San José y Tegucigalpa - El día previo al inicio del diálogo entre las partes enfrentadas en Honduras, el Gobierno de Barack Obama definió ayer el quiebre institucional en el país centroamericano como «un clásico golpe de Estado». Esta expresión fue formulada por el nuevo encargado de América Latina de la administración de Barack Obama, Arturo Valenzuela, ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado de su país, y profundiza el inédito giro de la política estadounidense hacia sus vecinos del Sur.
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Si bien el Gobierno de Obama fue elocuente en su respaldo al presidente depuesto Manuel Zelaya, hasta ahora había evitado mencionar la definición de «golpe de Estado», que implica de hecho sanciones económicas. Por el momento, el Departamento de Estado que dirige Hillary Clinton dijo que la asistencia a Honduras se encuentra «en pausa».
De cara a la negociación que comenzará hoy en Costa Rica, las partes en conflicto trataron de mostrarse inflexibles hasta en los aspectos secundarios. El mandatario golpista Roberto Micheletti advirtió que Zelaya «tiene que pagar delitos», mientras que el presidente depuesto, que arribó anoche a Costa Rica, denunció la intención de «sabotear» el diálogo por parte de los golpistas. Afirmó que el régimen de facto se «niega a darle salida a los ministros (del Gobierno legítimo)» que viajarán a San José «argumentando la orden de captura que sobre ellos recae».
El presidente depuesto estará acompañado por Arístides Mejía, su vicepresidente, y Patricia Rodas, su ministra de Relaciones Exteriores. Micheletti llegará hoy y se desconoce aún quiénes lo acompañarán.
El jefe de Estado costarricense, Oscar Arias, que oficiará de mediador, anticipó que las negociaciones se prolongarán al menos dos días y que la agenda abordará «todos los temas que dividen a las dos partes en Honduras», al tiempo que pidió ser «un poco pacientes». La cita tendrá lugar a partir del mediodía en la residencia de Arias, en el barrio Rohrmoser, lujosa zona residencial de San José.
Zelaya anticipó que exigirá «el restablecimiento del orden democrático». Anticipando el tono con que va a San José, calificó a Micheletti como «un gorila» que ha cometido «asesinatos, violaciones a los derechos humanos y especialmente la traición».
«Cometió delitos, tiene que pagar», señaló por su parte el mandatario golpista, quien recordó que la Fiscalía hondureña acusa a Zelaya por 18 delitos.
En Tegucigalpa, que vivió su novena noche bajo toque de queda, sindicatos y organizaciones que piden la vuelta de Zelaya realizaron una nueva marcha por la ciudad, mientras que los partidarios de Micheletti se concentraron en Choluteca (sur), fronteriza con Nicaragua.
Las actividades del aeropuerto de Toncontín comenzaron a normalizarse con la regularización de vuelos, interrumpidos desde el domingo cuando Zelaya intentó regresar al país y los militares bloquearan la pista con camiones y tanques.
Por su parte, Hugo Chávez, quien asegura que no acepta otra solución que no sea la restitución de Zelaya, llamó al pueblo hondureño a seguir «resistiendo».
El tema también alcanzó a la reunión del G-8 en L'Aquila, Italia, donde los presidentes de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, y de México, Felipe Calderón, condenaron «el golpe de Estado» y alentaron a encontrar una salida «para fortalecer la unidad latinoamericana».
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