28 de diciembre 2010 - 00:00

Duhalde teme un ataque y pide reserva sobre actos de campaña

Eduardo Duhalde
Eduardo Duhalde
Eduardo Duhalde observa con criterio dual el instante de protagonismo que le regala el Gobierno. Lo celebra, por un lado, como una «debilidad política» del kirchnerismo que lo instala como rival pero, en paralelo, confiesa que teme un ataque sobre su persona.

El bonaerense, que lanzó su candidatura el 20 de diciembre con un acto en Costa Salguero, confesó que teme ser víctima de un ataque por las imputaciones que, de manera sistemática, le dedica el oficialismo al sindicarlo como el ideólogo de un complot anti-K.

«Lo que hacen conmigo es una agresión. Diga que hay poco loco que le cree porque si no, cuando me vean caminando por la calle, me pegan con un palo en la cabeza»
, dijo ayer por radio el ex presidente, aunque se esforzó por relativizar el riesgo de que eso suceda.

En rigor, hace tiempo, Duhalde se ha vuelto sigiloso y ultraprecavido sobre sus movimientos. Sólo participa de eventos y actos organizados por su grupo de colaboradores y, en casos contados, acepta asistir a reuniones programadas por otros.

Advierte que, en cada lugar, puede acechar un escrache o enfrentarse a un grupo de militantes K. Cada tanto, además, se topa con alguna manifestación organizada por los compañeros, amigos y familiares de Darío Santillán y Maximiliano Kosteki, los dos piqueteros muertos en el Puente Pueyrredón durante su Gobierno.

Lo que, hasta ahora, es una disposición reservada, que acataban a rajatabla sus colaboradores -por eso delegaba la organización de sus actos en Luis Barrionuevo y Gerónimo «Momo» Venegas, con logística, convocatoria y personal de custodia propios-, ayer lo dijo públicamente.

Reaparición

Con la muerte de Mariano Ferreyra, Duhalde reapareció en el libreto oficial como promotor de todas las conspiraciones. Con los incidentes, la semana pasada, en Constitución, su nombre volvió a ser agitado por la Casa Rosada junto al de Mauricio Macri y al Partido Obrero.

Aníbal Fernández y Florencio Randazzo primero, y Nilda Garré ayer, le atribuyeron responsabilidad en el «montaje» de ese escándalo. Antes, Cristina de Kirchner había hablado de que las tomas de tierras estaban «apadrinadas». Fue un mensaje directo al bonaerense.

Ayer, Duhalde desoyó esas acusaciones y sólo se detuvo a dedicarle un párrafo al jefe de Gabinete: «Hay ahijados que es mejor perderlos que encontrarlos», dijo.

A pesar que se muestra tranquilo, incluso cuando advierte sobre un potencial ataque, el ex presidente es riguroso respecto de sus movimientos. En estos días viajará a Uruguay, donde recibirá el año nuevo, y recién avanzado enero volverá al show de campaña.

Tiene, en agenda, la presentación de su libro «De Tomás Moro a Hambre Cero», prologado por Lula da Silva, para mediados del mes próximo. Ése podría ser su desembarco en la costa porque una posibilidad es realizarlo en Mar del Plata. Pero todo está supeditado a posibles cambios.

En su búnker evalúan con ironía que el «protagonismo» que le atribuye el Gobierno es «la mejor campaña». Y juzgan, según dos colaboradres lo dijeron por separado, que las «denuncias» del Gobierno sobre su intervención como ideólogo en los desmanes «no las cree nadie».

Tiene, a priori, más definido lo que hará a partir de febrero. A mediados de ese mes reunirá a sus equipos y a los laderos en las provincias para definir cómo será la campaña en el interior del país. Opera sobre la idea de que en marzo iniciará una gira nacional.

Entre tanto, acusa a Cristina de Kirchner de «tener cero capacidad de gestión» y hasta vindica, a la distancia, a Néstor Kirchner quien, según dice, «bien, mal o regular» lo llevaba adelante. Reprochó, además, que «no se puede ser tan agresivo y tan injusto».

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