25 de diciembre 2016 - 00:12

Donald Trump fue el Santa Claus de 2016

• LA CLAVE DE LA RELACIÓN DE EE.UU. CON CHINA (Y EL INTERROGANTE DE SU RESPUESTA)
Estados Unidos tuvo la mayor suba accionaria poselectoral desde Calvin Coolidge en 1924. Aun así, la meta del Dow Jones de 20.000 puntos luce difícil.

 No hubo rally de Santa Claus. Y que no suene a reproche porque no hay motivo. Este año, Donald Trump se vistió de Papá Noel, y los trineos cargados de regalos llegaron incesantes a partir del 9 de noviembre. En la abundancia poselectoral más espléndida que se recuerde desde los tiempos de Calvin Coolidge en 1924, la Navidad de Wall Street fue mesurada. Rutinario, el Dow Jones hilvanó la séptima semana consecutiva de alzas. Pero, el premio mayor, cruzar la vereda de los 20 mil puntos, hoy una promesa trivial, al alcance del dedo pulgar, se mantiene inaccesible. Todos los índices de Bolsa avanzaron pero no más de medio por ciento, en cuentagotas, como quien mide sus pasos en camino de cornisa. Más fatiga que vértigo, por cierto, o asomo de desconfianza. Que las acciones se tomen un descanso no es noticia. Que los bonos, por primera vez desde que ganó Trump, consigan cerrar una semana positiva es la gran novedad. El cielo de la Bolsa puede esperar, lo importante es que termine el infierno de la renta fija.

El "window dressing" y el planeamiento tributario sostendrán a las acciones hasta que comience 2017. Ningún manager de portafolios querrá aparecer corto de exposición en Bolsa cuando se saque la foto del trimestre (y del año) el próximo viernes. Nadie quiere posar desprovisto de poder de fuego. Por la misma razón, en sentido contrario, lo conveniente es ralear la presencia de bonos (y el riesgo de duración). "Vestir la vitrina" para que luzca mejor al 31 de diciembre, no impedirá desvestirla después si se quisiera sacar partido de los excesos del Trump rally. Saber que el Gobierno entrante recortará los impuestos corporativos y a las ganancias de capital incentiva a mantener los papeles triunfantes en cartera en lo poco que resta del año. Ya se podrán vender en 2017, inclusive el primer día (si se confía en la promesa y se desconfía de las valuaciones), y pagar menos impuestos.

¿Hasta dónde llegará la bonanza bursátil que se alimenta del fenómeno Trump? ¿Hasta que el presidente electo se haga cargo del gobierno el 20 de enero? ¿O hasta la próxima tormenta de tuits? EE.UU. retomará la carrera nuclear, va a cambiar Naciones Unidas porque su accionar actual es inaceptable, y, dados los sobrecostos que acarrea el Lockheed F35, le pedirá presupuesto a la Boeing para que desarrolle el F18 Super Hornet como avión de combate alternativo. No es la programación de HBO sino la línea de tuits de Trump, un día agitado. ¿Será tan chispeante cuando esté en funciones? Sabemos que, con el mismo aparato, puede llamar a Taiwán y poner al rojo vivo la relación con China. Y nobleza obliga, la designación de Peter Navarro -el autor de "Muerte por China" y "Las próximas Guerras Comerciales con China"- al frente del flamante Consejo Asesor de Comercio confirma la existencia de una obsesión en serio, que va más allá de la campaña. ¿Cuándo se acabará la magia que seduce a Wall Street? De momento, los mercados prefieren creer que la verborragia es un arma incruenta, y muy poderosa; que el Partido Republicano contendrá a Trump cuando incurra en excesos peligrosos; y que, improvisación inclusive, está todo estudiado en profundidad. La esperanza mayor es que Henry Kissinger tenga razón (y no solamente esté cobrando por sus servicios) y Trump, a la manera de Ronald Reagan (y su Guerra de las Galaxias), dé vuelta la página de la historia.

Si la fe mueve montañas, ¿por qué no va a desplazar a su arbitrio las cotizaciones de Wall Street? El Trump rally era una quimera en campaña, y hoy es una realidad vibrante. La economía se resiste más que la Bolsa pero, de buenas a primeras, nadie habla hoy de "la trampa del bajo crecimiento" aunque el proteccionismo tenga presencia en el gabinete. Pero la fe es inconstante, se quebranta. Suele flaquear cuando las montañas no obedecen. Trump podrá imponer su bagaje de trucos mientras gobierne Obama pero es bueno ir pensando en lo que vendrá después. Y China es una clave. ¿Le propinará un mandoble duro y seco? ¿O jugará al ablande como hace con México? La respuesta es un enigma (y la respuesta de China, otro). ¿Dow Jones, 20.000 puntos? A 10 mil por enigma, lo más barato es el palco y sin embargo está vacío.

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