El ministro de Trabajo, Carlos Tomada, se reunió ayer con funcionarios bonaerenses con trabajadores de la gráfica y representantes del gremio. Prometió poner a salvo los 400 puestos de trabajo.
Los gobiernos nacional y bonaerense deberán buscar un mecanismo de continuidad para la gráfica Donnelley, cuyos propietarios confirmaron ayer su intención de poner fin a la actividad con una convocatoria de acreedores y un proceso de quiebra. El ministro de Trabajo, Carlos Tomada, recibió ayer a trabajadores de la imprenta de la localidad de Garín, y se comprometió a salvaguardar más de 400 puestos de trabajo. En el encuentro se encontraban funcionarios de la cartera laboral de la provincia. Hasta anoche estaban abiertas las opciones para la absorción de las actividades por parte de otra empresa, o bien la constitución de una cooperativa de trabajadores.
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La crisis en Donnelley, de capitales estadounidenses, se precipitó este lunes, cuando los operarios se encontraron con las puertas del establecimiento cerradas y una nota mecanografiada que les avisaba del inicio de la quiebra. Y derivaba sus reclamos al juez en lo Comercial que quedará a cargo del expediente, así como a un síndico nombrado para ese fin. De todos modos, los funcionarios nacionales y bonaerenses insistían ayer en asignarle un tinte no estrictamente económico a la decisión empresarial: en ese orden, creen que tuvo mayor incidencia el carácter de dirigentes de partidos políticos de izquierda de parte de los delegados sindicales del personal de la planta.
La negociación, que había comenzado en el ministerio provincial, a cargo de Oscar Cuartango, viró ayer a la cartera nacional. El ministro Tomada recibió a miembros de la comisión interna y de la Federación Gráfica bonaerense para analizar "posibles soluciones al conflicto y (acciones destinadas a) preservar los puestos de trabajo", se informó oficialmente. "Tomada criticó el accionar intempestivo y artero de la empresa gráfica", señala una comunicación.
Aunque los directivos de Donnelley habían anticipado complicaciones en los últimos meses, el desenlace de esta semana resultó sorpresivo para trabajadores y autoridades. También generó suspicacias por haberse producido en paralelo con el agravamiento del conflicto en otra firma de capitales norteamericanos, la autopartista Lear, que funciona a cinco kilómetros de distancia recostada sobre la colectora de la Panamericana. En ambos casos las comisiones internas fueron sindicadas por el sector empleador como alineadas a agrupaciones como el Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS) o el Partido Obrero (PO).
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