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Echaron por decreto a Redrado y comienza ahora guerra judicial
En contra y a favor. Así fueron las manifestaciones que se vieron ayer frente al edificio del Banco Central.
El día comenzó temprano. Minutos después de la 0 hora, llegó a Olivos el mail que Redrado le había distribuido a todos los directores del Central, anunciándoles que la reunión programada para las 10.30 quedaba suspendida hasta nuevo aviso. Apareció allí la primera rabieta del día de Néstor y Cristina. En ese directorio, los seis representantes leales al Gobierno debían ejercer la embestida directa contra Redrado para que acepte «en buenos términos» su destitución. La suspensión del evento fue entendida entonces como una «mojada de oreja» hacia Olivos, con lo que se diseñó el primer contraataque K. El vicepresidente del BCRA, Miguel Pesce, fue autorizado desde Olivos para salir a hablar en contra de Redrado y anunciar que la reunión de directorio se haría y que en ella la mayoría del cuerpo le pediría la renuncia y que se avanzaría en la puesta en marcha del Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) que habilita el Fondo del Bicentenario. Para Pesce, «hay una norma con rango de ley que no debe ser entorpecida» ya que de otra manera «estaremos subvirtiendo el orden constitucional».
Cerca de las 8.15 surgió el segundo motivo para las rabietas en Olivos. En las pantallas de todo el país apareció Redrado saliendo desde la puerta de su domicilio y, mientras caminaba hacia el automóvil oficial, aseguró que no pensaba renunciar y que estaba dispuesto a tender un puente de diálogo con el Gobierno «para que con nuestros profesionales nos pongamos a trabajar en el Fondo del Bicentenario». La idea del puente fue dinamitada inmediatamente desde Olivos. Un Néstor furioso llamó a todo el gabinete y nuevamente a Pesce para garantizar que los directores necesarios estarían en reunión, que en ese momento sólo tenía una finalidad: eyectar a Redrado.
La escena se trasladó entonces a la sede del Central. Allí Redrado se refugió en su escritorio con sus incondicionales (el director Carlos Pérez y el gerente general Hernán Lacunza, entre otros), y les ratificó a los directores que no habría reunión. Comenzó entonces la azonada interna. Pesce llamó a sus colegas y en media hora armó la reunión rebelde (ver nota aparte).
Desde Olivos se esperaban novedades. Éstas llegaron cerca de las 12 e indicaban que Redrado no concurrió a la reunión de directorio y que incluso se había preocupado por deslizar «off the record», que ésta no tendría validez legal por no haber sido convocada por el titular del Central ni tener agenda habilitada. Apareció allí la tercera rabieta en Olivos, y comenzó la confección definitiva del decreto de remoción de Redrado. La maquinaria K de desplazamiento violento de funcionarios ya estaba en marcha.
Para las 15, todos los integrantes del gabinete (incluyendo los que estaban vacacionando), debían estar prestos para firmar en la Casa de Gobierno el decreto donde quedaban claros dos capítulos. La salida del cargo y la intención firme del Gobierno de llevarlo ante la Justicia, vía una instrucción al procurador del Tesoro de la Nación. Éste deberá en las próximas horas acusar penalmente a Redrado por «mala conducta e incumplimiento de los deberes de funcionario público». Será entonces la primera vez que el Gobierno kirchnerista será el acusador ante la Justicia de uno de sus funcionarios.
En el decreto, Néstor Kirchner quiso dejar constancia que Redrado tuvo una «actitud remisa del presidente del BCRA, quien públicamente ha manifestado que no ejecutaría el cumplimiento de la norma», en relación con el DNU. Señala que en la víspera Redrado «intentó suspender y evitar» la reunión de Directorio convocada para hoy jueves (por ayer), «invocando la inexistencia de temas para ser incorporados en el orden del día y que el tratamiento de los incluidos en carpeta no reviste el carácter de urgente». El decreto fue distribuido hacia todas las direcciones posibles y los Kirchner designaron al jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, y al ministro de Economía, Amado Boudou, como los voceros oficiales para aclarar la situación. El primero confirmó que hoy se le tomará juramento a Pesce, y que éste lanzará como primera medida la apertura de la cuenta corriente en el Banco Nación para que comience a funcionar el Fondo del Bicentenario. La cuenta tendrá el dinero de las reservas disponibles la próxima semana. Boudou aclaró además que la titularidad de Pesce será transitoria, y que se espera la llegada para la semana que viene de Mario Blejer a fin de terminar el operativo convencimiento para que asuma la titularidad del Central.
Habló también desde La Matanza Cristina, casi a las apuradas. «No me hubiera gustado tomar esa medida», pero «el Central no es unipersonal, sino un organismo colegiado que debe funcionar con todo su directorio».
Finalmente por la tarde, desde Olivos, Néstor miraba con cierta tranquilidad cómo Redrado salía del Central sin utilizar el VW Passat azul oscuro oficial que le corresponde al cargo del titular de la entidad. Había sido una orden especial y personal del ex presidente.



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