro de Agricultura, Julián Domínguez, afirmó ayer que la Argentina va a «incrementar en diez años la producción de alimentos», cuando el resto del planeta lo va a hacer en esa proporción recién «en los próximos cuarenta años».
El funcionario realizó estas declaraciones en Estambul, donde arribó ayer para participar de la reunión del Grupo de los 20 (G-20) sobre commodities que tendrá lugar hoy y en la que los países miembros buscarán avanzar en la discusión sobre la volatilidad de los precios internacionales de las materias primas.
Domínguez participará hoy de un panel presidido por el ministro de Economía de Francia, Fançois Baroin, que tratará sobre los acontecimientos recientes en el precio de los commodities y el impacto en países desarrollados y en desarrollo. Disertarán también el presidente del Banco Central de Turquía, Erdem Basci; el economista senior de la OCDE, Jonathan Coppel; y el ministro de Finanzas de Polonia, Domink Rafziwitt, entre otros.
Además, asistirán el ministro de Finanzas de Rusia, Alexei Kudrin, y funcionarios de México y Brasil, entre otros.
Las principales declaraciones de Domínguez ayer fueron:
El principal riesgo en la economía global, hoy, no pasa por los aumentos de los precios de los commodities, ni por el sobrecalentamiento de las economías emergentes. El problema es la caída del producto global y la posibilidad cada vez más concreta de un largo período de crecimiento estancado en los países desarrollados.
La clave es producir más, y esto se logra mediante la investigación en biotecnología y genética para optimizar la productividad. No coinciden los discursos que inmovilizan la investigación y el desarrollo mientras millones de hermanos se mueren de hambre.
La pobreza y la injusta distribución de la riqueza es la causa del hambre en el mundo; no el aumento de los commodities. La demanda de alimentos de la población mundial es creciente en cantidad y calidad. Y la oferta es cada vez más restringida. Estamos poniendo todo el empeño nacional en dar respuesta a esta meta, incrementando el grado de calidad para generar valor agregado y así industrializar la ruralidad.
La primera revolución de la pampa argentina hizo posible que cerca del 80% de la superficie utilice siembra directa. Ahora, con la investigación en biotecnología genética, la Argentina inició la segunda revolución de la pampa.
Agencia Télam
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