Cunha, que tiene 57 años y es dueño de más de 150 dominios de internet con la palabra "Jesús", no descarta ser candidato a presidente en 2018 por el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB, centro), el mayor aliado del PT en la coalición desde 2003.
Aunque el actual vicepresidente, Michel Temer, y el líder del Senado, Renán Calheiros, también pertenecen al PMDB, Cunha parece a veces el mayor enemigo de Rousseff.
Brasil "está mucho más cerca del camino de Grecia que del camino de China", alerta Cunha en momentos en que la economía se contrae, la inflación llegaría al 9% a fin de año y Rousseff busca inversiones en Estados Unidos.
Este diputado, que es investigado por corrupción en la estatal Petrobras -igual que otros 21 de sus colegas de recinto y 13 senadores, incluido Calheiros- ganó una batalla política clave al ser electo este año como jefe de la Cámara baja contra la voluntad del PT, que impulsaba a su propio candidato.
Suele hace sudar al Gobierno, obligándolo a negociar muchísimo más que en el pasado con sus aliados, como ocurrió con la aprobación del ajuste fiscal.
"La coalición está en terapia intensiva, pero está allí, aunque "es poco probable que siga más allá de 2018; el PMDB tiene que tener un candidato propio", dijo hace poco.
Dice estar harto de la "ideología gay" y busca que el Congreso apruebe dos proyectos de su autoría: el "Día del Orgullo Heterosexual" y la criminalización de los prejuicios contra heterosexuales. En pleno ajuste, impulsa asimismo la construcción del "Parlashopping", un gigantesco centro comercial de 330 millones de dólares en el Congreso.
David Fleischer, profesor emérito de Ciencia Política de la Universidad de Brasilia, considera que Cunha "tiene ansias de venganza" y que está cobrando al PT viejas rencillas ligadas a nombramientos de cargos a cambio de apoyo político. "Es como un emperador, con un liderazgo muy fuerte en la Cámara baja, afirmó.
| Agencia AFP |


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