2 de noviembre 2012 - 00:00

Dos apuestas a futuro

Dos apuestas a futuro
Cuando se sanciona una nueva ley que contiene en su articulado algo del tenor «Art. 3.2.0 Las atribuciones previstas en los artículos antes indicados podrán ser ... delegadas ... en otra entidad calificada...» (va lo más importante de la norma), esto significa que tal vez, en la superficie, las cosas puedan seguir iguales dependiendo de la «buena cintura» que tengan los jugadores y la buena o mala fe de los reguladores (en definitiva, para estos últimos es todo «power and money»).

En el caso de un mercado de capitales permitiría mantener las mismas estructuras que antes, al costo de (más la reducción de gastos en las aéreas redundantes) quebrar y violentar el espíritu mismo del mercado. Enfrentamos así un dilema típico -por suerte no es nuestro caso- donde la «realpolitik» intenta minimizar daños, haciendo abstracción de la ética y la moral.

Se podría aducir que estos cambios abren un camino al crecimiento, pero eso es no saber nada de finanzas. El tuétano de los mercados es la confianza, y cuando se la violenta cercenando un derecho humano básico (el de la propiedad y su derivado, el de regularse a sí mismos: decidir qué está bien y qué está mal, actuar en consecuencia y recibir los premios o castigos que determinen los demás) lo único seguro es el fracaso, simplemente porque la confianza y el respeto no se imponen, se ganan.

Apuesta

De la mano de algunos datos económicos mejores que lo previsto (manufacturas -esto se vio también en China-, gasto en la construcción, empleo, confianza de consumidores, etc.), una apuesta a que las ganancias económicas de la reconstrucción tras el huracán serán mayores que sus costos o porque arrancó un nuevo mes (la suba se dio en la primera hora y media), el Dow trepó ayer el 1,04 por ciento a 13.232,62 puntos.

Dejá tu comentario