23 de febrero 2012 - 00:00

Duelo y excusas, la táctica elegida por el Gobierno

Cristina de Kirchner
Cristina de Kirchner
TM Solo, con un menú de respuestas amañadas e insuficientes, Juan Pablo Schiavi se convirtió en el único funcionario K en ensayar una explicación con formato de excusa por la tragedia ferroviaria que hasta anoche contabilizaba 50 muertos y 676 heridos.

Un clásico: como en cada crisis, la pirámide kirchnerista de responsabilidades se desintegró y ocho horas después del accidente, el secretario de Transporte, en soledad, desgajó un relato repleto de equívocos, errores y absurdos para despegarse del siniestro.

Al atardecer, la Casa Rosada se limitó a dar las condolencias a los familiares de las víctimas, decretar dos días de duelo nacional y anunciar la suspensión del Carnaval del Bicentenario que se programaba para este fin de semana.

Antes, al mediodía Cristina de Kirchner suspendió su agenda. Abortó un acto para recordar los 108 años de presencia argentina en la Antártida y acotó sus audiencias aunque recibió a la titular del Banco Central, Marcedes Marcó del Pont, y al ministro de Economía, Hernán Lorenzino.

Minutos después del accidente, ocurrido a las 8.32 de la mañana, con los primeros indicios sobre su dimensión, el Gobierno entró en estado de conmoción. Los informes preliminares que se pasaron a la presidencia daban cuenta de la crisis.

Schiavi, a partir de la puesta en marcha de la tarjeta SUBE, se convirtió en un funcionario de contacto diario con Cristina. Ayer no fue la excepción: fue el encargado de notificarle las novedades y trasmitirle, además, el primer bosquejo de «defensa oficial».

«Milita todo el tiempo el tema SUBE y suele hablar hasta tres veces por día con Cristina», confió, ayer, un funcionario que siguió de cerca ese proceso. Ayer esas conversaciones cambiaron drásticamente de temario.

Fue la Presidente, aseguraron anoche en Gobierno, quien le pidió que salga a informar sobre el accidente, aunque ese relato fue, según interpretó un conocedor del área, demasiado técnico. Tuvo, además, varios planteos erróneos y frases que sólo desataron furia.

Fue, entre otros puntos, un absurdo su planteo sobre que el accidente, de ocurrir un día feriado, hubiese producido menor cantidad de víctimas. También la postura tecnicista sobre la velocidad del tren que no bastó para determinar el porqué del accidente.

Evitó, a priori, lo que ha sido un clásico K: denunciar un boicot. Se hizo ante cada episodio de protesta de usuarios en los trenes, registrados en general en el Sarmiento. En los últimos años, la Casa Rosada acusó al PO, a Quebracho y hasta a «Pino» Solanas.

Es un momento inusual para el kirchnerismo, que es experto en seleccionar rápidamente enemigos y culpables.

Parálisis

La suspensión de la agenda y la reducción, a los temas económicos -Marcó del Pont y Lorenzino-, de las audiencias presidenciales tuvieron además impacto en el día político: la CGT, el binnerismo y, entre otros, un grupo de intelectuales que presentaría un planteo sobre Malvinas prorrogaron sus actividades.

No así la oposición, que apuntó sobre las repetidas falencias del sistema ferroviario.

La cuestión es simple: en la práctica, aunque el ramal lo administra la empresa TBA, del grupo Cirigliano, por el vínculo estrechísimo de ese holding del transporte con el Gobierno y los subsidios que recibe el sistema ferroviario, los trenes están cuasi estatizados.

Además, por la sucesión de accidentes y quejas -en el que la línea Sarmiento encabeza los ranking-, al Gobierno lo afecta respecto de los controles sobre mantenimiento e inversiones. Sobre esos dos ejes asentó, ayer, la oposición las críticas a la Casa Rosada.

Hubo, como era previsible, pedidos de renuncia de Schiavi por ser el responsable directo del área. En rigor, el primer eslabón es Antonio Luna, subsecretario de Transporte Ferroviario, funcionario ligado al gremio La Fraternidad de Omar Maturano.

Hasta anoche no estaba definido cuándo volverá Cristina a aparecer en público.

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