17 de julio 2009 - 00:00

“Edith Piaf fue mucho más afortunada de lo que dicen”

Elena Roger caracterizada para «Piaf», espectáculo con el que ganó en Londres el premio Lawrence Olivier a la Mejor Actriz, y que se estrena hoy en Buenos Aires.
Elena Roger caracterizada para «Piaf», espectáculo con el que ganó en Londres el premio Lawrence Olivier a la Mejor Actriz, y que se estrena hoy en Buenos Aires.
Cuida su voz y su dieta con el rigor de una atleta. Bajita y menuda como el personaje al que da vida, Elena Roger afirma que interpretar a Edith Piaf (1915-1963) durante una hora y media de espectáculo («sólo salgo dos veces del escenario para que me cambien la peluca») es una experiencia tan feliz como demoledora. «Tengo que comer bien, si no me consumo» dice antes de devorar un suculento sándwich de jamón crudo.
Roger estrena hoy a las 20.30 en el Teatro Liceo «Piaf», el espectáculo por el que fue galardonada en Londres con el Premio Lawrence Olivier a la Mejor Actriz (también en Londres fue testigo de su consagración, tres años antes, con su protagónico en el musical «Evita» de Andrew Loyd Webber).
Basada en la turbulenta vida de la cantante francesa, la pieza de Pam Gems llega a Buenos Aires respetando la puesta londinense de Jamie Lloyd, con versión en español de Mariano Detry. A lo largo del espectáculo la actriz y cantante interpreta cerca de trece temas célebres (entre ellos «La vie en Rose» y «Milord»), fiel al estilo del inolvidable «Gorrión de París».
Pese a haberse destacado en «La Bella y la Bestia», «Los Miserables», «Jazz, Swing, Tap» y «Mina ¿che cosa sei?», Roger recién ahora es acosada con pedidos de autógrafos (otro de los beneficios de haber triunfado en el exterior). Luego de firmar uno en una servilleta de bar, retoma su charla con este diario.
Periodista: Cómo sobrelleva el dolor de esta mujer en lucha permanente con sus demonios y adicciones?
E.R.: Más que dolor, hay mucha humanidad en esta obra. Piaf tuvo mucho amor en su vida y aunque a muchos les guste decir que tuvo una vida trágica y de soledad, yo diría lo contrario. Es lo que pasa siempre, hay quienes ven la mitad del vaso lleno y otros la mitad vacía. Yo creo que fue afortunada porque de haber nacido en una cuna muy pobre y haberse criado prácticamente en la calle -con una madre que la abandonó y un padre que hizo lo que pudo para educarla como contorsionista callejero, pero que a la vez era alcohólico y se acostaba con muchas mujeres- ella pudo sobrevivir a todo y transformarse en una gran artista. Además, el tipo de vida que llevó le dio mucha libertad para amar a un montón de personas y conducirse con una total falta de prejuicios en relación a la moral de la época.
P.: Charles Aznavour, que fue su secretario, chófer y confidente dijo que el entierro de la Piaf paralizó toda la ciudad, algo que no sucedía desde el final de la Segunda Guerra.
E.R.: Sí, fue un gran ícono parisino. Todos la amaban. Llegó a ser la cantante mejor paga del mundo. Obviamente hubo quienes se le acercaron por interés, pero muchos la amaron sinceramente. Ella ayudó a unos cuantos artistas además de Aznavour, entre ellos, Ives Montand y Georges Moustaki y hasta le cedió el cierre de uno de sus recitales a nuestro Atahualpa Yupanqui.
P.: Según contaba Atahualpa, ella hizo empapelar París con carteles que decían: «Edith Piaf cantará para usted y para Yupanqui». Un gesto increíblemente generoso.

E.R.: Sin duda. Además supo rodearse de amigos fieles que le escribían canciones inspiradas en su vida, como «Mon légionnaire», que alude al affaire que tuvo con un legionario o «L'hymne a l'amour» que dedicó al gran amor de su vida, el boxeador Marcel Cerdan, muerto en un accidente aéreo.
P.: ¿Logró dominar el famoso «rouler les r» de Piaf? Esas marcadísimas erres de «Je ne regrette rien».
E.R.: A veces lo logro, otras no [se ríe]. En realidad, busco acercarme más a su manera de cantar, no pretendo imitar su voz. Y hago dos temas en castellano porque son momentos en los que la gente necesita conectar directamente con lo que ella está diciendo. De todas maneras yo creo en la fuerza de las canciones. Cuando hicimos «Mina che cosa sei», que era todo en italiano, algunos entendían, otros no, y sin embargo la obra llegaba al público sin obstáculos. El teatro no está para que la gente venga y no piense. El público tiene que relajarse meterse en la historia de esta mujer y soltar su imaginación, porque aunque no entienda la letra seguramente va a comprender la situación.
P.: Usted ya tiene representante en Londres y un disco a la venta ¿Cuáles son sus próximos proyectos?
E.R.: El disco lo voy a vender en el Teatro y también se va a distribuir por todo el país. Se llama «Vientos del sur» tiene mucha música argentina, algunos temas de Drexler, algo de folklore y algunas canciones en inglés con sabor a tango como «Every breath you take».
P.: ¿El tema de Sting en ritmo de 2 x 4?
E.R.: Bueno, dije que tiene un leve sabor a tango. Fue un disco que hice para Londres. Había terminado «Evita» y quise cantar cosas de mi país, llevar mi cultura. Si todo va bien voy a estar aquí varios meses haciendo «Piaf». Por ahora, no quiero pensar en otra cosa.
P.: Volviendo a Edith Piaf, qué diferentes eran las cantantes antes de la era Madonna...
E.R.: Es cierto. Se volcaban más a la interpretación. Contaban historias, tenían una cosa más de performer. Hoy todo es puro show y parafernalia. «I business» es el lema. Piaf sólo tenía un telón rojo, cantaba vestida de negro en un escenario enorme y se movía muy poco. No necesitaba ir de aquí para allá para brindar un espectáculo maravilloso.
Entrevista de Patricia Espinosa

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