Israel, señaló ayer el veterano columnista Dan Margalit en el diario Israel Hayom, sólo puede salir ganando. "Si no manda (a sus negociadores) con las manos vacías, sino a negociar realmente, pueden ocurrir dos cosas: que traigan un acuerdo, total o parcial, que sería la opción preferida; o que el mundo reconozca por algún tiempo que Ramala bloquea el ansiado acuerdo", opinó.
La alternativa de no acudir a Wa-shington, agrega el columnista, no es realmente viable cuando el mediador es el principal aliado de Israel y "en la actualidad hay una campaña de incitación y desprestigio en cualquier supermercado europeo" contra el Estado judío, en aparente referencia a las nuevas políticas de la Unión Europea (UE) y a las campañas de boicot a productos israelíes.
En el caso del presidente palestino, Mahmud Abas, que hace dos años optó por buscar la solución a las aspiraciones nacionales de su pueblo a través del reconocimiento de la comunidad internacional, estas conversaciones no dejan tampoco de ser un compromiso ineludible. "La Autoridad Nacional Palestina (ANP), una entidad creada con el consentimiento de Israel y financiada por países donantes encabezados por EE.UU., no puede actuar libremente fuera de la esfera política estadounidense", afirmó el columnista palestino Ramzy Barud en un artículo publicado por la agencia Maan.
Opinó que basta con ver el "terrible" resultado de las finanzas de la ANP en 2012 y a las aún peores perspectivas para el próximo bienio, para entender su "excesiva dependencia económica" que le obliga a "seguir el juego".
En cualquier caso, y de no conseguir un acuerdo, Abas siempre podrá seguir sus iniciativas en las instituciones internacionales, en las que se anotó algún que otro tanto -más diplomático que práctico- al obtener el año pasado el reconocimiento del Estado de Palestina por más de 130 países y en la ONU.
Las conversaciones que comenzaron ayer constituyen la sexta ronda de negociaciones desde la Conferencia de Paz de Madrid en 1991, en la que se consolidó la fórmula de "paz por territorios" contemplada en las resoluciones de la ONU 242 y 338.
La sucesión de fracasos y la sensación generalizada en israelíes y palestinos de que la otra parte no es un socio para la paz no deja resquicio para un mínimo optimismo ante un diálogo ya definido como "un pastel semicocinado que Kerry presenta a las partes como comestible". Y es que, poco antes de su comienzo, ya se abrieron las apuestas sobre cuánto tiempo durarán esta vez las negociaciones y sobre si un nuevo fracaso diplomático conducirá, o no, a un deterioro de la situación en un Medio Oriente ya turbulento.
| Agencia EFE |


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