18 de mayo 2009 - 00:00

Dos polos opuestos forzados a convivir

Washington - Benjamín Netanyahu ya irritó a un presidente estadounidense durante una visita a la Casa Blanca en 1996. «Cree que es una superpotencia y que nosotros estamos aquí para cumplir todos sus deseos», citaron los medios locales al entonces presidente Bill Clinton después de que le presentaran al primer ministro israelí.

Al frente de un nuevo gobierno, el político del derechista Likud volverá hoy a Washington para ser recibido por el presidente Barack Obama, y ahora, como entonces, la visita vuelve a estar marcada por indicios de confrontación.

Es que Israel ya no cuenta con la fidelidad ciega del predecesor de Obama, George W. Bush. El nuevo mandatario estadounidense quiere impulsar otra política en Medio Oriente, y en su Partido Demócrata, que ahora controla tanto la Casa Blanca como el Congreso, aumenta el número de críticos de Israel.

«Los días de las relaciones exclusivas con Israel podrían estar llegando a su fin», resumió el ex asesor de gobierno Aaron Miller.

Precisamente en ese punto ven muchos demócratas una posible vía para la paz. Especulan con la posibilidad de que Washington refuerce por un lado la presión sobre Israel, mientras apoya por el otro con diplomacia y actitud de respeto el combate contra el extremismo en el mundo árabe. El consejero de seguridad James Jones confía incluso en que una paz en Medio Oriente tendría un efecto moderador sobre Irán.

Por el contrario, los conservadores reaccionaron con horror ante la nueva política que Washington está diseñando para la región. «La ronda de disculpas de Obama por las capitales del mundo» y su intento de «ganar el concurso de popularidad internacional» no harán que Estados Unidos sea más seguro, escribió con manifiesta irritación la columnista Mona Charen. «Pero Israel, que sigue estando a centímetros del abismo de la destrucción, no puede permitirse semejantes fantasías», continuó la ex consejera del presidente Ronald Reagan.

El neoconservador Norman Podhoretz fue más allá al escribir en «The Wall Street Journal» que Obama «podría ser un peligro para Israel». Y el ex embajador estadounidense ante la ONU John Bolton manifestó su temor de que Obama fuerce a Israel a negociar con Hizbulá y Hamás, organizaciones radicales que no tienen otro objetivo «que borrar a Israel del mapa».

Hoy comienza así en serio la nueva política para Medio Oriente de Obama. En casi todas las cuestiones posibles, hay un abismo de diferencias entre el conservador Netanyahu y el liberal Obama. El estadounidense, por empezar, cree que la creación de un Estado palestino es clave esencial no sólo para la resolver el conflicto entre israelíes y palestinos, sino también para la pacificar y estabilizar toda la región.

También pide que Israel ponga freno a los asentamientos en territorios ocupados, y no descarta que la organización islamista Hamás pueda abandonar el objetivo de aniquilar el Estado judío.

La visión de Netanyahu es bien opuesta. El derrocamiento de Hamás y el fin de los ataques terroristas son para el mandatario condiciones previas para la paz. También evitar que Irán logre construir armas nucleares. Netanyahu considera que Hamás, Hizbulá o los mulás de Teherán no son capaces de un compromiso ni de aportar a la paz, por lo que defiende una política de confrontación.

Irán ocupará un lugar particular en las conversaciones de Washington. Mientras que Obama aplica una política de mano tendida para que Teherán abandone los planes nucleares que le achaca Occidente, Israel parece volverse cada vez más impaciente.

La diferencia de postura quedó bien clara cuando, hace dos semanas, Netanyahu recibió en Jerusalén al jefe de la CIA, Leon Panetta, según informó «The New York Times»: Israel no planea por el momento una acción militar con Irán, se le explicó a Panetta. Pero si en un plazo de un año Teherán no cambia de postura, el país considerará recurrir a «todos los medios» disponibles, incluyendo el militar.

Agenda

No será ésta la única prueba de fuego que afronte en estos días la política del «cambio» y la «esperanza» enarbolada por Obama y su diferenciación de la política exterior neoconservadora del gobierno de Bush.

A fines de mayo viajarán a Washington el presidente de Egipto, Hosni Mubarak, y el presidente palestino, Mahmud Abás. Luego, a principios de junio, Obama presentará en El Cairo su esperado «discurso al mundo islámico».

Durante la visita de Netanyahu comenzará a verse si Obama es capaz de mover alguna pieza en el estancado escenario de Medio Oriente.

Agencia DPA

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