2 de junio 2016 - 00:00

“‘Doña Rosita’ fue un testimonio contra el machismo”

Hugo Urquijo: “Doña Rosita la soltera”  transcurre en esa España de grotesco machismo, donde la mujer no tenía otro destino que el matrimonio y la maternidad o ser señalada por la sociedad.
Hugo Urquijo: “Doña Rosita la soltera” transcurre en esa España de grotesco machismo, donde la mujer no tenía otro destino que el matrimonio y la maternidad o ser señalada por la sociedad.
A 80 años de la muerte de Federico García Lorca se estrenará el próximo sábado, en el Teatro Regio, una nueva versión de "Doña Rosita, la soltera o el lenguaje de las flores", con dirección de Hugo Urquijo, música original de Alberto Favero, orquesta en vivo y un gran elenco encabezado por Virginia Innocenti, Rita Cortese, Graciela Dufau y Arturo Bonín.

La adaptación del texto pertenece a Urquijo y Dufau, el diseño de escenografía y vestuario a Eugenio Zanetti y la iluminación a Eli Sirlin. Dialogamos con Urquijo.

Periodista: ¿Por qué eligió esta obra en particular?

Hugo Urquijo:
Siempre me gustó mucho y, además, es la última que Lorca estrenó en vida, poco antes de que lo asesinaran.

P.: Se dice que está basada en un suceso familiar...

H.U.:
Sí. Es algo que le ocurrió a su prima Clotilde Pérez Picossi. Ella estaba comprometida con otro primo suyo, Máximo Delgado García, quien por cuestiones laborales viajó a la Argentina y se instaló en Tucumán. Desde allí siguió enviándole cartas de amor a su prima, pese a haberse casado con otra. Y ella lo siguió esperando, con lo cual la obra también habla de la espera y de la esperanza. Aunque el tema principal sea el paso del tiempo y su poder devastador, sobre todo en mujeres que no han llevado una vida productiva.

P.: ¿Qué pensaba Lorca sobre esta obra?

H.U.:
Dijo que, de alguna manera, representaba "la vida mansa por fuera y requemada por dentro de una doncella granadina que, poco a poco, va convirtiéndose en esa cosa grotesca y conmovedora que es una solterona en España". Estamos hablando de una sociedad muy machista, donde la mujer no tenía otro destino que el matrimonio y la maternidad. Por eso las que quedaban solteras se convertían en seres señalados por la sociedad.

P.: ¿Rosita espera a su novio por amor o para evadirse de su realidad provinciana?

H.U.:
Para ella es muy difícil liberarse de ese vínculo amoroso. Como les pasa a muchas personas que siguen pegadas a alguien que las hizo sufrir y de cuya presencia o recuerdo no logran desprenderse. En ausencia del novio, Rosita queda presa de la imagen de él y de la promesa que los unió. Cumplir con la palabra dada es un valor muy español. Por lo tanto, Rosita no es sólo víctima de ese primo tan cínico; también lo es de sí misma y de una decisión que le va a arruinar la vida.

P.: Es como una flor de invernadero, sobreprotegida por sus tíos y por el ama que la trata como a una niña.

H.U.:
Sí. Es un mundo que la infantiliza. Es quedar sometido a la generación anterior. Los tíos la adoptaron cuando ella quedó huérfana y el ama es una figura materna que tiene adoración por ella. Recién al final se da cuenta de que vivió sin libertad, apresada por la rigidez de sus valores. Encarna a esa "rosa mutabile" de la que le habla su tío al comienzo, cuando le muestra el libro "El lenguaje de las flores": "Cuando se abre en la mañana/roja como sangre está;/el rocío no la toca/porque se teme quemar". Así empieza el poema de la rosa mutabile que se transformó en canción con música de Favero, como todos los textos poéticos que aparecen en la obra.

P.: Éste es uno de los motivos que lo atraen a la obra.

H.U.:
Sí, y otro es su costado chejoviano, donde el paso del tiempo va carcomiendo todas las ilusiones y las esperanzas. El tercer acto es el más poético y dramático, con un nivel de texto que puede matarte de bello que es. Por ejemplo, lo que dice el ama en relación a la inútil espera de Rosita: "yo no tengo genio para aguantar estas cosas sin que el corazón me corra por todo el pecho como si fuera un perro perseguido". Estar en contacto con estos textos eleva el espíritu.

P.: A "Doña Rosita..." le siguió "La casa de Bernarda Alba" estrenada en Buenos Aires.

H.U.:
Lorca la escribió unos meses antes de morir y llevó el original al puerto para dárselo a Margarita Xirgu. Ella insistió mucho para que se subiera al mismo barco. Pero él no quiso.

P.: Tal vez se sentía intocable porque tenía contactos en ambos bandos, franquista y republicano.

H.U.:
También se habló de que un amor lo retuvo en España.

P.: Era impensable que mataran a una figura de prestigio internacional.

H.U.:
A Lorca lo mataron y enterraron en una fosa común, junto a un maestro y dos banderilleros, a poco más de un mes del sublevamiento de Franco. ¿No cree usted que eso es precisamente lo que diferencia al miedo del terror? En un régimen que instaura el terror no hay nada más efectivo que liquidar a un inocente.

P.: ¿Va a estrenar otra obra en breve?

H.U.:
Sí. "Vacas sagradas" de Daniel Dalmaroni, una obra desopilante. La estrenamos en julio en el Centro Cultural de la Cooperación protagonizada por Alfredo Castellani e Irene Almus. De pronto, se me juntaron dos estrenos. "Rosita..." se iba a estrenar en abril, en la Sala Martín Coronado y ahora, con el San Martín cerrado, yo bendigo que podamos estrenarla en el Regio, porque venimos trabajando desde el mes de octubre.

Entrevista de Patricia Espinosa