8 de abril 2009 - 00:00

Dos masacres que dejaron huella

Lima - La sentencia a 25 años de cárcel que se le impuso ayer a Alberto Fujimori obedece a dos masacres en que murieron 25 personas y a dos secuestros perpetrados en el marco del autogolpe de Estado de 1992.
Las matanzas, conocidas como Barrios Altos y La Cantuta, fueron obra del grupo Colina, destacamento militar formado por especialistas en inteligencia que cometió otros varios crímenes, aunque Fujimori no fue procesado por ellos debido a que no estaban incluidos en los motivos por los que se pidió la extradición a Chile en 2007.
El 3 de noviembre de 1991, diez encapuchados con fusiles HK con silenciador irrumpieron en una casa del sector céntrico limeño Barrios Altos, donde había una fiesta, y dispararon indiscriminadamente, matando a 15 personas, entre ellas un niño de ocho años.
La masacre, se supo luego, se perpetró ante la suposición, nunca probada, de que los presentes, vendedores ambulantes de helados en su mayoría, eran militantes de Sendero Luminoso que hacían la fiesta para recaudar fondos.
Placentina Chumbipuma, Luis Alberto Díaz, Octavio Huamanyauri, Luis Antonio León, los hermanos Filomeno y Máximo León, Lucio Quispe, Tito Ramírez, Teobaldo Ríos, Alejandro Rosales, Nelly Rubina, Odar Sifuentes, Benedicta Yanque, Manuel Ríos y el pequeño hijo de éste, Javier, todos de muy humilde condición, perdieron la vida.
El 18 de julio de 1992, después del autogolpe del 5 de abril, encapuchados entraron a la universidad de La Cantuta, en Lima, y se llevaron a diez personas cuyos cadáveres fueron hallados en fosas clandestinas meses después.
Según las investigaciones, el grupo Colina creía que el profesor Hugo Muñoz y los estudiantes Luis Enrique Ortiz, Juan Mariños, Heráclides Pablo, Robert Teodoro, Armando Amaro, Dora Oyague, Felipe Flores, Bertila Lozano y Marcelino Rosales eran senderistas. Nunca se presentaron pruebas concluyentes de ello.
Para la Fiscalía, el Colina, dirigido operativamente por el ahora preso mayor Santiago Martín Rivas, no hubiese podido cometer esos crímenes al margen del aparato de poder liderado por Fujimori, y menos en un Gobierno que se caracterizó por el manejo férreo en ese campo. La defensa, en cambio, argumentó que Fujimori nunca estuvo enterado de que las «deplorables» masacres.
El proceso también incluyó los secuestros del periodista Gustavo Gorriti y del empresario Samuel Dyer, encerrados en los sótanos del cuartel general del Ejército en hechos en los que Fujimori alegó no haber tenido participación.
En los casos de Gorriti, famoso periodista que entre otras cosas había revelado las actividades clandestinas del entonces desconocido asesor presidencial Vladimiro Montesinos, y de Dyer, ajeno a la política pero con enemistad personal con Montesinos, se presume que se los quiso hacer desaparecer, lo que se frustró al salir a la luz dónde estaban.
Agencia DPA

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