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Economía a toda máquina no cambia planes de Fed
No obstante, la saga continúa. El próximo paso será la suba de tasas. Ya desde antes, Stanley Fisher y Bill Dudley, dos encumbrados directivos de la Fed, avisaron que el shock petrolero no iba a modificar la partitura elegida. La baja sustancial del precio del crudo debería traducirse en un descenso adicional de la tasa de inflación, que de por sí se ubica -de forma sostenida- medio punto por debajo de la meta del 2%. Pero es un fenómeno que se cree temporario. Y es benigno, a diferencia de la presión deflacionaria que se combate, aquella que erosiona los ingresos propios. El shock que gatilló Arabia Saudita les dará un empujón al gasto y a la actividad y azuzará a una economía que, conocido el informe laboral, pareciera desplazarse a toda máquina.
Un país que crece a más del 4% en el margen, que es capaz de crear más empleo a noviembre que en ningún otro año del joven siglo XXI, con mercados de riesgo que burbujean en las alturas, y que ahora recibe el premio extra de un masivo descuento en el surtidor, ¿tendrá bien calibrada la política monetaria? ¿O urge corregir las tasas de interés cero y el stock de crédito de la Fed, que se multiplicó por 5 desde la caída de Lehman Brothers en 2008 y nunca fue tan voluminoso? Esa economía robusta, hay que aceptar, no se previó que emergiera tan rotunda tan pronto. Se afirma que la Bolsa anticipa. A principios de octubre, Wall Street se hundió en una corrección que rozó el 10%. Lo que creyó ver entonces fueron problemas de crecimiento, importados de Europa, Japón y China, percutiendo dentro de EE.UU. Una falsa alarma, un temor fugaz (acicateado por el final cantado de la expansión cuantitativa de la Fed) y que la realidad no tardó en desmentir. ¿Hay que volver a preocuparse por el crecimiento, ya no por defecto, sino por el exceso de velocidad?
¿Qué resolverá la FED? ¿Y los mercados, cruciales a la hora de definir las condiciones financieras resultantes? Una sola voz oficial se escuchó tras el informe de empleo. Loretta Mester, llegada hace poco tiempo a la conducción de la FED de Cleveland, no dijo mucho - "si la economía continúa mejorando, pienso que estaremos subiendo las tasas de interés en algún momento en 2015"- ni nada novedoso. Los mercados hablaron más. Wall Street, como es rutina, clavó nuevos récords y cerró así la séptima semana consecutiva de alzas pero lo hizo sin euforia y con mesura. "Otro día en la oficina", se podría decir. Lo más revelador fue el mercado de bonos. La tasa larga trepó 7 puntos base y volvió al 2,30%. Y más subieron las cortas. La tasa a dos años trepó 10 puntos base y alcanzó el mirador más alto de los últimos tres años y medio: 0,64%. Irrisorio, sí. Pero no abandonamos aún el mundo de las tasas cero. En octubre, cuando el abismo era el tema, la misma nota a dos años llegó a rendir apenas el 0,25%. En la variación está el mensaje: se confirma la suba de tasas como partitura, y se presagia que la orquesta comenzará a tocar mucho antes. ¿Hora de reservar tickets para marzo? Tal vez, pero sólo si hay un crescendo en los próximos informes de actividad. Y lo que cabe esperar es una moderación (visible ya en la industria manufacturera). ¿No apremia acaso la fuerte suba salarial? Las remuneraciones trepando al 2,1% no mueven el amperímetro. Marchan con rezago. La FED las imagina ver creciendo al 3% cuando sople las trompetas. Hay que entender que lo único que la FED no quiere es repetir el fiasco memorable de 1937 y malograr la recuperación. Si va a errar que sea por subir las tasas con demora. Y hasta ahora las cosas avanzan conforme al plan. Como dijo Dudley, pensar una suba de tasas en junio sigue siendo "muy razonable".


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